Eureka / Un verano para Encontrarte

Capítulo 11. «Señor Cornudo»

Señor Cornudo

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EMMA

Escuchar el timbre sonar equivale a lo mismo que si me echaran un balde de agua fría encima.

—Tengo que abrir —pronuncio en un hilo de voz, siendo consciente de lo que estuve a punto de permitir que sucediera y arrepintiéndome en el acto.

Coloco mis manos sobre su pecho, notando lo mucho que me están temblando, apartándolo de manera rápida y eficaz para que no descubra cuanto me estuvo afectando su cercanía.

Cuando me detengo frente a la puerta principal la abro sin detenerme a pensar, estoy demasiado alterada, y la sonrisa divertida del chico que aparece frente a mí me lo confirma cuando pronuncia:

—De nuevo como un tomate, ¿eh?

—Adam —digo su nombre, sorprendida con su aparición.

—Ya, no me digas, culpa del sol —bromea, haciéndome sonreír. No busco excusarme, qué más da. Si igual anda un paso por delante que el resto de la humanidad.

—Exacto, culpa del sol.

—¿Acaso están fumados? ¡Si es de noche! —interviene Lisa, recordándome que existe y que justo ahora me debería explicar por qué vino a mi casa con su novio. Este no era parte del plan.

—Tranquila, nena, Emma sabe de lo que hablo —me guiña un ojo, divirtiéndose a costa de mi vergüenza—. ¿Podemos pasar?

—Están en su casa —pronuncio, abriéndoles paso, consciente que mi invitado de honor ha de estar como una carpa en mi cocina.

«¿Puede esto volverse más embarazoso?»

Y me lo pregunto tomando en cuenta que Adam observa mi vestimenta entornando los ojos, y no sé si lo hace por el hecho de que estoy mostrando más piel de lo habitual o porque ha descubierto que llevo puesto un vestido de su novia.

Lo cierto es que me quedo con la duda porque pasa por mi lado, caminando directo hacia la estancia.

—Lo siento, iba a venir sola, pero Adam dijo que extrañaba mucho pasar tiempo con ambas. No me pude negar —murmura Lisa deteniéndose a mi lado—. Sobre todo tomando en cuenta que no me porté muy bien delante de sus padres hoy.

—¿Qué pasó? ¿Qué hiciste?

—Poner en su lugar a la idiota de su hermana —resopla—. Estoy cansada de que me menosprecie delante de señor y la señora Taylor. Es una buja.

No se lo discuto. En serio que Elizabeth se pasa de la raya, y ahora que sale a colación me pesa muchísimo más lo que estuvo a punto de pasar entre el modelito y yo, tomando en cuenta que hace menos de veinticuatro horas la escuché armándole una escenita, cosa que lo único que me deja claro es que ellos dos, de alguna manera, tienen algo que ver.

—¿Cómo la pusiste en su lugar? —pregunto, y la sonrisa maliciosa que me muestra me asusta.

—Dije frente a sus papás que anoche la vi en la discoteca como una cuba, armándole un espectáculo a un chico por el callejón.

—¿Me estás jodiendo? Eres malvada.

—Se lo merece. Pero el punto es que los señores Taylor la interrogaron sobre ese joven y ella alegó que no era nadie, solo un chico que había conocido apenas anoche y que no creía que volvería a ver jamás. Ya ves, el bomboncito y ella no son nada más que un simple rollo de una noche.

—¡Pues por la forma en la que le reclamaba no me lo parecía!

—¿Qué parte de que esa mujer está loca no has entendido?

—Da igual, anda, ve con Adam —le ordeno, para disponerme a cerrar nuevamente la casa, ella resopla, pero me obedece.

Y cuando me vuelvo al frente, un descapotable blanco que va reduciendo la velocidad frente a mi casa llama mi atención. Finalmente se detiene en la casa de al lado y de él se baja Edward, vistiendo unos shorts playeros y una camisa blanca completamente desabotonada que deja muy a la vista un abdomen bien trabajado. Con una mano sostiene sus zapatos y con la otra, lo que creo, es una lata de cerveza.

En el vehículo se encuentran dos chicas en bikini que se despiden de él de una forma bastante animada, él les agradece con un movimiento de brazos y cuando se da vuelta para dirigirse a la casa de mi vecina me apresuro a cerrar la puerta para no quedar como la cotillera del siglo.

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OLIVER

Me dispongo a salir de la cocina cuando siento que ya la salvaje ha tardado demasiado en regresar, y me dirijo a la estancia guiado por el conjunto de voces que se alcanzan a escuchar.

Entonces, al atravesar el comedor, me encuentro de frente con una pareja de chicos sentados en el amplio y negro sofá que decora el lugar. Al chico rubio de inmediato lo reconozco, es el mismo que vi esta mañana, y ahora que lo observo más de cerca hay algo en su cara que se me hace particularmente familiar. Está acompañado de la rubia que anoche se pasó de besitos con el idiota que tengo por amigo, y ambos al notar mi presencia alzan la mirada en mi dirección.

Lisa me regala una sonrisa radiante a mí y una bastante sugerente a su amiga que aparece por el pasillo que conduce a la salida de la casa, consiguiendo que ésta ruede los ojos como ya deduzco que es su costumbre.

La rubia es bastante atractiva, lo que me deja bastante claro el porqué de que Ed le haya puesto el ojo aún bajo sus circunstancias. Lleva un vestido floreado muy veraniego y zapatillas bajas. Su cabello es de un rubio tan claro que puede confundirse con plateado, sus rizos caen a los costados de su rostro y bajan hasta el escote de su vestido. La chica es sexy, lo admito. Pero no más que...

—Hola —me saluda ella, poniéndose de pie—. Creo que no nos han presentado —pronuncia, abriendo tanto sus ojos que me sirve como indicativo para saber que no quiere que hable más de la cuenta frente a su novio—. Soy Lisa, amiga de Em, y él es mi novio, Adam —añade señalándolo. El chico que viste como un congresista se pone de pie y me extiende su mano como saludo, le respondo apretándola adecuadamente con la mía.



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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