Gaia: El portal hacia la destrucción

I «Katastrofí»

 

  Me encuentro en un bosque nevado con millones de relámpagos destellando el cielo en tan solo milisegundos. Camino hacia un lugar, un lugar sin principio ni final. Los relámpagos paran y mi cuerpo se inmoviliza contrayendo de una forma abrupta mis pulmones.

—Serás nuestra nueva aliada. Tú darás el inicio al final de la tierra —indicó una retumbante voz proveniente del cielo.

—¿Quién eres?

—Yo lo soy todo y a la vez nada. Yo soy la razón y la justicia. Yo soy quien elige al nuevo «Katastrofí»... Y tú eres la elegida.

—¿Quién seré?

—En el mundo de los mortales te conocerán como Colette, aparecerás con 12 años en un bosque. Mandaremos a una manada para que te guíe a tu destino, el alfa será uno de nuestros mejores jefes «Lykaios».

—¿Cuál es mi misión?

—Cuando cumplas los 27 años deberás encontrarte con tu aliado, al encontrarse y conectarse, la tierra comenzará a autodestruirse. Si no logran encontrase a tiempo y abrir el portal, todos morirán eternamente, una muerte de agonía sin fin. Librar el alma de todos los mortales estará en sus manos. Mientras tanto intenta llevar una vida normal.

—Cumpliré exitosamente mi misión, no lo defraudaré.

—Antes de que tu cuerpo despierte debes saber que portaras el alma de «Gaia», será como una entidad, ella no puede hablar pero puede otorgarte su poder y eso tiene un costo. Solo despiertala en casos de vida o muerte, sus poderes te costarán partes inmensas de energía.

  Cierro los ojos y al abrirlos me encuentro en el bosque que aquella entidad había nombrado.   
  Me levanto del húmedo suelo y miro hacia el cielo, se ve un gran meteorito a lo lejos destellando la total oscuridad, no estoy segura de que eso fuera un meteorito, ¿será mi aliado?

—Bienvenida señorita —saludó una grave voz captando mi atención.

  Al darme la vuelta vi solo una manada de lobos, ¿entonces de quién fue esa voz?

—¿Eres Lykaios? ¿Puedes hablar? —pregunté confundida.

—Sí, somos tus acompañantes y escoltas. Ellos son mi manada.

—Höor, a sus órdenes —dijo él lobo ciego.

—Hela, un gusto pequeña —añadió la única hembra de la manada aferrándose a mí —. Saluda a la pequeña Fenrir, no seas terco.

—A sus órdenes —rechistó él lobo más grande.

—E-están hablando.

—Creo que su memoria ya se está borrando. Debemos llevarla a un lugar seguro lo antes posible —ordenó él Alfa de la manada.

  Él lobo más grande se inclinó hacia mí para que lo montará, y Hela me ayudó a subir a su lomo poniendo su osico.

—Agárrate bien —demandó Fenrir.

  Tome fuertemente de su pelaje y comenzó nuestro viaje, iban a tal velocidad que no podía contemplar el bosque. Luego  de unas horas de viaje pararon en una cueva, bajé del lomo de Fenrir y una fuerte jaqueca comenzó a estallar mi cerebro produciendo que mi nariz sangrara.

—Gaia ya está presenté, la niña se está volviendo en una mortal. Todos a sus cuerpos.

—Prendan una fogata —indicó Lykaios.

  Mi corazón dejo de latir, deje de respirar y me desvanecí. 
  Y mi corazón volvió a latir  y comencé nuevamente a respirar, un fuerte olor a quemado y una luz infiltrándose por mis párpados me despertaron, ¿donde me encuentro?

—¿Niña? —preguntó una bonita chica de tes morena y ojos cafés.

—Su misión comenzó —indicó uno de los chicos acercándose a mí—. Te llamas Colette.

—¿Cómo lo sabes? ¿Quién eres?

—Debemos llevarla al orfanato, los de allí sabrán cubrir las necesidades de un humano —dijo un chico rubio de ojos nublados.

—¿Quiénes son ustedes?

—Ya deja de hacer preguntas niñata —rechistó él más alto y grande del grupo.

—¿Recuerdas nuestros nombres?

—Claro que no recordará idiota. Un gusto pequeña, soy Hela.

—Hola, soy Höor —saludó él rubio con una amplia sonrisa.

—Yo soy Lykaios, el líder. Y el de allí, el cara de estúpido, es Fenrir.

—Púdrete —murmuró el nombrado.

  Todos se juntaron en una ronda y comenzaron a murmurar, al terminar con su conversación se separaron y se acercaron a mí.

—Te llevaremos a un orfanato, tienes que decirles a las mujeres de allí que tus padres murieron en un accidente —demandó Lykaios.

—¿Tengo padres?

—Pues, básicamente no —contestó Hela.

—¿Entonces de donde nací? —pregunté preocupada.

—Tendremos mucho tiempo para hablarlo, mientras tanto debes convivir con los humanos —indicó Höor.



MoraVicente

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En el texto hay: lobos, poderes, ficcion

Editado: 21.10.2018

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