Eureka / Un verano para Encontrarte

Capítulo 16. «Muy lindas las flores»

Muy lindas las flores

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EMMA

—Soy una estúpida, no me detuve a pensar. Mierda, no sé cómo pude hacerle algo así.

—Tu no le hiciste nada a él.

—Claro que le hice, lo dañé. ¿Por qué dices que no?

—Porque es la verdad —admito—. El daño te lo hiciste a ti misma.

—No te entiendo.

—Es sencillo: Él va a superarlo en cualquier momento, y va a encontrar a alguien más, alguien mejor, quizás. Pero tú, tú has quedado marcada con el peso de la culpa para siempre. Con la conciencia cochina por un daño que pudiste haber evitado. A fin de cuentas, tu terminaste perdiendo mucho más que él.

—Eres muy cruel, ¿lo sabias?

—Si decir la verdad me hace cruel, me declaro culpable.

La oigo resoplar al otro lado de la línea.

—¡No te llamé para esto, Emma! Ya sé que tienes razón. Que esto me convierte en una desgraciada de talla mundial, pero en serio, necesito a una amiga, no a una madre —me devuelve.

—Tienes razón... debiste llamar a alguien más... a Edward, por ejemplo. De seguro que te necesita para terminar lo que empezaron.

—¿Quieres parar? Ya me basta con mi conciencia. No es necesario que seas tan malvada. Tu no entenderías mis razones, aunque te las dijeras. Tu no sabes lo que es meter la pata, porque no se... ¿eres demasiado perfecta? —una hilarante risita se me escapa.

—Primero, no soy perfecta —pronuncio recordando lo que hice yo esa misma noche—. Y segundo, darle un beso a otro es meter la pata, Lisa. Acostarte con él sin haberle sido sincera a tu novio de tu repentina confusión sentimental... eso se llama cagarla. Y en grande. Porque ni para ser infiel sirves.

—Em, para por favor, yo solo necesito...

—¿Te trago la poceta? La mesa cuatro necesita atención —la voz de Regina se cuela por debajo de la puerta del baño para el personal donde me encuentro, acompañada de unos sonoros golpes en la madera.

—Voy —le grito en respuesta.

—¡Muévete! no se te paga por encerrarte en el baño a hablar por teléfono.

—Estoy haciendo mis necesidades, ¿o tampoco se puede? —me defiendo rodando los ojos.

—Sí, claro —ironiza, y luego oigo el tintineo de sus tacones alejándose.

—Ya oíste a tu cuñada... ¡Oh, perdón! Debería decir ex cuñada —la sigo molestando, porque ni en un millón de años voy a aceptar lo que le hizo a Adam. Lo que más me enfurece es que se lo advertí.

Maldición, le dije que hablara con él antes de la fiesta.

—Vale. Sigue hundiendo tu dedo en mi herida.

—Yo solo me estoy corrigiendo. Es la costumbre —un «aja» monótono se oye al otro lado—. Bueno, te dejo.

—Oye Em, espera. Recuerdas que mañana son las ventas en el parque, ¿cierto?

Mierda, olvidaba por completo que mañana en un parque natural a orillas del río se van a realizar unas ventas, con el fin de recaudar fondos para la hija de los señores Morgan, una familia bastante querida en el pueblo. Ella tuvo un accidente automovilístico hace más o menos un mes, es de mi edad, estudiamos en el mismo instituto, no éramos amigas, pero si cruzábamos palabras cada tanto. La pobre está en coma en el hospital, pero ya se han consumida la totalidad de la suma asegurada de la póliza de salud que sus padres habían adquirido para ella. El hospital no puede seguir cubriendo los gastos de las maquinas, ni las atenciones de los médicos y demás personal que allí laboran. En resumidas cuentas, la quieren desconectar de los equipos que la mantienen con vida. Sus padres se niegan, porque aún guardan esperanzas de que ella despierte. Pero sin el dinero no les quedará otra opción.

Por eso, una gran parte de la comunidad hemos organizado una venta masiva en el parque, donde se estarán instalando toldos para ofrecer distintas clases de comidas, dulces, artesanías, recuerdos y todo cuanto se pueda servir para recaudar el dinero que la familia necesita.

Concursos, bailes y música en vivo, son otras de las actividades que se van a realizar. Lisa y yo tendremos un puesto. Yo me encargaré de preparar un montón CupCakes y ella con su radiante sonrisa es la encargada de venderlos a cuanto hombre, mujer y niño nos pase por el frente.

El problema es que ya es viernes, la actividad es mañana y ni siquiera he ido a comprar los ingredientes y demás materiales que me hacen falta. Suerte que desde que me comprometí con esa causa me encargué de hablar con el señor Daniel para pedirle el día de mañana libre, de lo contrario estaría mucho más enredada de lo que estoy ahora.

La familia Taylor también va a participar y tendrán su propio puesto de licores. Si Adam asiste será la primera vez que nos veamos luego de la fatídica noche. Pero no es eso lo que me preocupa, sino que también será la primera vez que él y Lisa se encuentren cara a cara después de haberla pillado haciendo sus malditas cochinadas en la casa de mi vecina, en una fiesta a la cual nunca debimos ir.

Mi cabeza se ha pasado toda la semana trabajado a mil revoluciones por segundos, formando un juego de letras que dan siempre el mismo resultado: Adam, Ezra y Oliver.

Tres nombres, tres problemas.

El primero me tiene muy preocupada. Me siento demasiado culpable, como si fuera yo quien haya incidido en una traición hacia su persona. Como si yo misma lo hubiese engañado con otro, en lugar de ella. Quizás sea por la culpa de haberlo sabido todo, sospechar su desenlace, y aun así, no haberlo evitado. Lo he llamado mil veces. Pero no ha atendido ninguna de mis llamadas. Sé que no puedo hacer nada, que ya el mal está hecho y que no me debería inmiscuir. Pero Adam es mi amigo y odio que me odié por creer que yo estuve a favor de todo esto. Necesito hablar con él.



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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