Entre Nosotros

Capítulo VII "Memorias al viento"

 

Capítulo VIII

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Siento la suave briza del verano rozar mis mejillas y ondear mi cabello suelto a medida que observo como las olas arremeten contra la bahía a unos cuantos metros de mí.  Son las cinco de la tarde, el sol perdiendo fuerza está creando un hermoso tono anaranjado sobre el horizonte y yo, como una soñadora y amante empedernida, me pierdo entre la tranquilidad de ese momento.

Como todos los viernes, Ian y yo hemos decidido dejar a un lado la bulliciosa ciudad y dirigirnos a la casa vacacional de sus padres que, afortunadamente, se encuentra a una hora y media de mi hogar.

Mañana es mi cumpleaños número veinte, y la idea de quedarme en este lugar, arremete contra mi cerebro hasta encontrarla maravillosa.

Suelto una sonrisa y acomodo parte del cabello rebelde tras mi oreja.

Estoy sentada en la arena frente a la solitaria playa, observando como la figura de Ian emerge del agua con la tabla de surf sobre su brazo derecho, quitándose una alga que se le ha pegado en una de sus gruesas piernas  y sacudiendo su oscura melena como un perrito incómodo por el agua.

Observo como su sonrisa bordea y se amplía a medida que avanza y me pilla deleitándome con su cuerpo. Tiene un pequeño lunar justo al lado del pezón izquierdo, sus piernas son gruesas, su cuerpo grueso y atlético y sus ojos, oscuros y penetrantes, parecen una noche sin luna.

Sí. Lo admito. Me gusta admirarlo cada vez que puedo. Es deliciosamente atractivo. Y estoy totalmente enamorada de él.

--- si sigues mirándome de esa forma, tendré que censurarte --- me dice, agachando su figura justo hasta quedar a la altura de mis ojos; clava en la arena la tabla de surf y agacha su torso hasta casi estar al roce con mi nariz.

Pequeñas gotitas de agua caen sobre mi regazo, lo que me lleva a abrir las piernas y dejar que caigan en la arena.

No puedo evitar sonreír.

Su mirada está brillante, su piel tostada y sus mejillas un tanto rojizas por el sol.

Bordeo su cuello con mis manos y lo acerco a la comisura de mi boca.

--- entonces creo que si supieras lo que estoy pensando, no podrías transmitir este capítulo en vivo --- coqueteo, con una sonrisa ladina.

--- ¿lenguaje inapropiado?

Me río contra sus labios.

--- sumamente inapropiado y vulgar --- digo, antes de acercarme lo suficiente y  besarlo con suavidad.

Cada poro de mi cuerpo se eriza ante su contacto. Es gratificante sentirlo.

--- no me vayas a mojar --- susurro, casi sin separarme de él.

Sus ojos se entrecierran con juguetería.

--- pareces un gatito, hermosa --- comenta, mirándome directo a los ojos --- venir a la playa y no bañarte puede ser considerado un pecado capital, Jess.

Me encojo de hombros, restándole importancia.

--- prefiero verte a ti haciéndolo.

--- y yo preferiría verte casi desnuda, y completamente mojada. Eso es algo que debes considerar.

Vuelvo a sonreír.

--- eso puede verlo sin necesidad de venir hasta aquí, señor Ferreira --- sus labios se ladean.

--- en eso tiene razón, señorita Monroy --- confirma, quitando una delgada hebra de cabello que se encuentra en el medio de mi ojo derecho ---  pero considerando que estamos aquí solos… no me importaría  hacerlo realidad en este lugar---  toma mi rostro y busca mi boca para volver a besarme, no obstante, hago acopio de mover la cabeza hacia un lado y esquivarlo.

Su cara confundida me hace sonreír ante su expectante mirada.

Es entonces, justo en ese momento, cuando tomo su rostro entre mis manos, ladeo su cara y le lamo con la lengua desde la barbilla hasta la cien, para luego levantarme corriendo entre tropezones.

--- ¡El último en llegar lava los platos! --- le reto apresurada. Sonriendo con amplitud.

Su rostro es un poema, pero su figura se activa inmediatamente salgo corriendo en dirección contraria.

 Grito asustada y risueña justo cuando lo veo salir en mi búsqueda como un mercenario persiguiendo a su objetivo; intento correr lo más rápido que mis pesadas piernas logran moverse, pero se torna un fastidio sentir la arena bajo mis pies.

Me está alcanzando, y la risa, contenida en mi pecho junto a la sensación de felicidad, me permite disfrutar de este momento tanto, como cuando éramos tan solo unos niños.

Tomo arena y la lanzo en su dirección para distraerlo. La esquiva y continúa intentando acorralarme.

La playa está sola y el tono naranja del cielo le da un aire nostálgico al lugar. Ian, sin mucho esfuerzo, no tarda en alcanzarme. Me toma desprevenida por detrás de la espalda y me alza como un  saco de papas contra su pecho.



LDHope

Editado: 27.07.2020

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