Fantasia- El elegido

1- Asechado

El viejo Young tamborileaba los dedos impaciente contra un anaquel de hortalizas, miró de nuevo su reloj de pulsera y dio un largo suspiro de molestia, de nuevo se retrasaba más de dos horas, si seguía así, no tendría más remedio que hacerlo a un lado.

La puerta de empleados se abrió de golpe y Oliver entró con prisa casi tropezando con una caja repleta de botellas vacías, cerró la puerta tras de sí y sus ojos negros se toparon con la mirada desaprobatoria de su jefe (y padre adoptivo). Oliver, le sonrió tan ampliamente que sintió que casi se desgarraba las comisuras de los labios, mientras que el ceño del señor Young se fruncía (sorprendentemente) aún más.

-¿Tienes acaso idea de la hora que es?

- Había tráfico- Mintió con descaro Oliver terminando de entrar al establecimiento.

-¡¿Tráfico?!- Explotó el hombre y de inmediato, comenzó a hablar y a maldecir en coreano, Oliver caminó hacia el segundo pasillo seguido de su enfurecido padre quien lo regañaba a voz populi, le gritaba sobre el valor de la puntualidad, el tiempo y la responsabilidad que él tenía con el restaurant.

Mientras que su padre gritaba, Oliver pensaba en otras cosas, como por ejemplo: Establecer un día para ver a su ex pareja y devolverle sus cosas, o el porque se sentía acechado aún estando cerca de su histérico padre adoptivo. Tomó el delantal negro con un dragón bordado en hilo verde al frente y se lo colocó con rapidez, luego, caminó hacia las cocinas y marcó su entrada para tomar una libreta, la chequera de cuentas y un boli, acto seguido, encaró al señor Young.

-¡Papá!- Exclamó moviendo las manos frente a su cara, el viejo Young calló de golpe- ¡Basta! Está bien, entendí el concepto, enserio- Su padre lo miró furibundo- ahora, debo ir a trabajar, recuerda: El tiempo es oro- dijo esto último en coreano y dio media vuelta saliendo de la cocina y encaminándose hacia la mesa cuatro, en dónde una familia recién llegada, esperaba ser atendida.

Las horas pasaron casi eternas, Oliver iba de aquí a allá sin descanso, los viernes eran los días topes de trabajo, así que el muchacho no se percató de que dos muchachos lo observaban a través del ventanal sin ningún tipo de disimulo.

-¿Hasta cuándo debemos esperar?

- Hoy es el día, no te preocupes...

-Hemos perdido dos semanas Valiosas, Or. No me digas que no me preocupe. ¿Y si mejor lo noqueamos y lo metemos en un saco?

El compañero, colocó los ojos en blanco pero no comentó absolutamente nada, simplemente, comenzó a caminar lejos del otro muchacho, este lo comenzó a seguir y suspiró al llegar a su lado.

-Solo estoy desesperado, esto se ha alargado demasiado...

-Solo un par de horas más- prometió el chico

-Eso espero.

Ambos muchachos caminaron por la concurrida acera, sin ser vistos por nadie.

 

La noche cayó y Oliver se encontraba limpiando las mesas del vacío restaurant, él por lo general era el primero en marcharse hasta 30 minutos antes, pero por una extraña razón se sentía de buen humor en ese momento, a pesar de que el día pasó lento y tortuoso, la propina había sido magnífica, así que de buen humor se quedó hasta bien entrada la noche.

-¿Aún sigues aquí, muchacho?

-Estoy a punto de terminar- respondió Oliver mientras con el paño tallaba una mancha de salsa de soya.

-Deja eso así- El señor Young le colocó una mano en el hombro de forma amistosa- Yo puedo terminar. Es tarde.

Resistiendo el impulso de colocar los ojos en blanco, Oliver asintió y dejó el trapo encima de la mesa y se enderezó para luego mirar a su padre adoptivo a los ojos.

-¿Te espero para cenar?- Preguntó desatando el delantal

-No- comentó el señor Young limpiando la mesa que Oliver había limpiado con anterioridad- Me quedaré esta noche aquí.

Oliver nunca comprendió el extraño amor que su padre sentía por aquel viejo restaurant familiar, nunca desde que él tiene conciencia, lo vió en compañía de una mujer u hombre, era siempre él y el Restaurante. Dejó el delantal en el respaldar de la silla y se despidió de su padre, avisando que le dejaría algo de comer en el microondas. Fue a la cocina para marcar su salida y salió sin más por la puerta de empleados metiendo las manos en el bolsillo de sus blue jeans.

Él iba tan sumido en sus pensamientos, que cruzó la calle con un semáforo en rojo, para su suerte, no pasaban autos y las calles estaban desiertas, poco a poco el frío de Noviembre comenzó a calarle los huesos, se abrazó un poco y pensó que sería buena idea patear una piedra atravesada en su camino; dicha piedra cayó dentro de un callejón cercano y de inmediato se escuchó un quejido de dolor, debió haberle dado a algún vagabundo, así que con un sobresaltado -'disculpe' - siguió su camino.



ANAILEC

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En el texto hay: romance drama accion, aventura epica

Editado: 02.02.2019

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