Falso reflejo

Capítulo 3

El tráfico a aquella hora de la mañana no daba tregua a los impacientes; decenas de coches pasaban a duras penas entre el cruce que dividía las dos direcciones de la carretera en cuatro salidas más.
La rotonda en el centro, un enorme círculo de flores, cuyo destino más seguro sería acabar aplastadas por las ruedas del primer despistado que pasara por allí, ofrecía un esquema de color rojizos y amarillo. Salir del frío gris de la ciudad, y mirar aquellas flores, solía ser un placer para Lucas, aunque en ese momento apenas les prestaba atención.

Comprobaba mentalmente todos los sitios donde podría estar; paradas de autobús, el metro, buscando un taxi, incluso el aeropuerto era una opción.

Al desconocer por completo donde vivían los padres de Karen, no podía adivinar en qué lugar la encontraría. Sabía que no vivían en la ciudad, pero tal vez siquiera vivan en el país. El riesgo a buscarla y perderla era demasiado grande, por lo que tenía que delimitar su búsqueda al menor rango de espacio posible. Pensarlo era más fácil que hacerlo, al no tener una clara idea, solo daba vueltas con el vehículo alrededor esperando tener la suerte de su parte y encontrarla caminando.

Detuvo el coche en una pequeña calle rodeada de bellas casas con preciosos jardines bien cuidados. Aquella zona era una parte adinerada de la ciudad, por lo que dudaba que Karen hubiera pasado por aquel punto, pues no la llevaría hacía ningún lugar donde pudiera huir, acaso que ese no fuera su objetivo real.

El reloj del salpicadero marcaban las once en punto cuando Lucas llegó al aparcamiento del centro comercial situado a escasos cinco minutos a pie desde las oficinas. Aquella idea le hizo pensar; Si todo fue una trampa de Karen, era posible que estuviera con James y, si se quedaba a comprobarlo tal vez acabaría detenido.

El teléfono que tenía guardado en el bolsillo interno de la americana azul marino comenzó a sonar , asustado miró el remitente; De nuevo, el número que aquella noche había llamado, Karen.
Sintiéndose estúpido por no recordar que podría localizarla facilmente si tan solo llamaba una y otra vez hasta que respondiese, contestó a la llamada.

- Karen ¿Donde estás?. Te has llevado algo peligroso y mío - recalcó esa palabra.- por favor, devuelveme el pen.

- Gabi, estoy en la oficina. Recogo unas cosas y me voy.- Hablaba en voz baja, como si temiera ser oída.- Mira, olvidemos el pen por ahora, cuando he llegado me enteré que habías intentado piratear los servidores o no sé qué cosa de informáticos. El caso es que James te citó para que confieses. Aún no llamaron a la policía, pero ya que me has ayudado esta noche,y aunque sigo enojada contigo, te digo que si te quedas ahí hasta que el jefe llegue tendrás problemas.

La sangre de Lucas se helaba por momentos. Estaba siendo totalmente consciente de que sus esfuerzos habían sido en vano. Todo lo que había logrado en cinco años, lo tiró por tierra un desconocido con solo un día trabajando allí. 
No quería acabar en la cárcel y mucho menos que todo el mundo sepa que el chico prodigio había fallado en algo así.

- Gracias por la información, pero necesito recuperar el pen.

- Te daré una dirección, es la casa de mis padres. Apunta el algún lugar y cuando consigas esconderte, ven a por él.

No estaba seguro de ir, sabía que  tendría que sufrir de otro intento de Karen por tener alguna relación sexual, pero no podía olvidar el pendrive. Dentro estaba el programa destructor, y si era capaz de analizarlo hasta su base más profunda, sería capaz de completar su objetivo aunque ahora fuera un fugado de la ley.

Sin hablar nada más, arrancó el coche y salió sin destino fijo, solo quería estar lo más lejos posible de aquel lugar.

La antigua casa de sus padres, que compraron cuando emigraron de México en busca de un mejor futuro cuando el joven solo tenía dos años, estaba situada en un barrio conflictivo, pero tenía esperanza en que nadie lo buscaría allí mientras pensaba su siguiente paso. Debía salir de la ciudad, incluso del país.

La vivienda, cerrada por cuatro años, mostraba un aspecto de dejadez y olvido total. Sus paredes, grafiteadas y el pequeño jardín, del tamaño justo para aparcar un coche de tamaño mediano, estaba lleno de botellines de cerveza y jeringas que usarían los drogadictos de la zona para coger su colocón de sustancias no solo ilegales, sino destructoras para el cuerpo. No entendía como las personas se destruían a sí mismas bebiendo alcohol, fumando, o tomando drogas. Todo el mundo piensa que su hora jamás llegará, y hasta cierto punto, se sienten inmortales. Imaginan esos casos en las noticias del día donde personas mueren y piensan « a mí no me pasará eso». Sin embargo si ocurre. Nadie está fuera del alcance de la fugaz y mortífera mano de la parca.

Aparcó el vehículo entre dos estrechas calles, un poco alejadas de la vivienda, de ese modo se aseguraba que no encontrasen el vehículo y dedujeran su paradero.

Una vez en la puerta principal, con notable esfuerzo, consiguió que la oxidada cerradura cediera con la presión de la llave y entró.
Aquella casa, hacía cuatro años, fué cerrada cuando sus padres murieron allí dentro. Unos vulgares ladrones en busca de dinero para su dosis diaria de estupefacientes fueron sorprendidos por ellos, y el miedo a que llamaran a la policía fue mayor que el sentido común; dispararon un total de siete veces cada uno, sellando el destino de sus padres, e invitando a la muerte a llevarse sus almas.

Sentía escalofríos allí dentro, pero no tenía otro sitio donde esconderse. Se aseguró que todos los ascesos a la vivienda estuvieran cerrados, ya fueran las dos puertas que permitían entrar; una siendo la entrada principal, y la otra la puerta trasera, que daba a la cocina, y las ventanas de la planta baja y la superior.
Estaba nervioso, pasaban de las doce del mediodía por lo que James sabría que no se presentó, solo tendría que llamar a la policía y la ciudad entera se convertiría en un campo de supervivencia. Debía pensar rápido, James era un tipo poderoso con mucha influencia en las más altas cortes de la ciudad, y si quería, se pudriria en la cárcel hasta el día de su muerte. No podía darle el placer de derrotarle en esta ocasión, aunque falló en su ataque, aún seguía libre, y acabaría escapando y completando su objetivo de venganza.



Jonathan Torres

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En el texto hay: suspense, infiltrado, mafia

Editado: 27.12.2020

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