Emma, la caída de un ángel

Capítulo 56

Jared

— ¡No, Jared! — gritó Verno al ver que volaba en dirección a Baruck.

Simplemente no me podían quitar a Emma otra vez. La acababa de recuperar, y con lo que Verno nos había contado... Estaba más preocupado que antes.

Emma, el ser perfecto de Baruck... Claro que tenía sentido, su belleza, sus poderes, su destino... Si Emma era una Suprema ahora, y nada de los demonios hubiera pasado; significaría que Emma podía convertirse en un Arcángel, sin embargo Verno lo evitó interponiéndose en su camino. ¿Se suponía que teníamos que confiar en Verno?

— ¡Jared!— y algo me derribó, me di cuenta que era Verno. — ¡¿Acaso quieres que la maten?! No hagas nada estúpido. ¡La vamos a recuperar! Solo quédate tranquilo, por el amor a Lucifer. — ella se cansó de luchar contra mí y por fin me quedé quieto.

— Acabo de recuperarla... ¡No me la pueden quitar otra vez! — grité lo último.

— La encontraremos... Te lo prometo. — dijo Verno mirando mis ojos para tranquilizarme.

Y al mirar sus ojos, una sensación de paz me invadió, pero mis pensamientos eran los mismos, era como estar en una lucha contra la paz y la locura. Pero Verno estaba transmitiendo la paz por medio de sus ojos.

Al final me tranquilicé y asentí con la cabeza, me levanté y dejé a Verno en el suelo.

— Pero esta vez, asegúrate de que seas tú quien vaya. — le gruñí con resentimiento pues no olvidaba que Lilith podía tomar su cuerpo, o tan solo su forma.

— Lo prometo. — dijo Verno quedándose admirando mis ojos. — Pero, no puedo hacer nada aún.

— ¿Por qué no? — me giré bruscamente y la miré con fuego en mis ojos.

— Baruck acaba de raptarla, no sé su ubicación. Necesito rastrear su icor. — se levantó y miró a unos demonios que acababan de llegar, pero ella solo les dio una mirada lasciva. — Esta vez lo haré sola. — corrió la mirada de sus aliados y unos gemidos de sorpresa llegaron desde unas súcubos que miraban aterrorizadas a su princesa.

— ¡Pero, princesa! — gritó una avanzando al paso de Verno. — Es imposible que lo haga sola.

— Para eso nos tiene a nosotros. — dijo una más llegando y poniéndose a su costado.

— Somos sus aliados, también queremos vengar la muerte de su padre. — dijo una más mirándola con suplica.

Todos pudimos ver la vena que resaltaba en la frente de Verno, una clara señal de irritación.

Verno se giró bruscamente y las fulminó con la mirada.

Ellas callaron por un momento pero después vinieron más súcubos y empezaron a hablar todas al mismo tiempo.

"Nosotras tenemos el deber de acompañarla"

"No puede enfrentar a Baruck sola"

"Mi señora, piénselo"

"No podemos permitir que vaya sola"

"No es tan fuerte para ir contra la naturaleza de su hermano"

Había un torbellino de palabras de las voces irritantes de las súcubos, y ninguna se turnaba para hablar, por lo que Verno irritada se tapó los oídos y apretó los dientes mostrándolos, su vena estaba por explotar y nadie de sus aliados movía un dedo para callar a las súcubos.

— Silencio. — gritó Verno haciendo que resonará en más o menos todo el bosque y dejando a su paso un sonido agudo que hizo que todos hicieran muecas. — ¡Ya basta!

Sus ojos salían de sus órbitas y se habían vuelto completamente rojos de la furia, imaginé.

— No quiero escuchar ni una palabra más. — las miró y ellas se encogieron y los demonios se hicieron para atrás. — ¡Me traicionaron! — gritó para que todos escucharan. — ¡No son mis aliados más! Largo. — gruñó.

— Por órdenes de su padre, nos quedaremos. — vociferó un demonio.

Verno no reprochó nada a eso, y rodó los ojos.

Susurró un "Lo siento" en mi dirección y se dio la vuelta.

— Regresen al fuerte, les hablaré cuando los necesite. — les ordenó y los demonios hicieron lo que ella les dijo.

— ¿Que haremos, Jared? — llegó Pamela junto a Leik. — Eres el segundo supremo aquí. Bueno, prácticamente porque es claro que Emma ya no está.



Berenice Belmonte

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En el texto hay: angelescaidos, angeles y demonios, mortales

Editado: 04.04.2018

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