Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 27: Condición

The middle - Camila Cabello ft ZEDD

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Él me mira fijamente, tan fijamente, que temo que descubra que ya sé sobre sus mentiras        

Él me mira fijamente, tan fijamente, que temo que descubra que ya sé sobre sus mentiras. No obstante, cuando le sonrío, y él corresponde a mi gesto, confirmo que no tiene ni idea de lo que ocurre. Pasados unos segundos, Teodoro frunce los labios, acto que hace cuando está nervioso o tanteando la posible situación, hecho que he aprendido de él: lograr leer a las personas puede anticiparte a ellas, prepararte.

Me lo quedo mirando y, en este momento, las ganas de que volvamos a ser solo padre e hija, como en los viejos tiempos, llena mis sentidos. El miedo a romper todo de manera irreparable, me carcome los huesos e inyecta miedo en mi torrente sanguíneo. Yo solo...

—Quiero que estés bien, papá —murmuro, echando un vistazo a la mano en donde tenía la intravenosa, donde ahora solo hay un tenue hematoma, y veo las ojeras en la piel blanda de su rostro.

—Lo estaré, y esta vez prometo cuidarme, ya no quiero que pases por algo similar de nuevo —dice, estirando su brazo y poniéndolo sobre mis hombros. Me da un abrazo apretado y un beso en la sien.

Teodoro es y ha sido mi única figura paterna. E incluso, al cerrar los ojos, me es fácil recordar, no solo uno, sino muchos momentos felices a su lado. Él siempre dio todo lo mejor por mí, pero entonces, ¿por qué ocultarme la verdad? Porque si lo que buscaba era ahorrarme este dolor, maldito sea entonces el momento en el que todo se descubrió y porque, quizá, yo también habría preferido no saber nada.

🍇

Quedé con David, luego de una gran discusión por teléfono, que yo llegaría por mi cuenta al centro comercial. ¿La razón?, pues quiero evitar un encuentro entre él y mi papá, al menos ahora que todo con David es incierto. Por eso, casi una hora antes de la hora acordada, ya estoy lista para salir a nuestra ¿cita?

«Sí, Irania. Esto. Es. Una. Cita», espeta mi consciencia y eso provoca que el sonrojo en mis mejillas se incremente. Suelto un suspiro y examino por última vez mi apariencia en el espejo. Ya que, dado que es una salida nada ostentosa, opté por un jeans azul entubado, una blusa color ladrillo que me llega justo al talle del jean, un par de sandalias a juego de un tacón pequeño y llevo el cabello suelto, solo me pasé un pasador en el lado opuesto al flequillo. Me maquillé como usualmente voy al trabajo y, en resumidas cuentas, estoy feliz con el resultado.

Estoy terminando de guardar mis cosas en la bandolera que llevaré, cuando mi papá aparece en el marco de la puerta. Lo veo y, de inmediato, la imagen de mí en su habitación me llena la cabeza, el miedo se hace presente. Me yergo y degluto saliva, «por favor que no se haya dado cuenta, por favor que no se haya dado cuenta».

—La señora Gomez ya vino y a que no adivinas que trajo consigo —Mi cuerpo se relaja y sacudo la cabeza. Él añade—: Una torta de naranja, la que tanto te gusta. Por eso vine, ¿quieres comer un poco antes de marcharte?

Miro la hora en mi celular y voy con el tiempo exacto. Chasqueo la lengua y vuelvo a verlo.

—Si no me voy ya, llegaré tarde. A mi regreso como, ¿te parece? —digo.

—De acuerdo, ¿a qué hora dijiste que vendrías? —cuestiona, y es cuando entiendo que esto era lo que él quería saber desde un principio. Sonrío porque hay costumbres que él no pierde, como la de intentar averiguar algo de la manera más casual posible.

—Veremos alguna película que comience a las seis, luego iremos a cenar, regresaré rápido, lo prometo.

Salgo de casa a las cinco menos quince minutos, y es un alivio que, por ser domingo, no encuentre tráfico, por lo que en menos tiempo del previsto, llego al centro comercial. Le mando un mensaje a David para avisarle de que ya estoy aquí y que lo esperaré afuera del cine, confiando en que él recuerde dónde queda: cerca de la cafetería del otro día.

La cartelera para este día es pobre, solo hay un par de películas y más nada. Suspiro al ver que, para la siguiente semana, se avecinan otros estrenos más y de películas que se ven interesantes. Pero no, ahora solo hay una de miedo y otra animada. Ladeo el rostro, y sopeso las posibilidades de que David quiera entrar a la película para niños. Suspiro y luego me decanto por ver los combos de palomitas, porque, ¿qué es una película sin palomitas de maíz?

—¿Irania? —Llaman a mis espaldas, frunzo el ceño y vuelvo a ver y, para mi sorpresa, es Nancy, una amiga de la universidad.

—Hola, ¡cielos!, tanto tiempo sin verte, ¿cómo estás? —cuestiono, nos saludamos con un beso en la mejilla y un abrazo.



Therinne

Editado: 30.10.2020

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