Formé (2°parte Saga Salvajes)

Capitulo 3

 

Freya se encontraba en una etapa en que la calma, paz y tranquilidad guiaban su vida. Se dedicaba a disfrutar a su hijo y trabajo.

Sus días y semanas eran siempre los mismos. Primero, preparaba a Martín, tomaban desayunos juntos y luego lo llevaba al instituto. Y lo segundo, era trabajo, se pasaba gran parte del día en la firma. No tenía vida social y tampoco la extrañaba, prefería estar en casa y disfrutar el tiempo con su hijo. Lo adoraba con todo el corazón, sabía que jamás reemplazaría al hijo de ella y Cael, pero Martín era suyo. Nada significaba que no tuvieran la misma sangre como su padre recalco en su momento, ella era su madre y el su hijo. Cada día que pasaba con él, agradecía a dios porque llegara a su vida a llenarla con su característica personalidad, con sus risas y preguntas, era su hijo y nadie le diría lo contrario. Le dolió que su padre no la apoyara desde un principio, sin embargo, después de unos cuantos encuentros con Martín, Thomas estaba encantado con su segundo nieto.

Con él pasar del tiempo había vuelto hablar con su familia, no obstante, la relación con ellos no había vuelto a ser la misma.

se había alejado, nunca olvidaría que no la apoyaran cuando más los necesito, nunca olvidaría que no le creyeron que lo que le había sucedido había sido más que un simple accidente.

Aun así, no los extrañaba en su vida. Se sentía tranquila y plena, casi podía decir que se había congraciado con la vida, no obstante, era consiente que una parte de su alma estaba muerta, y eso, la había cambiado. No era la misma y lo sabía.

Jamás lo seria, Cael se había llevado una parte de ella, le había robado la felicidad e incluso en ocasiones sentía que estaba muerta en vida, hubo un tiempo en que nada le importaba, si estaba bien o estaba a punto de morir a ella le daba igual, lo odio por eso. Odio a Cael, no tendrían que estar separados. Odio tener que necesitarlo, extrañarlo, pero por sobre todo, lo odio por amarlo.

Sin embargo, con el pasar de los años había eliminado el odio de su vida, no era bueno vivir así. Cael seria siempre alguien importante en su vida, jamás lo negaría, pero ya había aceptado dejarlo ir y con ello el amor que sentía por él

*

Susan llego con gran entusiasmo al hospital. Su turno comenzaba dentro de media hora y para ella la puntualidad era parte de su vida, siempre llegaba temprano a todo. Si había algo que detestaba, era que la hicieran esperar.

Una vez instalada en su oficina, ordeno y arreglo los archivos para finalmente ponerse su delantal.

Le faltaban alrededor de quince minutos para comenzar el turno. Decidió ocupar sus últimos minutos en sus redes sociales, al desbloquear la pantalla se dio cuenta que tenía seis llamadas perdidas de un número desconocido, instintivamente devolvió la llamada, pero aquel la había pasado a buzón de voz, decidió no darle importancia.

Al cabo de cuarenta minutos ya había comenzado su turno, es más, se preparaba para atender a su tercer paciente, sin embargo, nuevamente vuelve a sonar su teléfono. Iba a rechazar la llamada, pero al darse cuenta que era el mismo número desconocido que la había estado llamando durante la mañana, decidió contestar.

–¿si? –dijo con absoluta seguridad.

–¿Susan? –escucho decir y se sorprendió al reconocer la voz.

–¡¿Cael?! –exclamo no creyéndolo y emocionada de escuchar su voz después de tantos años.

–¿cómo estás? –pregunto. La alegría se esfumo por el solo hecho de escuchar la fría voz que había empleado Cael.

–bien, bien, gracias por preguntar y tú, ¿cómo has estado? no he sabido de ti en mucho tiempo –respondió Susan con tristeza.

–sabes que no tengo mucho que contar, pero sí, estoy bien –respondió cortante.

–siempre es así contigo, si no fuera por Jeremías no sabría si sigues vivo o no. No te pido que me llames todos los días, pero me conformaría con saber que al menos estas bien –reclamo.

–Susan... –dijo Cael.

–sabes, mejor dile a Jeremías que me siga hablando. No es bueno hablar contigo –contesto con la voz quebrada.

–Jeremías ha muerto … –escucho a través del teléfono. Las palabras pronunciadas por Cael tardaron en llegar a su mente y comprender lo que significaban. Sus ojos se llenaron de lágrimas que rápidamente cayeron por sus mejillas. Fue incapaz de pronunciar palabra.

Su abuelo había muerto…su, su padre murió y ella no estuvo allí acompañándolo.



Raisa Venher

Editado: 22.12.2019

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