Eras tú: El misterio Baldochhi

Capítulo 28: Interpretar

*

Lunes fue mi primer día con la certeza de que David no aparecería en mi oficina, y se sintió en demasía extraño, vacío. Por ello, agradezco mucho que haya sido Christian la persona que vino en su lugar, pues trabajar con él es realmente sencillo y agradable. Sabe mucho, aunque sus opiniones suele darlas con cierta inseguridad, supongo que eso se debe a cuanto lo desestima su padre, profesionalmente hablando. Y es una lástima que hombres como Martín y Mark, no se den la oportunidad de convivir con sus hijos, de conocerlos e indagar —y respetar—, lo que les hace feliz.

Y es que me parecen sorprendentes los alcances del poder: de volver a una persona indiferente ante los deseos de sus familiares, y anteponer siempre los propios. Porque eso es justamente lo que veo en ese par de hombres poderosos, pero tan egoístas.

Y como, en consecuencia, van orillando a sus hijos a buscar miles de maneras de salirse con la suya.

Tales pensamientos se solidificaban en hechos conforme escuchaba ciertos comentarios que Chris me hacía y en situaciones que David concebía. Con el primero, existían reclamos que sonaban más a lamentos de un hombre deseoso por salir del yugo parental. Por ejemplo, ese mismo día me dijo que, este sábado, habría una reunión de negocios súper importante a la cual él faltaría, pese a que sabía que no debía hacerlo. No quise preguntar por qué, pero supuse que quizá había cierto tinte de rebeldía y que era solamente el principio para la emancipación. Y con David, pues estaban las osadías a las que me arrastraba, como vernos clandestinamente en el piso del archivo, eso fue el día martes.

Inclusive puedo cerrar los ojos y revivir el manojo de emociones que me embargó conforme me iba acercando al lugar del encuentro. Hubo expectación y la clara necesidad de tomar más riesgos, pero también estaba la incomodidad de tener que recurrir a esos métodos. La incertidumbre que había de un “nosotros” a futuro, era lo que la hacía ver aquello como nuestra única opción inmediata.

Recuerdo, con total claridad, como las puertas del elevador se abrieron en dicho piso, solo había un par de luces encendidas que me ayudaban a ver por dónde iba caminando, en dirección de la puerta del archivo. Seguidamente, una conmoción de excitación me golpeó con fuerza, el aire me faltaba, aún así no dejé de avanzar. Deglutí saliva y traté de buscar mi voz para llamarlo, pero no pasó mucho cuando una silueta larga y esbelta salió de uno de los recovecos lúgubres. Era él.

Todo mi piso se tambaleó, me debilité al instante.

Un suspiro se atoró en mi garganta cuando vi la forma tan segura con la que se acercó hasta donde me encontraba yo de pie; era a mi parece equiparable al andar de un felino listo para, en la menor oportunidad, lanzarse encima de su presa. Ahora bien, la presa soy yo, pero no me sentí temerosa, en lo absoluto.

—Hola, por un momento creí que eras un espectro… —comenté con aire sarcástico, pero estaba más nerviosa que otra cosa.

Lo vi sonreír y acto seguido me arrastró hasta el recoveco más oscuro y cercano. El corazón no dejó de latirme de forma acelerada. Tenía tanta sangre en mi cabeza, recorriendo mis venas, que eso solo volvió fácil la tarea de aumentar el calor en mi cuerpo.

—Y tú eres el ángel, el que hechizó a este demonio —murmuró segundos antes de abrazarme por la cintura y de besarme. Y, a partir de ese momento, me fue muy sencillo olvidarme de todo.

Hasta de mis prejuicios y el sentido de lo correcto.

El miércoles, tanto él como yo, hicimos todo lo posible para terminar nuestro trabajo a tiempo y vernos de alguna manera que no nos limitara tanto, las ganas de pasar tiempo junto iban, cada vez, en aumento. Por eso ideábamos planes y buscábamos hasta el menor pretexto para reunirnos. Por ejemplo, ese mismo día, con David quedamos de que me llevaría a un centro para poder contratar a una enfermera para Teodoro —gracias a esto, mi papá ya cuenta con una—, y luego me llevaría a casa.

No obstante, y mientras íbamos para ese lugar, comenzó a contarme que cerrar la negociación con la línea de supermercados se ha vuelto una tarea extenuante. Ya que Luis Santillana, luego de estar de acuerdo con los porcentajes de las acciones, pasados unos días, dijo que quería que volvieran a negociarlos. O sea, ¡comenzar de nuevo! Ante esto, él me dijo lo siguiente:

—Es un peligro, porque si no cerramos el negocio esta semana, significará que solo perdimos el tiempo —Lo veo sacarse la corbata, está muy estresado y cómo no, si va saliendo de una reunión de más de tres horas con… Keyla Santillana, y sin poder llegar a ningún acuerdo.

—¿Y por qué no quieren aceptar los términos del grupo? —inquiero. David mueve el cuello, quizá liberando tensión. Me ve de soslayo y degluta saliva.

—Soy yo el que no quiere ceder a sus exigencias, así que como te imaginarás, estoy en problemas con mi padre —murmura. Yo trato de sonreír, pues él me dedica una ladeada. Pero no puedo, pues me preocupa mucho todo lo que conllevan esas últimas seis palabras.



Therinne

Editado: 30.10.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar