Eternidades

LIMO

Oscuridad, sombras y fuego, eso es lo único que Alastor consigue ver, el calor invade su cuerpo y lo quema por dentro mientras de entre las amorfas imágenes que consigue distinguir mira atónito la silueta de aquel que estuvo a punto de aniquilarlo, su mirada penetrante y su burlona mirada lo llenan de ira mas no puede hacer nada ya que por más que intenta moverse del sitio en el que se encuentra no consigue nada, su cuerpo  se torna pesado, sus piernas no lo obedecen y el fuego cada instante es más grande y cercano, siente la muerte recorrer su cuerpo y lentamente se comienza a calcinar ante la aberrante presencia de su enemigo que ríe sin parar, la desesperación lo invade mientras se incinera en vida, sus últimas fuerzas son para mirar hacia arriba, levantar uno de sus brazo y tratar de alcanzar una diminuta luz que consigue distinguir, de pronto esa luz repentinamente invade todo el sitio acabando con la terrible escena y el sitio se llena de una extraña paz, frente a él aparece Perséfone quien le tiende la mano  lo invitándolo a seguirla hacia un bello lugar donde todo es luz y es en ese punto donde finalmente Alastor abre los ojos y descubre la realidad que lo rodea. Lo primero que ve al abrir es un techo de láminas lleno de agujeros por donde tímidamente pasan los rayos del sol, trata de incorporarse de manera inútil ya que aún se encuentra demasiado débil, así que lentamente con gran trabajo consigue erguirse un poco y mira a su alrededor, todo es miseria, el catre donde esta recostado está hecho con viejas tablas y ladrillos y la colchoneta es tan vieja que tiene varios agujeros por donde se asoma el relleno, a un lado se encuentra otra cama hecha del mismo modo y al frente una pequeña mesa con cuatro sillas, en una de las paredes hay un mueble lleno de viejos libros casi deshojados, de pronto voltea a la puerta y la silueta de un jovencita  se encuentra en el lugar, al ver a Alastor consiente corre hacia afuera y rápidamente regresa acompañada de un viejo.

- Mira abuelo - dice la joven de unos quince años - ya despertó -

- Ya vi., ya vi. - contesta serenamente el hombre - buenos días amigo ¿cómo se siente? -

- Bien, muchas gracias ¿dónde estoy? -

- ¡Oh! Perdone mi mala educación esta es mi humilde casa, yo me llamo Alejandro pero todos en este lugar me llaman abuelo y ella es mi nieta - es ese instante da un paso al frente la chica y saluda cortésmente.

-  Hola, mi nombre es Limo pero todo mundo me dice de cariño Lim -

- Mucho gusto - contesta Alastor - creo que falto yo por presentarme. Mi nombre es Alastor -

- Entonces amigo Alastor se bienvenido a esta tu casa, Lim trae algo el desayuno y sírvele a nuestro invitado - Limo sale de la casucha mientras Alejandro saca unos viejos trastes de una caja y comienza a acomodarlos en la mesa.

- Alejandro - añade Alastor - hay algunas preguntas que quiero hacer... -

- Yo también, pero ahora es tiempo de comer y cuando estés repuesto ya platicaremos -

De este modo el desayuno inicia y mientras dura son muy pocas las palabras que se dicen, Alastor mira a sus benefactores mientras consume el alimento y una vez que terminan Limo sale dejándolos solos en el lugar y así comienza la conversación.

- Sabes, por estos lugares la gente tiene pasados que muchas veces es mejor olvidar, si  lo deseas no haré preguntas sobre ti -

- Gracias, creo que por el momento no estoy listo para ese tipo de preguntas -

- Entonces - agrega Alejandro - quiero que sepas que estas entre amigos y que no estás obligado a nada mientras cumplas con algunas reglas del lugar -

- ¿Y cuáles son esas reglas? -

- Solo son tres y muy simples, la primera y la más importante es que en este lugar nadie debe portar armas, todo aquel que desee entrar y traiga sobre todo armas de fuego debe dejarla con el portero -

- Es verdad yo tenía un arma ¿Ese señor la tiene? -

- Así es, pero no te preocupes el portero solo la guarda para que nadie en esta colonia tenga ventajas sobre los otros y él es una persona muy sabia, además de que si realmente es necesaria te la dará -

- Entiendo y las otras dos reglas ¿cuáles son? -

- La segunda es, la muerte es el único delito y se castiga del mismo modo y la última los secretos son las únicas pertenencias privadas nadie tiene derecho ni obligación a decirlos -

- Ya veo - contesta Alastor  - entonces no se preocupe, mientras este en aquí espero no tener problemas, tal vez no es el momento de decir mi pasado pero créame cuando llegue el momento les diré todo -

- No te preocupes toma tu tiempo - contesta y se levanta de lugar Alejandro - te dejo, hay cosas que hacer para seguir con vida -

Así se despide el viejo y se va llamando a Limo para que lo acompañe mientras Alastor se queda pensando en el destino que le ha tocado y sobre todo en el que le pudo tocar a su amada acompañante de la cual no sabe nada y a la cual dirige todos sus pensamientos mientras el día transcurre lentamente en el sitio que parece olvidado por todos los demás seres del mundo.



Iván Quiroga López

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En el texto hay: misterio, drama, fantasia

Editado: 29.10.2019

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