Embarazada de la Bestia

Capítulo 7

 

—No tenía idea de que te gustaba atacar a humanas indefensas y más si están embarazadas —la voz ronca y profunda del chico que se encuentra parado en la puerta, logra ponerme la piel de gallina. Todo su cuerpo irradia tensión y salvajismo; sin embargo, su tono era despreocupado y aburrido. 

 

Soy capaz de escuchar como la rubia suelta un grave gruñido para luego mascullar algo entre dientes.

 

—Siempre tan inoportuno, Shadow —ironiza para luego negar con la cabeza —. Hazme el maldito favor de largarte y no meterte en asuntos que ni siquiera son de tu incumbencia. Así qué —expresó señalado la salida, cuando él comenzó a entrar a la habitación. 

 

El chico, que atendía al nombre de Shadow, dejó escapar un suspiro lleno de exasperación. Una sonrisa perversa se iba formando en las comisuras de sus labios, dándole un aspecto espeluznante a su rostro; vestía completamente de negro al conjunto de su tez blanca y su cabello azabache envolviéndolo en un aire enigmático. 

 

Un aire maniático. 

 

Me levante con cuidado del suelo logrando llamar la atención de las dos personas a pocos centímetros de mí, la mirada del chico se cruzó con la mía fugazmente y no pude evitar entreabrir la boca cuando pude distinguir sus ojos, sus iris parecían tener vida propia. Esos ojos de fuego parecían haber salido desde el mismísimo infierno. 

 

—¡Oh!, ¡claro! —se burla el chico —¿te gustaría también que la amarre a una silla y la amordace para ti? —agregó para luego soltar una risita entre dientes —deja de ser tan ilusa, Dabria. 

 

—No cambias, ¿no es cierto? Siempre serás un idiota con aires de ser todo poderoso, eres ridículo. No te metas en mis asuntos —me dio una mirada de reojo, su mueca de asco se intensificó —no sabes...

 

¡¿Qué mierda?!

 

Un grito ahogado se le escapó de un momento a otro, al tiempo que caía de rodillas y se sostenía la cabeza con desesperación. Shadow, se encontraba al frente de ella mirándola con salvajismo y de manera intensa; sus iris de fuego parecieron crecer más mientras más los gritos ahogados de Dabria crecían. 

 

¿Cómo está haciendo eso sin ni siquiera tocarla?

 

—Acuérdate quien soy Dabria, me importa una mierda de quien seas hija y mucho menos me importará matarte si no controlas tu filosa lengua, —musito con un dejé de burla sin desaparecer su perversa sonrisa —así de ridículo soy. 

 

El desconcierto creció en mi rostro al ver a la rubia se retorcía en el suelo y su rostro perdía color, parecía asfixiarse. Mi cuerpo no respondió a mis órdenes cuando se me ocurrió hacer algo que no creí querer hace unos segundos atrás, una parte de mí quería decirle al chico que se detenga antes de que la mate, pero, la otra parte; la rencorosa, la que se acordó de sus manos alrededor de mi cuello dispuesta a matarme sin importarle un carajo que estuviera embarazada, quería ver cómo se retorcía en agonía. 

 

Pero, a pesar de eso, luché contra mi subconsciente. 

 

—¡Detente!, ¡la matarás! —me atreví a exclamar para llamar su atención —¡se está asfixiando! ¡detén lo que sea qué estás haciendo!, ¡se ahogará!

 

El tal Shadow me dio una mirada de reojo y frunció el ceño levemente para luego encogerse de hombros. 

 

—No es tan importante para tener el privilegio de que yo termine con su patética y caprichosa vida, sólo es una ilusión; todo está en su mente —musitó para luego apartar la mirada de ella, logrando que su cuerpo cayera totalmente inconsciente en el suelo. 

 

Me echo un último vistazo antes de caminar despreocupadamente hasta la puerta, solté un bufido cuando vi como las gasas de mis brazos estaban sucias de sangré; las heridas parecieron abrirse. 

 

—Es mejor que salgas si no quieres encontrarte con esa fiera cuando despierte, querrá arrancar tu cabeza de nada más verte —comentó, el pelinegro con aburrimiento. 

 

Alce la vista en su dirección y lo medite un momento antes de caminar rápidamente y salir de la habitación. El desconocido me evaluó un instante antes de acercarse a mi y ladear su cabeza, me alejé de un salto al sentir como me olfateaba y un brillo relució en el fondo de sus ojos. El mismo brillo que había visto en los ojos negros de Camille cuando ocurrió todo aquello. 

 

—¿Quien eres exactamente? —se cuestionó más para él mismo que para mí, pero, aún así fui capaz de escucharlo.

 

—En todo caso, esa pregunta la debería de estar haciendo yo. ¿Qué eres? —pregunté en un hilo de voz, mirando a cada lado del angosto pasillo y fruncí el ceño al ver que no era el mismo por donde había paso. 



Massiel29

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En el texto hay: lobos, brujas, vampiros

Editado: 11.04.2020

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