empezando desde Cero

Final

Jenna

Los días siguientes fueron mejorando. Jasón ha sido un apoyo importante en este momento en mi vida, siempre animándome y asegurándome que la decisión que tome la hará respetar. Me dedique a mi nuevo trabajo y eso me ayudaba a distraerme un poco. Duncan le ofreció devolverle el dinero que había perdido mi esposo pero este se negó aceptar algo de su dinero.

Vendimos la empresa y con ese dinero liquidamos los pagos de nuestros empleados. Con el conocimiento de los negocios de mi esposo, Robert le ofreció invertir en un negocio y juntos terminaron asociándose y la empresa poco a poco ha salido a flote.

Duncan no dejo de insistir de estar a mi lado y eso hizo que le diera una oportunidad y ambos empezáramos acercar. Aún no estaba preparada en llamarlo papa, pero por lo menos ya no lo llamaba por su apellido, sino por su nombre Samuel.

-Te vez muy hermosa- Susurra mi esposo en mi oído.

Hace unos días me habían devuelto la mansión. Samuel no permitió que los del banco me la quitaran. Mi esposo y yo habíamos decidido vivir en ella y ahora estábamos formando recuerdos en nuestro nuevo hogar.

-Tú también te vez muy guapo- Me acerco a mi esposo enrollando mis brazos por su cuello para besarlo lentamente.

Hoy es la inauguración del hospital público al cual fue mi idea y las damas me habían quitado. Cuando la fundación de las damas se dieron cuenta que mi padre era Duncan, insistieron en devolverme mi puesto y seguir trabajando para ellas. Me negué rotundamente y gracias a Jasón y Samuel. Mi amiga Anna y mi jefe Laura y yo, hemos creado una fundación sin ánimo de lucro que ayuda a mejorar la calidad de las personas en forma anónima. Sin sacar ningún provecho en comercializar nuestros nombres para la prensa.

-Si no fueras tu quien va a dar el discurso de bienvenida, te quitaría el vestido ahora mismo y no te dejaría salir de la cama-

-Es tentador tu propuesta, pero debemos irnos- Susurro en sus labios –Pero Espero que cuando volvamos a casa, hagas realidad tu propuesta- Jasón sonríe para profundizar nuestro beso.

Las personas que habían invertido en este proyecto estaban felices, no solo ellos yo también había invertido mi dinero y estaba orgullosa lo que habíamos creado. Un hospital público con la mejor tecnología y equipos al cual muchas personas ya no tendrán problemas en mejorar su salud.

Me sentía muy agotada y necesitaba quitarme por un momento estos tacones asi que me fui a una pequeña oficina que tenía el salón de eventos. Me quite los zapatos y suspire de alivio al sentir que la circulación volvía a mis pies, me recosté mejor en el mueble cerrando los ojos por un momento.

Un ruido hace que me ponga alerta, puede ser unos de los invitados y no sería bien visto que unas de las anfitrionas este durmiendo en un sofá. Me levante alise mi vestido, poniéndome de nuevo los tacones salgo de la oficina.

Al pasar por el pasillo veo un hombre a espalda. Me parece conocido y a medida que me acerco me doy cuenta que es John. ¿Qué hace John en esta fiesta? Después de lo sucedido en la oficina, no lo volvimos a ver.

-Hola John, que sorpresa verte de nuevo- Hablo pero algo en su mirada hace que me asuste y retroceda un poco.

-¿Qué pasa Jenna, acaso me tienes miedo?-

-¿Tendría que estarlo?-

-Eres una maldita, lo cautivaste en la cama y ahora lo tienes a tus pies- Expresa con rabia.

-Algo que tu nunca podrás hacer con él- Le digo con arrogancia – Si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer- Digo pasando por su lado pero me toma fuerte del brazo.

-Disfruta lo que puedas querida, las cosas a veces no salen como uno quiere- Susurra cerca de mi oído. Lo empujo con todas mis fuerzas haciendo que ambos caigamos para atrás.

John me mira con odio y antes que pueda decir algo saca algo de su saco y veo que es un arma, no alcance articular palabra ya que había disparado no solo una ni dos sino tres veces. Escucho la gente gritar, toco mi pecho y veo sangre.

Me deslizo por la pared mientras tapo mis heridas, veo a Jasón correr hacia mí y al verme sangrar sus ojos se agranda acercándose a mí. Toco su rostro y lagrimas invaden su rostro. Mi padre, Anna, Robert, Laura aparecen y todo se vuelve un caos, escucho gritos, llantos y yo solo observo a mi esposo gritar por ayuda mientras tapa mi herida.

No siento dolor, tampoco puedo oírlos. Solo veo sus labios moverse mientras pide que no cierre mis ojos, pero es demasiado tarde ya la oscuridad me ha adsorbido.



Jimena Paez

Editado: 15.05.2018

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