Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 23: Imposible

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Break my heart - Dua lipa

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—David a partir de la próxima semana se reincorporará a su antiguo puesto como ejecutivo de Relaciones Públicas, pues con el lanzamiento se viene mucho trabajo para él —dice, y yo no sé qué decir al respecto. Él añade—: Pero no quería dejarte sola con toda la organización del lanzamiento, pues será muchísimo trabajo, Mark ofreció su ayuda y la de su hijo, pero será Christian quien a partir de ahora se volverá tu mano derecha.

Doy un asentimiento y me muerdo la lengua para no decir nada. En este momento Abigaíl entra con lo que le pedí, pero Martín me da otros informes más, y tras demandar que en una hora le lleve a su oficina las impresiones de los afiches y todo el material publicitario que fuimos a sacar con David ahora, se va y su hijo le sigue sin decirme nada. Dejándome en compañía de Mark y su hijo, más el sentimiento de estupor que no me abandonará por lo que resta de la tarde, o de la semana quizá.

—Bueno, yo tengo que irme —anuncia el señor Mark—, te lo encargo mucho, Irania. Este es el primer trabajo que toma este desobligado, enséñale bien, ¿sí?

—Haré lo mejor que pueda —digo, en demasía incomoda.

—Muchas gracias, licenciada —dice, con un tono meloso, que me eriza la piel pero no de forma agradable. Él agrega—: Y cualquier cosa que necesites, no dudes en pedírmelo, será para mí un placer ayudarte.

Sonrío a boca cerrada y doy un paso hacia atrás, tratando de ser sigilosa pero fracasando en el intento. Pues él se aproxima y, antes de marcharse, se despide besando nuevamente mi mejilla, y repitiendo que ha sido un enorme gusto verme. Y hago un esfuerzo monumental por no emular una mueca de fastidio o incomodidad, porque ambos sentimientos me acompañan cada vez que tengo cerca al señor Campbell, y su incesante necesidad de irrumpir mi espacio personal.

Aunque quizá, tales sentimientos se intensificaron debido a la situación misma y las noticias dichas. O qué sé yo.

—Me gustaría conocer la empresa, ¿me podría dar un tour? —inquiere, Christian Campbell cuando nos hallamos solos.

Sacudo la cabeza y me obligo a dejar de pensar en que David ya no será mi mano derecha. Entonces, comprendiendo que el joven Campbell me acaba de hablar, me envaro y lo enfrento. Ya que, ahora que estamos solos, no me abstendré de decirle lo que me viene rondando en la cabeza desde minutos atrás. Me cruzo de brazos y muevo el peso de una pierna a la otra. Él me mira con atención y por la sonrisa que me da, es como si justamente esto: mi comportamiento, es por lo que él esperaba. ¿Pero por qué? ¡Estoy tan confundida!

—No sé qué me sorprende más, si que Clara se enamorara del Ángel de muerte que la persigue, o que el escritor de tales acontecimientos esté frente a mí y se halla tratado como a una desconocida. ¿O es acaso que no me recuerda? —pregunto, pero hay sarcasmo en ella.

Christian ríe, sí, se está riendo de lo que acabo de decirle o de mí, aunque si somos sinceros, sea como sea, lo hace a mis costas.

—Creo que debería sorprenderla más el hecho de que Azh le dio la espalda a su legado, al deber, y renunció a todo por enamorarse de la mujer que buscaba para reclamar su alma —rebate y yo engurruño la frente.

—¿O sea que Azhrael sí está enamorado de ella?, ¿pero entonces por qué es tan frío e indiferente con ella? —inquiero, dejándole en claro que acaba de darme un spoiler.

—Perdón, creo que acabo de revelarle información valiosa. —Sacudo la cabeza.

—Definitivamente, pero aún no responde a mi pregunta.

—¿Cuál de las tres le interesa más? —cuestiona, tiene una ceja arqueada, y yo solo puedo entrecerrar los ojos. Él ladea sus labios y me mira fijamente a los ojos, para luego añadir—: Porque si lo que quiere saber es si la olvidé, déjeme decirle que eso sería imposible, y con las otras dos, los motivos son esos detalles que pronto descubrirá.

—¿Puedo hacer una pregunta más? —Deshago el cruce de mis brazos y degluto saliva. Christian me da un asentimiento, me mira expectante—. ¿Por qué fingió que no me conocía?

Mira al piso y suelta un suspiro, pero pasados unos segundos me enfrenta.

—Pues usted tampoco hizo lo contrario —rebate. Arqueo una ceja, porque eso no es lo que le pregunté, por lo que agrega—: Esos también son detalles que muy pronto descubrirá.

Hay una sonrisa ladeada que no es de felicidad, sino de tristeza. Lo cual me deja en claro que el motivo de su comportamiento es algo que lo pone triste. Decido que lo dejaré así por ahora. A pesar de que su respuesta no satisfizo mi curiosidad ni esa otra idea que me ronda en la cabeza —que quizá no quiere que su padre esté enterado de nuestro encuentro—, y le digo que me acompañe para dar un recorrido en las instalaciones.



Therinne

Editado: 16.10.2020

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