Eureka / Un verano para Encontrarte

Capítulo 20. «Mi jodida Kryptonita»

Mi jodida Kryptonita

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EMMA

—No lo voy a repetir Emma, aléjate de él ¡Ahora! —escucho a mi padre repetir, y lo observo sin dar crédito alguno a lo que estoy escuchando.

Esto tiene que ser una broma. Comienzo a creer que en serio estoy cometiendo un grave error cada que dejo al modelito entrar, cada que permito que siga penetrando mis defensas, cada que consigue hipnotizarme con su mirada, y lo peor es que, aunque tantas intromisiones ajenas me lleven a cuestionarme ese hecho, no puedo negar cuanto me gusta tenerlo cerca. Maldición, me encanta.

Y quisiera decir que soy fuerte, que soy tan impenetrable como muchas veces intento mostrarme, pero la verdad es que no es así, un insignificante roce de sus manos me desestabiliza, una simple sonrisa de su boca me derrite y un pequeño contacto de sus labios sobre los míos me vuelve completamente loca.

Doy un paso a mi derecha para cerciorarme de que no son alucinaciones mías, Oliver gira sobre su eje y ahora ambos estamos frente a mi padre.

—¿Qué haces tú aquí? —mi pregunta en realidad es un escudo, es una protección con la que intento ocultar la vergüenza que me produce esta patética escena, porque sí, realmente me molesta que se atreva siquiera a decirme que hacer, pero es imposible no sentirme expuesta por lo que estoy segura, estuvo a punto de presenciar.

—Solo ven conmigo, Emma —es la respuesta que me da Eric.

Vale decir que sus ojos están fijos en un punto más abajo de mi pecho, sigo su mirada y solo así puedo descubrir el motivo de su mandíbula apretada y de sus ojos furibundos: porque Oliver no ha quitado su mano de mi cintura. Al contrario, me tiene rodeada la espalda con su brazo y ahora me aprisiona con mayor fuerza contra su costado. No se si lo hace inconscientemente o es solo una manera de decirle a mi padre: «Ella no irá a ninguna jodida parte contigo».

Lo cierto es que su afán por retenerme a su lado no me incomoda en lo absoluto, por mucho que odie a Oliver, me siento mucho mejor con la idea de quedarme junto a él, que la de irme junto a Eric.

—No iré a ninguna parte contigo —le espeto, cruzando mis brazos sobre mi pecho, y reafirmando mis palabras con ese gesto. Él niega con la cabeza y su mandíbula se contrae con mayor intensidad.

Mi padre no es un hombre violento en lo absoluto, sí, lo detesto, pero no por esa razón, lo hago porque nunca podré comprender como fue capaz de engañar a mi mamá, como fue capaz de destruir a nuestra familia.

No me fui de casa porque de alguna forma me sintiera amenazada o violentada, ni siquiera por parte de Dakota, me atrevo a decir que la que hizo de su vida un infierno fui yo. Me fui porque no soportaba verlo feliz con su nueva familia, porque no solo era soportar a la causante de mis desgracias viviendo bajo mi techo, sino también al chico dos años mayor que yo con el que ella se plantó a vivir en mi casa, porque sí, mi oportunista maestra de tercero era una indefensa madre soltera y le bastó con unas cuantas noches bajo las sábanas de papá para que él le bajara el cielo, la luna, las estrellas y les diera a ambos un lugar para vivir, tan solo una semana después del fatídico día en el que mi madre se queda dormida para la eternidad.

Él le dio a ella el lugar que una vez fue hogar de mi madre y todo esto mientras que yo debía visitar su tumba una vez al mes junto a mi abuela.

¿Insoportable? Sí, por eso me fui, porque no es justo, no es justo que él siga sonriendo mientras que la sonrisa mamá se perdió desde el día en que sus ojos se cerraron para no abrirse jamás.

De alguna manera vivir en la casa donde ella se crío me hace sentir más cerca de ella. Más cerca de la mujer que fue absolutamente feliz durante su juventud. Una que tenía la típica habitación de adolescente hormonal, la cual sigue intacta y que visito cada tanto por mera melancolía y masoquismo. Porque sé que mientras ella vivió allí, su corazón no tuvo razones para sufrir.

Querer a alguien con tanta intensidad puede acabar contigo, puede acabar con cada parte de tu alma y con cada centímetro de tu anatomía, eso le paso a ella, no pudo soportarlo, no pudo soportar que la persona que amó durante tantos años la engañara, y se auto destruyó, el dolor la hizo cometer errores que la llevaron a la muerte.

Quizás yo era demasiado joven para comprenderlo en ese entonces, pero no lo soy ahora, quisiera pensar que el pasado de mis padres no ha afectado lo que soy hoy en día, pero sería una total mentira, porque en mi interior hay una barrera, una que divide la cordura de la locura y si la cruzo estaré totalmente perdida.

Pero esa barrera se está haciendo más frágil cada vez que estoy cerca de este chico que se fue un día sin previa despedida y regresó luego de una década para irrumpir en mi vida convertido en mi jodida Kryptonita.

Una Kryptonita capaz de acabar con mis defensas con una velocidad alucinante, y admito eso me asusta, porque he deseado durante tanto tiempo sentir lo que él ha despertado en mí en tan solo unos días, que ahora no sé cómo manejarlo. Llevo demasiado tiempo aferrada a esta coraza que no me deja disfrutar de mis sentimientos por miedo a terminar como mi madre, por miedo a la desilusión, por miedo al engaño, a la mentira.

Y me rendí con Ezra, aceptando que la había construido tan impenetrable que ni siquiera me permitía corresponder a sus sentimientos, y ahora, es tan traicionera que se quebranta a merced del chico equivocado.

Y así podría seguir divagando en el mar de sensaciones que se están desarrollando a la velocidad de la luz dentro de mi ser, pero Eric habla nuevamente, trayéndome de vuelta a la realidad:

—Hija, no soy quien para exigirte nada, pero...

—Es bueno que lo sepas, ahora déjame en paz —lo corto.



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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