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Capítulo 4

Abro los ojos con pesadez conforme siento cómo la cabeza late de dolor y pareciera que he sido brutalmente golpeada. Los ojos me arden irritados, y mi respiración comienza a acelerarse sin motivo aparente. Los recuerdos comienzan a agolparse torturándome en el proceso, haciéndome ver nuevamente toda la secuencia del día de ayer, aquel viaje en taxi, a aquel hombre, su nota, su mirada, el coche que se complació con mi miedo y, aquel mensaje en el espejo del tocador.

Asustada comienzo a ver con desesperación cada ápice del dormitorio que me rodea, entrando en cuenta de que este no es mi cuarto, es similar sin duda, solo que la decoración es distinta, el televisor es un poco más pequeño, las mesas de luz son distintas, el acolchado, las sábanas, la cama, las cortinas… Esta no es mi habitación.

Jadeando, siendo acribillada por mi mente, pienso en una teoría algo esperanzadora que explicaría todo esto de una forma sencilla: Fue un sueño, una pesadilla, quizás por una noche en la que me pasé de tragos y, ahora quizás esté en la habitación de un desconocido, cosa que hace que un escalofrío me recorra pero que sea algo mejor que el que lo que tengo en la memoria sea una realidad.

Intento calmarme respirando con tranquilidad, mentalizándome de que solo fue una horrible pesadilla en la que mi subconsciente me jugó una broma bastante pesada. Relajo mi agarre de las frazadas que, no tuvieron la culpa de nada para que ahora estuviera clavando mis uñas en ellas. Trato de concentrarme en “un lugar feliz”, algo que al menos me desconcentre. Ahora saldrá un hombre por aquella puerta, y debo estar preparada para cualquier cosa que pueda suceder. Pero, tengo que reconocer que, si fue una pesadilla, se sintió demasiado real.

Como suponía, la puerta comienza a abrirse haciendo que como reflejo tome una bocanada de aire preparándome para ver de quién se trata. Sin embargo, Carlos aparece sin siquiera mirarme llevando la vista al suelo, y cabizbajo atraviesa la habitación sin dar mucho reparo en mí, sosteniendo una bandeja blanca con varias cosas encima ¿Acaso él es el hombre con quien pasé la noche? Dios, me siento tan idiota, sé que estoy tratando de creer una mentira, pero, quiero que al preguntar me responda que efectivamente que bebí de más, y que todo ha sido un simple sueño, o mejor dicho, una rebuscada pesadilla.

—Buenos días —saluda él como suspiro.

—Buenas.

—Aquí tienes el desayuno —coloca el desayunador sobre mis piernas dejando ver la taza de café humeante junto con la cuchara, dos medias lunas y el tarro de azúcar—. No sabía cómo te gustaba, así que te lo traje para que elijas la cantidad de azúcar. Si no te gusta algo dímelo, ¿sí? —se levanta para irse.

—Gracias —digo tratando de sonreír, cosa que él apenas puede imitar—, todo está perfecto.

—Me alegro.

—Y, Carlos, quisiera hacerte una pregunta, que quizás va a sonar idiota o fuera de lugar pero…

—Pregunta —demanda volviendo a sentarse en la cama entre suspiros.

—Dime… El espejo, el mensaje, la sangre, la nota… ¿Fue un sueño?

Frunce el ceño a mis palabras, mas de inmediato lo cambia por una sonrisa, corta pero genuina, casi como si me demostrara lástima con ella. Quizás le di gracia al preguntar eso pero, es que necesito sacarme la duda.

Justo cuando estaba por recriminarle, él me responde.

—No, Fiam, no lo fue.

Aquella corta respuesta sirve para que el mar de emociones anterior comience otra vez a afectarme, sin un “lugar feliz” que valga o control de respiración. Siento las profundas ganas de llorar, de no existir más, de que todo sea una vil mentira, un engaño por parte de Carlos, una broma pesada. Quiero que nada de eso haya pasado, que, aquel hombre no se hubiera encontrado conmigo, que no me haya dado aquella nota, que no hubiera confiado en mí, que, aquel mensaje no sea suyo, que siga con vida en buen estado.

Sé que hay muchas cosas que deseamos, y mi caso no es aparte, pero, también estoy consciente de que la mayoría no llega a cumplirse, y mis pedidos son demasiado exigentes al querer torcer el pasado y el destino.

Niego con la cabeza no queriendo aceptarlo, sé que estoy por entrar en un ataque de pánico al intentar racionarlo, y, no puedo.

—No, no, no, no, no, no. No puede ser real, Carlos —aseguro clavándole la mirada en súplica—. Dime que no lo es, ¡dímelo! —alzo la voz a la vez que mis párpados se cierran por inercia, aunque las lágrimas salen presurosas.

—Fiam, sabes que no quiero mentirte. Todo será más fácil si comenzamos a mentalizarnos desde ahora, y, no podemos vivir en una mentira, por más linda que sea.

—Pero…No, por favor, no —ruego encorvándome. Él se acerca y me aferra a su pecho mientras mi mente pareciera bloqueada.

—Cálmate Fiamma. Lo hecho hecho está, y no podemos hacer nada para cambiarlo.

—No —ruego como suspiro negando con la cabeza.

—Por favor, tienes que ser fuerte.

—Pero, ¡es que no puedo! ¿Cómo puedes hacerlo tú? —pregunto alejándome unos centímetros para poder analizar su expresión al responder, sin importarme lo deplorable que me debo ver en estos momentos.



Chuxamia

Editado: 09.08.2020

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