Formé (2°parte Saga Salvajes)

Capitulo 1

“En ocasiones me gustaría poder tirar el tiempo atrás para quitar toda la tristeza, pero creo que, de hacerlo, también se iría toda la felicidad”

Nicholas Sparks

*

Una vez que soltó su melena rubia e introdujo las manos en los bolsillos de su bata blanca, camino por los pasillos del hospital de Madrid hasta llegar a su oficina. Había estado toda la noche de turno y ahora por fin se podía ir a casa a descansar.

Susan, quien hace casi siete años se propuso estudiar medicina, hacer algo por mejorar su vida y sentirse más realizada, había logrado terminar su carrera tal y como se lo propuso.

Le había costado sí, pero sus ganas por querer lograrlo la llevaron a que hace más de un año se titulase como médico general. Había aprendido un nuevo idioma; español. Sin este, le habría sido imposible poder estudiar, sin embargo, gracias a la ayuda de Freya y Luke se le hizo mucho más fácil aprender.

Los tres que partieron desde Georgia, aun vivían juntos en la casona que compro Thomas Evans para su hija menor; Freya.

Al llegar a Madrid la realidad de saber y ser consiente que tendría que aprender a vivir una vida totalmente distinta a la que ella conocía, la asusto. En un principio se sintió fracasada sin siquiera intentarlo. Los edificios, construcciones y el hecho de que podía existir tantas personas juntas en un lugar, la choqueo.

“No podría lograrlo” fue su primer pensamiento. No tenía idea de cómo comunicarse, nunca en su vida había escuchado otro idioma que no fuera el inglés. Lo primero que hizo fue entrar a un curso de español. Durante un año se preparó y a prendió lo que más pudo. Cuando ingreso a la universidad no lo paso bien en el primer año. Fue objeto de burlas varias veces, su aspecto campestre, sus malos modales, el mal acento español y el poco sentido de moda que tenía, le hizo pasar más de un mal momento que la llevó a llorar en silencio y soledad. Nadie dijo que sería fácil, aquello fue duro y se volvió aún más, cuando comenzó con las materias de la carrera.

Sin embargo, no estuvo sola. Freya y Luke siempre estuvieron para ella, a pesar que este último en un principio fuese su enemigo número uno y no la tratase muy bien, ambos fueron una pieza fundamental para lograr convertirse en la mujer que era ahora.

Saco su maletín de la oficina y antes de salir se miró al espejo. Ahora, era una inteligente, rubia y sexy doctora. Se puso una mecha de tras de la oreja y sonrió al aceptar que se veía mucho mejor con su pelo natural a que con mechas color rosas.

–hasta mañana doctora Thoros –se despidió su secretaria.

–te veo mañana Mónica –sonrió Susan. Salió rápido del hospital y se montó en su vehículo.

Veinte minutos después estaba afuera de la puerta de su casa, introdujo la llave en la puerta, sin embargo, esta fue abierta desde el interior.

–¿cómo estuvo ese turno? –pregunto Luke apoyándose en la puerta dándole paso para entrar, se demoró en responder. Su atención se fue al pecho y brazos que dejaban ver la musculosa que traía puesta.

–agotador, como siempre –respondió con tono cansado pero acompañado de una dulce sonrisa.

–¿tienes hambre? prepare algo para el almuerzo –dijo Luke

–¿Freya está en casa? –contra preguntó.

–no aun no llega, debe estar ocupada con su asunto –respondió desde la cocina.

–Luke, ese asunto tiene nombre –recordó mirándolo desde la puerta –bueno, comamos, dudo que llegue temprano –añadió caminando hacia su habitación para dejar sus cosas y luego bajar a cenar.

Al transcurrir casi siete años fue inevitable para Susan desarrollar sentimientos por Luke, sin embargo, era demasiado orgullosa como para admitirlo y mucho menos para confesárselo. Jamás le diría lo que sentía por él, ya que ella misma veía como Luke aún se aferraba a la posibilidad de tener algo con Freya. A pesar de que ella cada día que pasaba le decía de buena manera que solo lo podía ver como un gran amigo y más como un hermano, el insistía y se aferra al pequeño porcentaje de algún día convertirse en la pareja de Freya.

Aun así, estaba contenta con su nueva vida y de lo que había logrado.

No obstante, se sentía incompleta. En el fondo de su corazón no se olvidaba de donde era, ni de donde había crecido.

Sí... extrañaba Georgia y extrañaba a su familia; Jeremías y Cael. A decir verdad, no había perdido contacto con ellos. Bueno, más que nada con su abuelo, ya que Cael no daba señales de vida... todo lo que sabía de él, era por Jeremías. No es que hablaran todos los días, sin embargo, tenía noticias que le servían para saber de sus vidas y que al menos se encontraban bien. Por supuesto no compartía eso con nadie, en su nuevo hogar no se hablaba de Georgia, ni de alguien que se apellide Thoros.



Raisa Venher

Editado: 22.12.2019

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