Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 21: Impulsos

Only you - The Platters

Only you - The Platters

A la mañana siguiente, justo cuando estoy por salir de mi habitación, veo sobre el escritorio de mi habitación la bandolera que llevaba el día de ayer y noto que sobresale el pañuelo que David me prestó        

A la mañana siguiente, justo cuando estoy por salir de mi habitación, veo sobre el escritorio de mi habitación la bandolera que llevaba el día de ayer y noto que sobresale el pañuelo que David me prestó. Esbozo una sonrisa y, al tomarlo, veo los rastro de mi máscara para pestañas, asimismo, esta imagen trae consigo un carrusel de recuerdos, mismos que se dieron antes de dejar la cafetería.

—Es muy duro, digo, ver a mi papá en estas circunstancias —murmuro con la voz entre cortada y la vista nublada. David me quita el pañuelo de las manos y seguido lo aproxima a mi rostro, en primera instancia no sé qué es lo que quiere hacer, pero entonces siento el calor, que atraviesa la tela, en mis mejillas: él está limpiando mis lágrimas—. ¿Qué haces?, ¿no ves que lo ensuciare con maquillaje? Ese pañuelo seguramente es costosísimo y yo no voy a reponértelo.

Veo como achica los ojos y suelta una risa adusta, que hace que los vellos de mi nuca se ericen. «Santo cielo». David sacude la cabeza y me mira con atención.

—¿Qué importa eso? De hecho, para esto fueron creados, Iri. —Frunzo el ceño y seguido le arrebato el pañuelo en un movimiento suave. Además debo admitir que la tela es tan suave y, como si no fuera suficiente, huele jodidamente bien. Huele a él.

Sorbo mi nariz, inhalo su aroma.

—¿Cómo así? —Se encoge de hombros y se acomoda en el asiento del conductor.

—El señor que hace estos pañuelos una vez me contó que m familia los viene usando desde hace décadas, específicamente mi abuelo siempre mandó a hacerlos para él y para sus hijos. —Su voz, para ese momento, me envuelve y me adentra por completo en la historia que está por contarme—. Mi abuelo le dijo que era una costumbre que venía incluso de muchas generaciones atrás.

—¿El cargar siempre con un pañuelo? —inquiero, mi compañero sacude la cabeza. Por lo que regreso la atención al retazo de tela que tengo entre las manos, miro las manchas negras que llegan gasta el bordado con las iniciales.

—No solo eso, sino que mi abuelo siempre dijo que en su familia era una tradición que, los hombres, siempre cargaran consigo uno por si el momento de usarlo se presentaba. Específicamente si encontrábamos o estábamos con una dama que estuviese llorando. El pañuelo es por ustedes, para secarles las lágrimas.

—¿De dónde has sacado eso? —Suelto una risa, una buena carcajada—. Esa historia me suena a sacada de una película, sí, sí, de hecho hay una en donde...

—¿Podrías dejar de arruinar mi anécdota? —me increpa. Hago el esfuerzo por no seguir riendo, pero la tarea se me complica más al ver su cara enseriada.

—Lo siento —digo. David me dedica una mala mirada y luego se aclara la garganta.

—No es mentira, de hecho, también nos hacen cargar una espada... —Y es lo último que necesito para echarme a reír sin parar, porque confirmo, con la mirada y la sonrisa completa que me otorga, que sí me estaba tomando del pelo—. Al menos te hice reír —murmura, acariciando mi mejilla izquierda.

—Eres un bobo, ¿de dónde sacas tantos disparates? En serio, admiro tu forma de mentir.

—Y si te digo que me sigues interesando, ¿lo tomarías como una mentira más?

—¿Estás iniciales que significan? —pregunto, a manera de desviar la conversación, hecho que es obvio y que David, por consideración, sigue.

—Son las iniciales de mis apellidos, ¿no es obvio? —Me encojo de hombros, seguido añade—: La "B" es por Baldocchi y la "A" por Álvarez, que era el apellido de mi madre. —Doy un leve asentimiento, y como no sé qué más decir, me decanto por despedirme con un beso en la mejilla, y seguido me bajo del auto y prácticamente corro el trecho que me divide del auto y la puerta de mi casa.

Sacudo la cabeza y salgo de mi introspección. Decido salir de mi habitación y bajo a la estancia, pasando por alto el cuarto de mi papá, o es lo que obligo a hacer. Me preparo el desayuno y en lo que está, me voy al patio a lavar el pañuelo. Lo haré a mano, porque sé que, un accesorio tan fino como este, no puedo simplemente echarlo a la lavadora.

Cuando desayuno, soy consciente que lo único que he estado haciendo es retrasar el momento del descubrimiento. Suelto una inspiración, pero no reprimo lo suficiente a mi curiosidad. Me digo que para qué dejar para mañana lo que puedo hacer justo ahora, asimismo que ya basta de dejar las cosas al azar, como quien deja que se las lleve el viento y así mismo espera a que vengan las respuestas.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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