Enamorando al Enemigo

Capítulo 9

 

Claudia

¡Navidad! Tenía que pensar en navidad, en luces de colores, regalos, en Santa Claus, en la familia. Llenarme del espíritu navideño. De acuerdo, la familia no era una buena idea, siempre terminaba peleando con mi madre y primos porque no podía asistir a las cenas. Para ellos estar del otro lado del mundo no era lo más genial y no los culpaba, solo a mí se me podía ocurrir mudarme a Asia y dejarlos a muchos kilómetros.

Di varias vueltas por la sala, mirando a la puerta, donde aún no había rastros de luces de colores y todo eso. Fue como si de pronto todas las buenas ideas salieran junto con el zorro eso. ¡Genial! Amaba esas fechas navideñas y las ofertas para los regalos, pero tenía la impresión de que después no seguiría pensando lo mismo.

Varias horas después, comprobé eso de “Decirlo es más fácil que hacerlo” era tan cierto, sin duda era un millón de veces más fácil decirlo que hacerlo. Me sentía bloqueada, ninguna buena idea se me veía a la mente. Nada novedoso o que sorprendiera, nada para impresionar a Daniel. ¡Rayos! ¿Y ahora que hacía? Mire el reloj, eran casi las 12, llevaba 3 horas trabajando y aun no llevaba ni la cuarta parte.

―¡Rayos! ¡Rayos! ―exclame frustrada mientras me revolvía el cabello, olvidando un poco el profesionalismo.

Lo peor de todo, era que seguramente a estas horas, ese cretino de Siwon, dormía a sus anchas. Ya habría cenado, bañado y estaría calientito debajo de sus cobijas. ¿Y aun así Ise me preguntaba porque lo odiaba? La pregunta sería ¿Por qué no debería odiarlo? Era un odioso.

―¡Siwon Choi, eres un cretino! ―empuñe el lapiz, imaginando que era su cuello el que retorcida. Nunca había tenido instintos asesinos, excepto con él.

Estaba tan cansada, que no supe en qué momento el sueño me venció. Entre el coraje que me había hecho pasar Siwon y sentirme frustrada por no lograr concretar una buena idea, comenzaba a darme por vencida y me quedó dormida sobre la mesa. Sin saber lo que me esperaba.

 

 

~Siwon~

¿Por qué seguía gustándome esa condenada coneja, cuando ella no hacia otra cosa que maldecir mi nombre?

Me mantuve oculto, escuchando sus murmullos y discursos para si misma, donde mi nombre salía a menudo, pero en un mal contexto.

La mire desde la entrada de la sala de juntas, se había quedado dormida, tuve el impulso de jugarse como cuando éramos adolescentes y conseguir que sacara las garras. Me quede ahí por un largo rato antes de decidirme a hacer lo que tenía en mente. Había aprovechado parte del fin de semana para avanzar en los pendientes, no es que no confiara en mi equipo, sino conocía a veces las ideas no llegaban como por arte de magia y era justo esa magia de tener a la vista a Claudia lo que llenaba mi cabeza de ideas, así que llevaba conmigo el proyecto de navidad que había hecho y que si no me hubiera hecho enojar con los coqueteos a mi hermano, le habría compartido y mucho tiempo antes nos hubiéramos marchado antes, pero con ella nada era sencillo y quizás era justo eso lo que me gustaba de ella.

Durante las horas que Claudia había estado trabajando sola, me había dedicado a actualizar los detalles de su propuesta y a realizar algunos cambios. Incluyendo la propuesta de ella, una entrevista a una pareja. Era verdad que me sentía molesto por la forma en la que Claudia se comportaba con Daniel y especialmente tras esa invitación, pero, aun así, me importaba demasiado como para hacerla trabajar tanto. Tenía en mente cambiar su propuesta por la de ella, aprovechando que dormía. De la dichosa cena, me encargaría después, no dejaría por nada del mundo que Claudia se reuniera con Daniel.

Conocía a ambos, ella era tan ingenua que caería en los encantos de mi hermanito.

Con suma delicadeza entre en el lugar y con cautela, tome las hojas que Claudia tenía debajo de sus manos, dejando el mío a un lado de ella. Claudia se movió levemente y contuve la respiración, pero ella no despertó, de nuevo se quedó inmóvil.

«Perfecto», pense dirigiéndose a la puerta. Donde me detuvo, volviendo la mirada hacia ella, aproveche ese instante para observarla detenidamente.

Jamás creí volver a verla, estaba decidido a dejarla ir y conformarme con saber que estaba bien, pero fue inevitable querer tenerla cerca de nuevo.

Sus parpados que se movían inquietos, su expresión apacible y tranquila. Eres tan hermosa como siempre. Mis ojos se detuvieron en los labios carnosos y rosados, un pensamiento cruzó mi mente y guiado por un impulso, apague la luz. Me quede inmóvil unos instantes, esperando la posible respuesta de ella, quien continuaba profundamente dormida. La poca luz que entraba a través de las ventanas me permitió comprobar que no se movía, solo se escuchaba el sonido de su respiración pausada. Seguía dormida.



Isela Reyes

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En el texto hay: peleas, hermanos, sebuscaunpadre

Editado: 08.04.2020

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