[gay] Inesperado

X. Mi verdad

Entré en la habitación para guardar las pocas cosas que llevaba, unas cuantas prendas que la señora Dupont me había comprado en Moscú y Múnich, y un par de jabones que tenían un aroma exquisito y que jamás usé. La habitación, pese a no ser muy grande, era muy cómoda, y la vista que podía tener del viñedo Dupont desde mi ventana era hermosa, me sentía cómodo ahí; no era como en la fría casa Strauß en la que todos estábamos en constante estrés.

Me recosté sobre la mullida cama y cerré mis ojos tratando de dormir, al menos de descansar un poco, pero el sentirme libre y saberlo libre a él me tenía por demás aliviado y lleno de una extraña alegría que jamás había sentido en mi vida.

Sin darme cuenta caí profundamente dormido; en realidad no sé cuántas horas llegue a dormir, sólo sé que cuando le escuché llamándome desperté. Abrí mis ojos con lentitud, sentía su aliento cálido chocar contra mi cuello, lograba estremecerme con pequeños detalles como ese, incluso con una sola mirada me tenía pensando en él todo el día.

— ¿Jukka?

— ¿Dime? —Respondí con pesadez, le miré sin moverme demasiado sobre la cama, me miraba con esa mirada tranquila y serena que me infundía una paz indescriptible.

—Te traje de comer, mis abuelos supusieron que estarías dormido, así que te dejamos descansar, pero tienes que comer algo.

Su voz logró hacerme reaccionar, tenía razón, estaba cansado y hambriento. Lo que más me había agotado era el hecho de darle vueltas una y otra vez en mi cabeza a todo lo que debía confesarle a él y su madre; podía revolverme el estómago la sola idea de que quisieran que me alejara de ellos, pero estaba consciente de que si eso querían sería lo mejor para todos.

Comí en absoluta calma, él me miró todo el tiempo con aquella expresión que tanto me gustaba verle, tenía que confesarlo todo, no podía seguir aguantando la incertidumbre que provocaba el no saber cuál sería su reacción a toda mi historia.

— ¡Hermano!

La voz de la pequeña Laurianne se escuchaba angustiada, Lucien se levantó tranquilo, supongo que no quería alarmarme y sonriente salió de mi recámara. Estaba preocupado y quería averiguar lo que estaba sucediendo, no deseaba actuar como si nada pasara. Salí de la habitación sosteniendo el plato ya vacío; caminé a través del pasillo tratando de seguir la vox de Laurianne que hablaba con su hermano, no podía distinguir las palabras, sólo escuchaba el ruido de sus voces, ella se escuchaba preocupada mientras la voz de él era más pausada, era como si quisiera calmarla pero también estaba nervioso, eso lo sabía, podía percibirlo.

Me acerqué a ellos lo más que pude hasta que Laurianne me vio y con ligera sonrisa me invitó a acercarme, Lucien me miró de reojo, era como si algo anduviese mal, podía presentirlo.

— ¿Qué pasa? —Pregunté con timidez.

—Mi padre y abuelo vienen para Nantes, Helga llamó a mamá para avisarle que sospecharon que algo andaba raro porque nadie contestaba en casa, así que fueron y se dieron cuenta que nosotros nos habíamos ido —la respuesta de Lucien me era aterradora, pocas veces había sentido este terror en mi interior.

— ¿Qué vamos a hacer? —Preguntó Laurianne preocupada.

—Mamá tiene que decidirlo, nosotros debemos apoyarla Laurianne, no podemos salir corriendo de todo, por fin enfrentamos los hechos y regresamos a Nantes, pero ahora debemos enfrentar a papá y al abuelo, y poner fin a esto.

—El abuelo está loco Lucien, yo creo que debemos salir de aquí, esperar que las cosas se calmen y regresar después.

—Y cuando volvamos él se enterará y eso empeorará las cosas. Ya sabemos que se vale de gente para hacer sus cosas —aquella respuesta de Lucien logró enmudecer a Laurianne y dejarme congelado, no había otra cosa qué hacer más que esperar que llegaran y comenzara el pleito.

La señora Dupont se acercó a nosotros visiblemente afectada por todo, sabía que sus hijos estaban preocupados y que las cosas serían complicadas, no teníamos otra opción, debíamos ser firmes ante la decisión que se tomara.

—Mamá, le dije a mi hermano que debíamos irnos de aquí y volver cuando las cosas se calmaran.

—No mi niña, no podemos vivir huyendo; tenemos que enfrentar esto y dejar claras las cosas con tu papá y tu abuelo. Ellos deben comprender que las cosas aquí ya están perdidas, sólo me resta arreglar las cosas y el papeleo con tu padre para el divorcio.

—De acuerdo mamá —Laurianne se abrazó a su madre, de verdad estaba angustiada, Lucien lucía más tranquilo, ero como si ya se lo esperara todo, sólo las miró sin decir palabra alguna, yo le miré preocupado, sabía lo mucho que esto estaba afectándole y que lo guardaba para sí mismo para evitar que su hermana y madre estuvieran más preocupadas.



Saga Zuster

Editado: 12.07.2018

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