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Capítulo 2

Luego de ir a la comisaría, tener que soportar una larga espera y todo, nos despacharon con las simples palabras “No se preocupen, y si algo más ocurre avísenos”. Eso fue una gran decepción supongo, no esperaba que dieran tal muestra de desinterés; pero bueno, no puedo pretender que todos seamos iguales ni que tomemos importancia a las mismas cosas. Quizás… tengan razón.

Ahora que terminamos con eso, me decido por acompañar a mi madre hasta la casa para así ya volver a la que en estos últimos meses se ha vuelto la mía.

Como ya está oscureciendo el frío se siente aún más, y la niebla nos ciega de forma parcial, como un molesto velo. Trato de tener pensamientos positivos, así como ella trata de implantarlos en mí con una conversación amena sobre… creo que sobre una tía en una ciudad cercana que ha logrado alcanzar un puesto importante en la Policía, aunque, así como pudo haberme estado hablando de eso, pudo ser de cualquier otra cosa y yo ciertamente estaría mintiendo. Pero es que, aunque suene rudo o brusco: no me interesa. No puedo dejar de pensar en lo que me ocurre, lo que ocurrió con aquellos ojos almendra que parecieron arrasar conmigo, con la realidad, dando a esta una perspectiva algo aterradora. Sonará egoísta, pero es que ni siquiera el clima parece apoyarme, pareciese que me susurra con voz ronca: “Vamos, sucumbe, llora. Tírate al suelo y demuestra el dolor que escondes desde hace años. Muestra que tienes sentimientos, que eres igual de gris que yo, que aunque intentas ser luz, no puedes ignorar que traes contigo oscuridad”.

Desearía que esto fuera una simple pesadilla.

—Mil gracias hija. Todo pasó muy rápido —dice sonriendo—. Espero que puedas pasarte dentro de poco así seguimos la charla.

—Claro que sí ma —aseguro con un fuerte abrazo. Luego de varios segundos me alejo y logro ver algunas lágrimas que se deslizan por su rostro.

No quería esto, no quería traerle más tristezas a la persona más importante en mi vida.

—¿Fiamma? —un escalofrío me recorre al oír esa voz mientras mi cuerpo por inercia se encoje. Volteo de manera lenta, deseando que todo sea producto de mi imaginación—. Oh Fiamma —nombra abrazándome, haciéndome abrir los ojos en sobremanera.

Puedo sentir el calor de su cuerpo, su nariz sobre mi cuello que obviamente está inhalando mi aroma, su torso y caderas pegadas a mí, y, una sonrisa grotesca por sobre mi abrigo.

Sé lo que va a ocurrir, y no quiero que ella lo presencie de nuevo, por lo que no me queda otra opción. Algunos dirán que es infantil, inmaduro, lo que quieran, pero simplemente es mi vida y mi decisión. No quiero que ella lo sepa.

—Sí, y ya debo irme —digo con una sonrisa separándolo—. Tengo un importante proyecto que resolver —observo a mi madre que me sonríe orgullosa—, así que… los dejo. Adiós ma —beso su mejilla—, hasta luego —digo repitiendo el gesto, solo que sin apoyar mis labios sobre él—. Otro día con  más tiempo paso —aviso despidiéndome con un gesto de mano para luego voltear y caminar hacia la dirección contraria.

El pecho se me contrae conforme camino hacia adelante, sintiendo sus miradas en mí, sobre todo la suya recorriendo mi cuerpo, puedo sentirlo. Los recuerdos se agolpan aunque trato de evitarlos con fuerza, como si mi cabeza fuera un imán de ellos, y por más que estos se alejaran, siempre vuelven para dar un destructor choque.

Suspiro y giro en la esquina más cercana. A pesar de que no soy amante de las caminatas, no me queda de otra que irme de a pie a casa. Un taxi tardaría alrededor de veinte minutos si tengo suerte, y no pienso usar el transporte público, prefiero llegar sudada —solo por mí— y con las pantorrillas adoloridas que a pasar treinta minutos dentro de lo que parece camión de vacas al matadero, eso ni pensarlo.

Abrazando mi orgullo, camino por varias calles aunque el frío comienza a entumecerme. Ya el sol se ocultó completamente de manera que solo me sirve de luz la pálida luna junto con los focos de la calle, algo que no me es muy esperanzador, y porque digamos que tampoco soy una experta guiándome en la oscuridad. Pero todo da una combinación que jamás quiero volver a vivir, solo espero llegar dentro de poco a casa y tomar algo caliente para poder volver el color a mis miembros que parecieran comenzar a congelarse.

Lo fastidioso es que, no temo a la oscuridad, sino a lo que trae consigo. Varios chicos han dicho barbaridades y groserías para “atraerme”, sin contar la cantidad de coches junto con las palabras desubicadas y a veces aduladoras junto con el típico rugido de motor, y no puedo hacer más que ignorarlo, responder sería para peor. Todo solo me hace recordar que el mundo es un maldito asco, o bueno, su gran mayoría.

Logro visualizar el complejo de apartamentos a pocos metros, por lo que se me escapa un suspiro de alivio. Mi imaginación cobra aún más vida, llevándome dentro, viéndome disfrutando de un café caliente junto con unas medias lunas que sobraron de mi desayuno, todo esto junto al fuego para dar el último toque de perfección. Quiero olvidarme de este día.

Saco las llaves de mi bolso y las coloco en la cerradura del portón. Con un rápido movimiento abro y paso dentro para así cerrar e encaminarme hacia mi dichoso apartamento. Solo se oyen mis tacones contra el camino pavimentado, junto con el único movimiento de mi persona y sombra dándome una mala espina, aparentemente sin motivos.

Exaltándome, un ruido a la lejanía logra hacerme frenar el paso para así dedicar toda mi atención a este. Además de que estoy consciente de que el erizamiento de mi vello no se debe solo al frío, sino que el fuerte latir de mi corazón y mi respiración exaltada me da la respuesta.

No pasa mucho cuando el sonido va acercándose, de manera lenta y algo tétrica, haciéndose oír el crujir de las piedras, mas, no son pisadas, sino que se trata de algo realmente pesado que se mueve con gran lentitud hacia mí. De manera involuntaria, llevo el bolso delante mío como si pudiera ofrecerme cierta protección de lo que sea que se esté acercando. Cada quien reacciona distinto al miedo, aunque en ciertos casos resulte patético, y estoy consciente de que ahora me veo de lo más patética.



Chuxamia

Editado: 09.08.2020

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