Escapando de la Realidad

Querida Julieta:

Pasaron cinco días desde que me uní a Ízan, seguimos viajando por Nápoles, ahora nos trasladaremos a Verona, tengo ganas de conocer el lugar donde William Shakespeare situó la historia de "Romeo y Julieta"

He pensado mucho en nuestra situación desde el día en que nos besamos en Pompeya, por obvias razones nuestra relación ya pasó a una segunda instancia pero yo, todavía dudo, es difícil aceptar que cada día que pasa el tiempo a su lado se acorta, todavía tengo miedo a la perdida y a ese sentimiento de vacío y dolor que puede dejarme su ausencia.

Me estoy acostumbrando a él y eso no está bien, dormimos juntos desde esa noche que descaradamente me pidió que vaya a su cuarto, cada vez más juntos pero nunca pasando a lo sexual, es algo que todavía no puedo comprender ¿Tal vez no me desea o tal vez solo soy su tabla de salvación? Algunas veces me incomoda pero tampoco quiero pasar por fácil y ser yo quien insinué algo indebido.

Llegamos a Verona casi al medio día, es una ciudad muy hermosa, por lo que puedo ver, Ízan me toma de la mano para caminar hasta nuestro hotel.

- Verona es muy bonito - comento mirando las calles sorprendida - la Verona de Shakespeare.

- Iremos después de dejar las cosas a la casa de los Capuleto, al Balcón donde Julieta se encontraba con Romeo.

- ¿Existe el lugar? - pregunto sorprendida.

- Sí, se dice que las mujeres le escriben cartas a Julieta para que ella les ayude en su mal de amores.

-¿Y responde?

- Sí, tiene sus colaboradoras ¿Escribirás una carta? - pregunta curioso.

- No lo sé, ¿Debería?

- Eso debes preguntártelo tú... - sonríe y mete las maletas al hotel.

Entramos al cuarto, es muy bonito, se ve de frente al centro de la ciudad, me gusta mucho la vista así que me detengo un momento a observarla, siento como Ízan me abraza por atrás, en silencio, coloca su barbilla en mi hombro, dulcemente y me produce una electricidad en todo el cuerpo, ¡Dios, nunca sentí ésto!

- Es una linda vista.

- Sí, lo es - exclamó todavía nerviosa.

- Hora de irnos de paseo - se aleja de mí - vamos al balcón de Julieta, está a dos cuadras de aquí.

- Me intriga mucho conocer el lugar.

- Vamos, entonces.

Tomo su mano, caminamos por Verona, a dos cuadras del hotel se encuentra una casa de piedra, un balcón en una ventana, al frente la efigie de Julieta Capuleto, nunca creí que la historia más trágica y hermosa que se haya escrito tenía un lugar tan fascinante, observo todo con sorpresa.

- Es un lindo lugar ¿Verdad?

- Es muy hermoso, Ízan... - respondo observando a unas chicas sentadas escribiendo algo en papel - ¿Son sus cartas?

- Sí... están escribiendo sus cartas de desventura a Julieta, después las colocan entre las piedras desgastadas debajo de su balcón y esperan su respuesta.

Mi desventura es este hermoso hombre que tengo ahora mismo a mi lado, todavía no puedo entregarme completa a este amor porque dudo, dudo por mi miedo a la perdida, a los sentimientos que tendré cuando lo haya perdido dentro de seis meses, tal vez debería escribir una carta a Julieta y que ella me ayude con esta duda que carcome mi existencia.

- ¿En qué piensas? - Ízan pregunta sonriendo.

- Tal vez escriba un carta a Julieta.

-¿Así? ¿Qué le preguntarás?

- Eso no te lo contaré - exclamó sonriendo, guiñándole un ojo.

- Soy muy curioso, sabes que te seguiré preguntando.

- Tendrás que aguantarte, que yo no contaré ni una palabra, esa carta será entre Julieta y yo.

- Está bien, en algún momento me contarás...tengo algo planeado, es hora de irnos.

-¿Qué?

- Ya verás...

Ízan me toma de la mano, salimos de la casa de Julieta, caminamos hasta una calle aledaña, observo que nos espera una bicicleta en la esquina.

- Vamos a pasear en bicicleta.

- Sí te das cuenta solo hay una y somos dos...

- Ese es el chiste, Franchesca.

- Nos podemos matar, Ízan y tú no puedes golpearte la cabeza, ¿sí algo te sucede...?- pregunto asustada pero él me tapa la boca con su dedo sonriendo

- ...Cierra tu bonita boca, yo ya estoy condenado a morir y ya tengo la forma de hacerlo, esto no me matara, sé manejar bicicleta desde que tengo 7 años, confía en mí.

Se monta en la bicicleta, me estira su mano, aunque estoy dudando de esta locura, la aceptó y me acomodo delante en el manubrio, la bicicleta es pequeña, Izan parte el comienzo es lento pero llegamos a una pendiente y la velocidad aumenta desesperadamente, aunque estoy muerta de miedo y me aferro al manubrio con toda mi fuerza, sonrió como enajenada, creo que mi adrenalina corre por todo  mi cuerpo y hace que goce este momento.

Me echó para atrás mientras siento el viento correr por mis mejillas y  mi cabello, Ízan tiene una sonrisa amplia, se lo nota tan feliz, se acerca a mi cuello y mientras bajamos me da besitos intermitentes, el momento es perfecto hasta que todo se detiene en seco cuando llegamos al final de la calle.

- ¡Es una locura! - gritó entusiasmada - nunca creí que fuera tan divertido - exclamo eufórica cuando bajo del manubrio  - estaba asustada pero fue lo mas loco que hice en mi vida.

- De un tiempo a esta parte no tengo miedo a nada... Este es un momento que vale más de tres viajes en un jet privado.

¿Si no tiene miedo a nada, entonces porque no se acerca a mí? me pregunto al escucharlo.

- ¿Porque esa cara, hace unos segundos estabas eufórica?

- Por nada - respondo intentado  no dar importancia a mis pensamientos- tengo hambre, ¿vamos a comer?

- Sí, claro.

Caminamos hasta un pequeño restaurante, nos sentamos en una mesa, Ízan pide un vino y dos copas mientras esperamos nuestra pasta.

- Vuelvo a preguntar ¿Qué tienes?

- ¿Sabes que eres muy curioso?

- Sí, lo sé, soy muy curioso, dime ¿Qué tienes?

- Pues...- me muerdo el labio - me dijiste que no tienes miedo a nada, y bueno entiendo que quieras dejar las dudas y los miedos lejos de ti, porque...



Sissi Pamela Terceros Beltran

Editado: 23.08.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar