Estúpidos enamorados

1. Fiesta de cumpleaños

Me asomo por la ventana del imponente edificio en donde se encuentran las oficinas de L&L Arquitectos y me froto un poco los ojos, hace rato que se hizo de noche y he estado forzando un poco mi vista. Cuando miro el reloj me doy cuenta que son casi las ocho  y que el día se fue volando. Guardo mis planos y salgo para ver a Fabio en su oficina pero no lo encuentro.  Qué más da, seguro se olvidó de la noche de copas por alguna conquista que lo tomó desprevenido y se olvidó de mí. Cierro mi puerta con llave y tomo el ascensor para bajar a la recepción.

Una vez que llego noto lo oscuro que está y pego un salto cuando gritan:

—¡Sorpresa! —al unísono.

Más de la mitad de la compañía se acerca para felicitarme y entonces me percato de que hoy es mi cumpleaños. Lo había olvidado por completo, me he dedicado tanto a mi trabajo que he comenzado a olvidar las cosas realmente importantes (y al parecer mis padres también); me pregunto qué se traen entre manos. Mi madre jamás olvidaría mi cumpleaños.

Una chica, que se nota bastante desenvuelta, que lleva el cabello pintado de color rojo intenso y la ropa demasiado ajustada, se me acerca y comienza a entonar una sugerente canción mientras se contonea a mi alrededor. Juro que jamás la había visto. Cuando al fin termina me lanza una mirada felina y tomándome por la barbilla me da un espectacular beso. Todos vitorean y gritan, mientras yo me quedo con la boca abierta, la chica se llevó mi aliento.

Bar me jala por el brazo y me lleva a la mesa donde las bebidas alcohólicas abundan y me ofrece un vaso de su “trago especial”. Me insta a que lo beba de un solo trago. Una vez que lo logro, todos vuelven a gritar y entonces se dispersan un poco. Los veo agruparse con las personas con las que se identifican y los observo complacido. Amo trabajar en L&L Abogados, el ambiente es genial y muy relajado.

Fabio se acerca y me da un gran abrazo.

—Apuesto a que creíste que me había olvidado de la noche de copas, ¿eh? —dice sonriendo abiertamente.

—Pensé que te habías ido con una de tus conquistas… Por cierto, ¿quién es la chica? —pregunto buscándola entre la gente con la mirada.

 

—Una bailarina por supuesto, se llama Belén, o al menos es lo que dice —Fabio ríe y me da una palmadita en la espalda—. Es la mejor, ¿no es cierto? Aunque un poco flaca para mi gusto.

Cuando me cruzo con su mirada la desvío rápidamente, una bailarina no entra en mis planes por mucho que me atraiga. La chica, quien obviamente me ha visto mirándola como un estúpido, se abre paso entre la gente y se acerca a mí. Me mira y al hacerlo parece desnudarme, me siento pequeño e indefenso, su mirada es tan penetrante y huele a peligro pero aún así, su perfume me embriaga.

—Así que tú eres el maravilloso Alex del que tanto me contaron —dice con voz sensual.

—¿Ah, sí? ¿Quién? —pregunto sin soltar el vaso de licor al cual me aferro para que no note lo nervioso que me pone.

—Bartolomé, suele visitar el club los viernes por la noche y ahí lo conocí.

—Así que conoces a Bar… —echo fuera un suspiro de decepción que no puedo evitar, si es amiga de Bar ya puedo imaginarme el tipo de persona que es.

—Bueno, no es que seamos amigos cercanos pero lo conozco —se corrige.

—De acuerdo, ¿gustas algo de beber? —ofrezco intentando deshacerme de ella, no quiero estar más tiempo cerca o terminaré cayendo redondito, como una pelota de golf en el hoyo dieciocho.

—Eso que bebes parece apetecible —dice quitándome el vaso de las manos y bebiendo su contenido de un solo trago.

Al terminar, se limpia los labios con el dorso de la mano, no parece tener muy buenas maneras y sin embargo su actitud despreocupada me vuelve loco.

—Así que te llamas Belén —afirmo intentando no hacer contacto visual.

La atrevida chica sujeta mi barbilla con la mano derecha y me obliga a mirarla, con la otra mano, sujeta mi entrepierna y hace presión. Me echo hacia atrás asustado y ella ríe. Su risa es fresca e inunda el lobby pero también es un poco aterradora.

—Tú puedes llamarme como quieras, cachorrito —gruñe.

—Emmm —no sé qué más decir, así que me excuso diciendo que necesito otro trago y me alejo.

—¿Qué te parece Bel? —pregunta Bar que no se ha movido de la mesa de las bebidas y que ya parece un poco ebrio.

Me sirvo otro trago e intento indagar un poco más acerca de la chica, ahora que está algo pasado de copas será un blanco fácil.



Aletor

Editado: 20.03.2019

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