Estúpidos enamorados

3. Firma aquí

Después de darme una ducha, bajo las escaleras para ir a la cocina, espero que mamá tenga listo el delicioso desayuno pero al llegar a la cocina constato que ahí no hay nada para mí. Subo de nuevo para ir a su habitación pero solo encuentro a papá acostado desayunando, tiene la mesita de servicio frente a él y ve uno de esos programas de Discovery que tanto le gustan.

—Huele rico, pá —le digo aspirando el aroma de sus huevos recién hechos—, ¿sabes si mamá dejó mi desayuno?

—Ya estás grande, Alexander, es hora de que dejes en paz a tu madre; es tu madre, no tu sirvienta.

—¡Pero nadie cocina como mamá! —aseguro y papá entorna los ojos—. Por cierto, ¿donde se ha metido?

—No sé —responde de mal modo.

Vuelvo a bajar porque al parecer papá no está de humor y me asomo por la ventana que da a la calle, está con Bel sobre el camino de piedra que da a la avenida.

—¡Qué rayos! —maldigo por lo bajo acercándome a la puerta.

¿De qué demonios estarán hablando? Bel se ha despedido y ha estrechado su mano mientras mamá se da la vuelta y se queda de una pieza cuando me ve de pie en el marco de la puerta.

—¿De qué hablaban? —pregunto curioso.

—Nada que sea de tu incumbencia.

Decido que no me importa y me voy detrás de ella.

—Oye, mamita, no pude evitar notar que papá está desayunando unos deliciosos huevos con tocino, ¿guardaste algo para mí?

—Mira, Alex, esta será la última vez que te diga esto: se acabó tu mucama, ¿quieres comer? ¡Pues cocina! ¿Quieres tener la ropa limpia? ¡Pues lava! ¿Quieres tener arreglada tu habitación? ¡Pues hazlo tú mismo! ¡Yo renuncio!

—¡No puedes renunciar a ser mi madre! —grito desesperado.

—¡Pues ya lo he hecho! Ahora me voy porque tengo un desayuno con mis amigas —ha cambiado su tono por uno mucho menos amargo pero de igual modo no trae buenas nuevas—. ¿Y qué voy a desayunar?

—No sé y no me importa, ¡suerte, hijo!

Mamá abre la puerta y escapa de mi vida.

Estoy en la cocina y doy vueltas sin saber qué hacer, jamás he estado por aquí excepto para robarle algo de lo que cocina cuando mi estómago gruñe. ¿Mamá quiere que muera de hambre? Pues bien, eso es exactamente lo que voy a hacer, cuando note que estoy al borde del desmayo volverá a ser la madre amorosa que me arropa y alimenta.

 

Son las cinco de la tarde, mamá no aparece por ningún lado y  papá se ha marchado a jugar a los bolos con sus amigos, estoy por mi cuenta. Vuelvo a la cocina, tal vez pueda comer un poco de jamón para cuando mamá vuelva y prepare la deliciosa cena pero eso no sucede. Al parecer se han escapado de fin semana sin avisarme porque cuando vuelvo a echarle un vistazo al reloj ya son casi las ocho.

Me asomo por la puerta cuando escucho que alguien toca el timbre y me sorprende encontrarme con Bel, quien luce despampanante con sus viejos jeans y una ceñida blusa blanca que muestra unos de sus hombros desnudo.

—Creo que dejé algo que es mío aquí —dice haciéndome a un lado para entrar y subir al cuarto.

—No lo creo.

—¿Has arreglado tu habitación? —pregunta moviendo la ropa desperdigada sobre la cama.

—En realidad no, mi madre solía ocuparse pero…

—Te ayudaré un poco, ¿vale?

Una gran idea atraviesa por mi mente mientras ella arroja al cesto mi ropa sucia y dobla la que está limpia.

—¿Sabes cocinar?

—Un poco —asegura—, no soy una gran chef pero no se me quema el agua.

—Muy graciosa. Oye, Bel, te propongo un trato.

—¿Cual?

—Hay dinero de por medio.

—¿Ah, sí? —pregunta interesada.

—Necesito que te quedes, que me ayudes a arreglar este desastre y que me prepares una deliciosa cena. Para siempre —aclaro.

Bel me mira incrédula.

—¿No sabes hacer nada?

—¡Claro que sé hacer algo! Creo hermosos edificios, soy arquitecto y ese es mi don, esta cosa de ser amo de casa, no es para mí y no sé para cuando vuelvan mis padres.



Aletor

Editado: 20.03.2019

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