Eureka / Un verano para Encontrarte

Capítulo 4. «¿Mi diversión o mi pesadilla?»

¿Mi diversión o mi pesadilla?

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OLIVER

Ella me observa consternada, y yo aún no he podido parar de reír. Lo que mis ojos están viendo no puede ser verdad.

Encima de haber soportado el desprecio de esa chica malcriada, impetuosa y salvaje, como ninguna otra, también tengo que soportar tenerla viviendo justo al lado de la casa donde viviré por el resto del verano. La vecina de mi tía no podía ser otra que la estrellita que tengo frente a mí... ella.

Porque estoy seguro, habrán pasados diez años pero la imagen de esa casa esta grabada a fuego en mi memoria, mi tía vive en la casa de al lado y yo pasaré ocho semanas ahí a partir de hoy.

Cuando finalmente me calmo me dedico a observarla fijamente, ella aún conserva en la cara esa expresión de: «¿Qué mierda está pasando aquí?»

Pero yo no tengo intención de aclararle nada, y por un momento solo me dedico a detallarla. Porque para mi mala suerte esa chica, de la que aún no se ni el nombre, es como un imán para mis ojos.

Está buena, no lo voy negar, eso fue lo primero en lo que me fijé desde el momento en el que la vi. Tiene todo en su lugar, y en las proporciones adecuadas. Sus vaqueros ajustados acentúan todas sus jodidas curvas, su camiseta azul es simple, de tirantes arriba y un pequeño volado más abajo, pero le queda muy bien, principalmente porque le realza el busto, uno bastante generoso, cabe destacar. La salvaje tiene buen cuerpo, punto.

Y aunque me molesta no poder tocarlo, eso no fue eso lo me hizo seguirla y tomarla por el brazo. Fueron sus ojos. La forma en la que me veía. Como si jamás en la vida hubiera visto a alguien igual. Eran una mezcla de inocencia y rebeldía al mismo tiempo. Cuando se conectaron con los míos sentí unas jodidas ganas por descifrar que había más allá de esa mirada.

Y aun las tengo.

Lucho para poder quitarle los ojos de encima, porque tenerla de frente justo a ella me parece increíble. Es una muy mala pasada del destino que entre tantas chicas que viven en el pueblo sea ella la vecina de mi tía. O quizás simplemente sea todo lo contrario. Porque para nadie es un secreto que es un pueblo chico, lo que no me esperaba al pronunciar esas palabras era que terminaran siendo tan acertadas. Tan literales.

¿Sucede algo? suelta la pregunta cuando estoy seguro que ya no puede contener más su curiosidad.

Y se cruza de brazos esperando una respuesta que ni yo mismo tengo en mi poder. Porque... ¿Que demonios hago yo aquí?

No tengo ni puta idea.

Entonces... ¿Como le explico a la salvaje que me pisoteo el ego esta noche que de ahora en adelante seremos vecinos?

—No pasa nada —niego con la cabeza despreocupado y aprieto los labios para no seguir riendo, entonces me subo a mi auto y pongo en marcha el motor para conducir los metros que me restan hasta el estacionamiento de mi tía, ella va girando la cabeza conforme me ve avanzando. Y como el puesto para aparcar es al aire libre puedo observar desde la ventanilla como su rostro se va contrayendo en una mueca de incredulidad. Apago el motor y me bajo del auto con una sonrisa de oreja a oreja—. Solo que al parecer de ahora en adelante seremos vecinos, Salvaje —concluyo haciéndola rabiar.

Por un momento se le cae la mandíbula al suelo, pero al otro segundo se recompone, alza el mentón y me regala unos ojos chispeantes que si realmente pudieran echar fuego, juro que me quemarían.

Ed también baja del auto y lo rodea para quedar frente a ellas. Él y la rubia parecen estar disfrutando del espectáculo porque veo como se intercambian miradas cómplices y ella cubre sus labios conteniendo una sonrisa.

Sí, no se por qué rayos estoy aquí, pero desde ya lo estoy comenzando a disfrutar. Que a mi padre, el mejor agente de bienes raíces de Miami, se le ocurriera la brillante idea de enviarme a pasar el verano con mi tía, una hermana que ni él se había dignado a visitar en una década, y encima bajo una excusa que ni el mismo se creyó, puede que después de todo no esté resultando tan mal.

Aunque lo hiciera con un patético discurso sobre encontrarme a mí mismo.

«Porque hasta ahora solo he encontrado a una salvaje»

Y pese a que ha sido en contra de mi voluntad, y bajo la amenaza de quitarme todos los lujos y beneficios que me dan el ser su hijo... ¿Qué otra cosa podía hacer?

A regañadientes tuve que acceder a sus mandatos, por supuesto, esto luego de haber tenido, como de costumbre, una fuerte discusión con el imponente Richard Jackson. Lo cual muy poco le interesó, me dio la espalda y se largó a su despacho. Como siempre.

Bien, el quería que me largara, entonces lo haría a mi manera, subí a mi habitación, metí un par de cambios en una maleta pequeña, me vestí apropiadamente, me aseguré de traer conmigo mi tarjeta de crédito Black y salí de la mansión sin mirar atrás, sin decirle absolutamente nada a nadie, cosa que el equipo de seguridad de papá ni siquiera notó porque están acostumbrados a verme entrar y salir a mi antojo, entonces, tomando en cuenta que no llevaba un gran equipaje conmigo, atravesé la salida sin preguntas ni sermones. 

«Él ordena y yo escojo como obedecer» 

¿Para qué dejar para mañana lo que se puede hacer hoy? 

Estaba cabreado, apagué mi móvil y conduje hasta la casa de Edward, que no está muy lejos de la mía, por lo que llegué en menos de cinco minutos. Después vino lo difícil: Convencerlo. 

Lo manipulé con eso de que los mejores amigos no te abandonan y luego de hacer un puchero lo tuve montado en el asiento del copiloto con una maleta en la mano. Porque vamos, me imaginé que encontraría este lugar tal como vislumbraba en los últimos de mis recuerdos que tenía de él: sin un ápice de entretenimiento o diversión más allá de un camping a orillas del río y una fogata para asar malvaviscos. Y por Dios que no podía permitirme esta tortura, al menos no estando solo.



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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