Fantasia- El elegido

5- Camino hacia Grimm

El campo de energía se deshizo como Muriel había dicho, con los primeros rayos de sol. Estos al tocar la cara de los muchachos los hizo despertarse casi de inmediato, aunque con Daleón no hicieron mucho esfuerzo, pues el elfo llevaba levantado dos horas antes y vigilaba con atención el camino por ambos lados, a su lado, tenía una pequeña hoguera que asaba varios pinchos de carne. Daleón meditaba sobre lo de anoche, pero al sentir las manos de Oliver en su hombro, restregó sus ojos y fingió bostezar.

-Buenos días, Oliver.

-Buenos días- comentó el muchacho restregando su ojo derecho.

Los otros elfos se les acercaron.

-¿Dormiste bien Oliver?- preguntó Muriel sirviéndose el desayuno. El chico asintió enérgicamente.

-Parece extraño, pero dormí mejor en este suelo que en mi propia cama.

-Suele pasar- sonrió Orión.

Los chicos tomaron su desayuno y se asearon de manera fugaz en un pequeño vado cercano al camino donde se hallaban. El vado estaba casi en sus últimas, era como si fuese un enorme charco en tierra lodosa, pero a pesar de su aspecto, el agua era cien por ciento potable, Oliver logró calmar su sed matutina y los elfos llenaron las cantimploras de agua, luego despojándose de sus zapatos, cruzaron el vado hasta el otro extremo, se calzaron nuevamente y de ahí siguieron un camino de rocas totalmente distinto adentrándose al bosque profundo.

Después de caminar varias horas sin descanso, llegaron a los pies de una montaña de aspecto marchito y sombrío, para el alivio de Oliver, no se adentraron a esa montaña, solo siguieron de largo hasta llegar a una extraña extensión de arenas rojas; pero, la satisfacción le duró poco a medida de que atravesaban el desierto, el aire se tornaba cada vez más y más pesado, el ambiente caliente era casi asfixiante y desesperante, con velocidad el agua se terminó en un parpadeo, ahora los cuatro muchachos caminaban casi arrastrando los pies sin descansar un momento, la sed hacía que las gargantas se secaran a tal punto de no poder hablar con claridad.

-Haremos una parada en el pueblo cercano, no te preocupes Oliver- comentó Orión al ver al chico casi arrastrándose por el suelo- tomaremos un merecido descanso allí.

Muriel trataba de librarse del calor echándose aire con su gorro, pero era un poco contraproducente, pues el aire que azotaba su cara era demasiado caliente como para refrescar; Orión caminaba de ultimo con algo de dificultad, pues andaba descalzo y el ardor comenzó a hacerse presente en la planta de sus pies, resoplaba cada cinco minutos con el flequillo empapado de sudor pegado a su frente, deseando llegar a Naporia. Daleón quién iba al frente era el único que no parecía afectado por el abrasante calor, a pesar de que el elfo sudaba como nadie y tenía las mejillas rojas.

30 minutos más pasaron de tan tortuoso camino y al llegar a una especie de pueblo fantasma, Oliver no lo soportó más, desesperado, comenzó a mirar a los lados buscando aunque sea un charco, pero todo lo que halló fue una hilera de casas hechas pedazos, carros de mercado volcados con toda la comida ya algo pasada y monedas (de extraño tamaño) esparcida por el suelo, charcos de algo parecido a la sangre seca se fundía con el suelo.

Ninguno de los elfos habló, solo miraban el lugar con asombro sin parar de caminar, cuándo Oliver hizo un ademán de detenerse, Muriel lo empujó para que siguiera, el chico chasqueó la lengua y avanzó, los cuatro se alejaron del lúgubre pueblo con velocidad, Orión caminaba con las orejas gachas, la maldad había azotado Naporia, así que con pesar debían seguir sin probar una gota de licor.

-¿Ese era...?

-Sí- respondió Orión- Era el pueblo que te comente, ese pueblo era un lugar de paso, las casas que vimos en ruinas eran posadas repletas de abanicos, comida y bebidas refrescantes, era un lugar agradable en medio de este infierno- suspiró.

Se adentraron aún más al desierto, simplemente el calor era tan ridículamente fuerte que hasta sentían como la piel se les quemaba, esta vez, el terreno era distinto, pues ya no había arena ahora el suelo era de superficie rocosa y quebrada con géiseres esparcidos cada 3 o cuatro metros, estos soltaban chorros de vapor hirviendo sin piedad. Oliver no lo soportó más.

- Este calor me va a matar- se quejó- por favor, llevamos demasiado tiempo caminando sin descansar, detengámonos así sean dos minutos- pidió.

-No- Daleón negó firmemente- estamos cruzando el campo de géisers, si nos detenemos así sean dos minutos, moriremos en cuestión de segundos. Lo más sano es seguir en movimiento, estamos cerca.

Justo al terminar de hablar, un enorme géiser soltó un buen chorro de vapor que terminó de hervir el ambiente con el apestoso olor a azufre.



ANAILEC

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En el texto hay: romance drama accion, aventura epica

Editado: 02.02.2019

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