Embarazada de la Bestia

Capítulo 6

 

 

Tengo bastante frío. 

 

Intento abrir los ojos en un vago esfuerzo de intentar detener el abrazador frío que me envuelve, me remuevo con incomodidad. Y ese instante, comienzo a ser vagamente consciente del entumecimiento helado de mis manos y del calor dolorido de todo mi cuerpo. El ardor y el escozor que soy capaz de sentir en diferentes partes de mi anatomía, es casi tan intenso como el hormigueo de mi cuello. 

 

Una parte de mí grita desesperadamente que debo abrir los ojos y saber dónde carajos estoy. Pero soy incapaz de salir del estado de semiinconsciencia en el que me encuentro; soy incapaz, siquiera, de respirar correctamente cuando el frío se vuelve más insoportable. 

 

La desesperación se abre paso en mí sistema cuando no soy consciente del lugar donde me encuentro, y eso sólo logra que mi estómago se revuelva en tensión, al tiempo que siento el fuerte palpitar de mi cabeza. 

 

Tras varios intentos, soy capaz de luchar contra la pesadez de mis palpados y abrir los ojos, parpadeo un par de veces comprobando que no me he quedado ciego y que lo único que me rodea; cuando mis ojos se abren, es oscuridad. Sólo un par de destellos luminosos provenientes de alguna parte en la lejanía, me hacen saber que no he perdido la capacidad de ver. 

 

Durante unos instantes me siento totalmente aturdida, desorientada y débil; sin embargo, conforme van pasando los segundos, los espacios vacíos en mi memoria se van llenando poco a poco. Me encuentro reproduciendo una y otra vez los sucesos para tratar de darle un poco de más forma en mi cerebro; el estremecimiento de el edificio, la criatura de ojos rojos, los lobos, el ataque, Damon convertido en un enorme lobo, mi fallido intento de escapé...

 

Los vellos de mi cuerpo se erizan ese momento y la desesperación incrementa en mi sistema, me incorporo y pegué mis piernas contra mi pecho, pegándome de manera inconsciente a la pequeña ranura de iluminación que podía percibir, sin importarme muy poco en dolor en cada parte de mis extremidades. Entonces, mi respiración se estancó. 

 

Recordé la negra viscosidad rodeándome. 

 

Recordé la asfixia. 

 

Recordé el frío de la oscuridad rozando cada extremidad de mi anatomía. 

 

Un escalofrío recorrió mi espina dorsal al estar en un lugar tan oscuro y, de repente, me vi envuelta en el mar de recuerdos de mi mascullada infancia. 

 

La habitación fría y oscura en la que solía encerrarme mi madrina por cada absurda cosa que, según ella, hacía mal y merecía un castigo severo. Recordé mis gritos y las lágrimas derramadas, las súplicas para que me sacara de ese horrible lugar en que, a mis ocho años, no soportaba estar; porque sentía que algo se abalanzaba sobre mí y intentaba extinguirme. 

 

Prometía, acabar con mi esencia. 

 

Y entonces, recordé los malditos susurros y las voces constantes. 

 

Esos que me perseguían día tras día desde esas agonizantes horas, los mismos susurros que llegué a distinguir cuando me vi envuelta en la negra viscosidad, las voces que siseaban a mi alrededor, en un idioma que no era capaz de entender... aquellos que no podía entender debido al pánico que amenizaba con colapsar todo mi cuerpo. Aquellas palabras susurradas cada vez que me veía entrando en un ataque de pánico, la sensación desagradable de algo que, a pesar de que no puedo ver, sentía y escuchaba. 

 

Eso perdura, año tras año.

 

Mantener siempre mi habitación iluminada era habitual desde ese día; pero no siempre funcionaba, había algunas ocasiones en los cuales no ponía el cuidado requerido y los susurros se escuchaban a mi alrededor, amenazando con romper con la barrera de cordura que existe en mí. Aunque no prestaba atención y prefería fingir que no escuchaba nada; sin embargo, sé volvían más constantes e insoportables. 

 

Era algo que nadie sabe y así quiero que perdure. 

 

Ella está cerca...

 

Su poder es imaginable...

 

Cuidado, está en busca de tú ser...

 

Está sedienta de tú sangre, quiere destruirte... 

 

Una esencia como la tuya... es tan anhelada... 

 

Froto mis manos contra mi rostro en un vano intento de alejar las molestas voces que inunda mi cerebro de manera constante, un sonido ahogado se me escapa en ese instante, cuando ya no podía soportar el martillar de sus voces rodeándome y de la oscuridad que adornaba todo el lugar. 

 

Era imposible no sentirlo, cerré los ojos con fuerza y trate de ignorar lo mejor que puedo la horrible sensación que sentía cada vez que esto pasaba, la falta de aire. Abrazo mis rodillas más fuerte contra mi pecho, y respiro pausadamente tratando de calmar la sensación de ahogamiento de mi pecho. 

 

 

Nada de lo que hagas la detendrá...



Massiel29

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En el texto hay: lobos, brujas, vampiros

Editado: 11.04.2020

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