Guerra De Vampiros (sds#6)

Capitulo 9: La Purga

Pov Becca

Un día, al atardecer, desperté con una sensación de absoluto bienestar 0ues sabía que el Lord Vampanez no le haría nada a su hija, estaba detrás de mí.

Mientras miraba fijamente un cielo rojo cada vez más oscuro, traté de entender por qué me sentía tan bien. Entonces lo comprendí: el escozor había desaparecido. Me quedé quieta unos minutos, temerosa de que reapareciera si me movía, pero cuando finalmente me puse en pie,
no sentí el más mínimo picor. Con una amplia sonrisa, fui hacia el pequeño estanque junto al que habíamos acampado, para refrescarme la garganta pues estaba muy seca.

Me incliné sobre las frescas y claras aguas del estanque y bebí largamente. Al levantarme, advertí que un rostro desconocido se reflejaba en la superficie del agua: un mujer muy madura, con ojos rojos y el cabello aún más largo. Estaba justo delante de mí, lo que significaba que debía encontrarse parada a mi espalda… pero no había oído acercarse a nadie.

Me volví rápidamente, mientras mi mano volaba hacia la espada que
me había traído de la Montaña de los Vampiros. La había sacado a
medias de la vaina cuando me detuve, confuso.

Allí no había nadie.

Miré a mi alrededor buscando al harapiento barbudo, pero no lo vi
por ninguna parte. Por allí cerca no había árboles ni rocas tras los que
pudiera ocultarse, y ni siquiera un vampiro podía moverse lo bastante
rápido para desaparecer tan velozmente.

Me di la vuelta hacia el estanque y volví a mirar el agua. ¡Allí estaba!
¡Tan nítida como antes, mirándome con el ceño fruncido!

Di un grito, y de un salto me aparté del borde del agua. ¿Es que la mujer estaba en el estanque? Si era así, ¿cómo se las arreglaba para
respirar?

Avancé un paso, mirando a la mujer a los ojos (parecía una caníbal) por tercera vez y sonreí. Ella sonrió también.

—Hola —dije.

Movió los labios al mismo tiempo que yo, pero sin emitir ningún
sonido.

—Me llamo Becca Shan.

De nuevo, sus labios se movieron a la par que los míos. Ya empezaba
a irritarme (¿se burlaba de mí?), cuando comprendí… ¡que era yo!

Pude ver mis ojos y la forma de mi boca ahora que miraba de cerca, y
la pequeña cicatriz triangular que tenía justo encima del ojo derecho,
que se había convertido en una parte más de mí, como mi nariz o mis
orejas. Era mi rostro, no cabía duda… ¿pero de dónde había salido todo eso? Los ojos rojos, los colmillos y las uñas alargadas, el cabello alborotado.

Me pasé la mano derecha por la cabeza y el cabellos y me quedé pasmada al tocar unos largos y espesos mechones de pelo rojizos conbinaod con mi pelo castaño. El pulgar de aquella mano, que sobresalía formando un ángulo, se enredó en unas cuantas hebras, e hice una mueca de dolor al soltarlo de un tirón, arrancándome de paso algunos cabellos.

¡En nombre de Khledon Lurt! ¿Qué me había ocurrido?

—¡Por las entrañas de Charna! —rugí, y corrí a despertar a mis amigos.

Mr. Crepsley y Harkat estaban recogiendo el campamento cuando
irrumpí en medio, jadeando y gritando. El vampiro echó un vistazo a mi figura, sacó velozmente un cuchillo y gritó que me detuviera.

Harkat se situó junto a él, con una siniestra expresión en el rostro. Al
detenerme para recuperar el aliento, comprendí que no me habían reconocido. Levanté las manos para demostrarles que estaba desarmado,
y exclamé con voz ronca:

—¡No… me ataquéis! ¡Soy… yo!

Mr. Crepsley abrió mucho los ojos.

—¡Rebecca!

—No puede ser ella—gruñó Harkat—. Es un impostor.

—¡No! —gemí—. ¡Me desperté, fui a beber agua, y me encontré… me encontré…! —Sacudí ante ellos mis manos mostrando mis uñas que eran garras.

Mr. Crepsley avanzó un paso, enfundó el cuchillo y estudió mi rostro con incredulidad. Luego soltó un gruñido.

—La purga —murmuró.

—¿La qué? —exclamé.

—Siéntate, Rebecca —dijo Mr. Crepsley con seriedad—. Tenemos mucho de que hablar. Harkat… Ve a llenar las cantimploras y enciende
otro fuego.

Cuando Mr. Crepsley puso en orden sus ideas, nos explicó a Harkat y
a mí lo que había ocurrido.

—Como ya sabéis, los semi-vampiros se convierten en vampiros completos cuando se les inyecta más sangre de vampiro. De lo que nunca hemos hablado (ya que no creí que fuera a ocurrir tan pronto) es de la otra manera en que la sangre puede cambiar. En principio, si uno es un semi-vampiro durante un periodo de
tiempo extremadamente largo (cuarenta años de promedio), sus células vampíricas acaban atacando a sus células humanas y las transforman, y el resultado es la conversión completa. A eso lo llamamos purga.

—¿Quiere decir que ya me he convertido en una vampiro completa?
—pregunté en voz baja, a la vez fascinado y asustado ante la idea.

Fascinada porque eso significaba tener fuerza extra, la habilidad de
cometear y de comunicarme telepáticamente. Asustada porque también significaba el adiós definitivo a la luz del día y al mundo de los
humanos.

—Aún no —dijo Mr. Crepsley—. Los ojos rojos y las garrasson la primera etapa. Vamos a tener que tratar de cortar esas garras, en cuanto a tus ojos, pasará. Te volverán a crecer, en un mes, más o menos, dejará de hacerlo. Experimentarás otros cambios durante ese tiempo (crecerás, y tendrás jaquecas y violentos arranques de energía), pero eso también cesará. Al final de estos cambios, puede que tu sangre
vampírica haya reemplazado totalmente a la humana, pero también es probable que no, y volverías a la normalidad… en unos meses o en un
par de años. Pero en algún momento de los próximos años, tu sangre
cambiará por completo. Has entrado en la etapa final del semi-vampirismo. Ya no hay vuelta atrás.

Nos pasamos la mayor parte de la noche hablando de la purga. Mr.
Crepsley dijo que era raro que una semi-vampiro sufriera la purga antes
de veinte años, pero probablemente guardaba relación con haberme
convertida en Princesa Vampiro: más sangre vampírica había entrado en
mis venas durante la ceremonia, y eso podría haber acelerado el proceso y el hecho de que había dado a luz.



SiVeLa123

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En el texto hay: vampiros, vampiros y romance, paranormal

Editado: 03.06.2019

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