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Capítulo 9

Primero que nada querido lector, quiero pedirte disculpas por la tardanza, el tiempo se me pasó demasiado rápido. Espero que les guste y que haya valido la pena la espera. Gracias por su apoyo, me hace feliz saber que a alguien le ha gustado mi historia. Mis especiales agradecimientos a Darianghyt Pereira por animarme a actualizar y a aquellas personitas que han votado.

Ahora sí, espero que disfruten la lectura.

 

 

Me encuentro cansada y adolorida, tratando de razonar esta nueva realidad que compartimos con los muertos. Hasta hace unos meses yo vivía una vida normal sin mayores preocupaciones que el de llegar a fin de mes, pero ahora, parece ser que el hablar con fantasmas se vuelve algo normal —aunque mentalmente no lo puedo aceptar aún.

Me arrodillo en el suelo, todo pareciera haberme consumido. El dolor del cuerpo y el frío me obliga a hacerlo, a pesar de la sangre que se mezcla con el lodo; ya eso no importa, al menos por ahora. Quiero descansar, lo necesito. Demasiadas emociones en poco tiempo.

¿Acaso hice una promesa? Siempre consideré de las promesas una de las cosas más serias que nos definen como personas. Pero, es extraño que haya dado mi palabra de esa manera, porque, no es algo que pueda asegurar. Si muero no sé si podré estar con ella o cómo funciona una vez que se abandona esta vida, primero tendría que morir para averiguarlo.

De todas formas me alegro de que así, con una promesa, haya podido alegrar un poco a la niña, el ser que deambula en estos bosques agonizando y llorando por sus padres, recordándolos con sus nanas que inevitablemente por todo el conjunto se oyen tétricas y dolidas. Creo que es lo que ellos habrían querido, darle un poco de paz. El tener corazón más que valentía creo que fue lo que me salvó de una muerte macabra.

Doy un largo suspiro, dedicándome a oír por fin a la naturaleza como algo tranquilizante. Siento, extrañamente, paz.

Inhalo con fuerza, deleitándome del aroma de la tierra húmeda, de los árboles y las hojas consumiéndose, oyendo la melodía del bosque como algo de otro mundo que parece llevarme. Es hermoso, y recién ahora parezco notarlo. ¿Por qué antes no? Quizás el terror, el miedo a lo desconocido; o al revés, a lo conocido por todos como el lóbrego hogar del fantasma de la niña. No voy a negar que puede que ella haya sido la responsable de las muertes de quienes han venido a este lugar, pero ella no es como todos dicen, solo es un alma dolida que no sabe cómo sanar.

Oyendo los sonidos de este atípico bosque, unos agudos y algo cercanos aullidos provoca que dirija la mirada a mi izquierda, en dirección al nebuloso horizonte, como si esto me ayudara a estar más atenta a ellos. Como primera impresión de oír a los lobos en su entorno, siento escalofríos, emoción y una pisca de curiosidad, porque se escuchan tan salvajes, tan irreales, indomables; y yo aquí, sintiéndome algo superada, un poco más fuerte, como aquellos lobos.

Suspiro y me vuelvo al suelo. ¿Cuándo terminará esta noche? Y, ¿cómo?

Vuelvo la vista hacia adelante mientras mis pensamientos comienzan a llevarme de la realidad, hasta que unos gruñidos vuelven a alertarme haciéndome llevar la vista de inmediato hacia la espesura del bosque, mi izquierda. Trato de fijar toda mi atención a lo que parece esconderse allí, por lo que entrecierro los ojos. Unos pares de luces se mueven con rapidez dejando una estela de ellos, provocando que abra los ojos con terror. Siento escalofríos de lo que pueda salir de este bosque, porque solo parece ser escondrijo de monstruos, seres de ultratumba y animales salvajes, y sea lo que sea lo que se está acercando, sé que no debe ser nada bueno.

Siento las manos humedecidas e hinchadas por el frío, y con temblor, las repaso entre ellas esperando calmar la sensación y encontrar una distracción. Sé que se aproxima la siguiente prueba.

Escucho el movimiento, las patas que con velocidad se dirigen hacia mí arrastrando y pisando las ruidosas hojas muertas, y por eso mismo sé que están muy cerca. Por eso mismo, trato de ponerme de pie, pero al intentarlo trastabilleo. No es tanto el dolor debido al frío y la adrenalina que no para de correr, así que logro estabilizarme para ahora enfocar todos mis sentidos en lo que se acerca. Parece obvio lo que son, los aullidos me lo pregonaban. Sé que están cerca, hasta creo oír su salivar.

Cierro los ojos por un momento, porque de más está castigarme con la espera, prefiero pensar en mis opciones, en lo que ahora se consideraría lógico y valiente. No puedo correr, no es una opción, es obvio que son más rápidos; no tengo nada con que poder espantarlos, así que también lo descarto; quizás, si la providencia y la fortuna están de mi lado, pueda hacer algo que en cierto modo entra en la lógica —supongo que no tanto en la valentía, pero aunque trato de encontrar otra manera, nada viene a mi mente.

Vuelvo a abrir mis ojos al escuchar los gruñidos más cercanos, y sí, aquí están. Esos especímenes que había visto solo en imágenes, de gran tamaño, color grisáceo, y, esos ojos pardos que parecen estar inyectados en sangre. Muestran los dientes con fiereza a la vez que se mantienen a cierta distancia, sus ojos brillan en la noche con intensidad, tan abiertos y expectantes que no puedo reprimir que mi corazón se acelere y la adrenalina comience a fluir incluso con más prisa. Nunca supe mucho acerca de ellos ni de lo que hay que hacer estando en medio de su caza, siendo su presa, quizás porque nunca imaginé verme en una situación así. Ahora estoy en desventaja.

Comienzan a acercarse de manera agazapada. Son seis, rodeándome de todos lados casi como haciendo un círculo a mi alrededor, solo que algunos me observan con las orejas gachas mirándome de manera intensa, mientras que otros gruñen salivando.

No hay más remedio, hasta la única salida que veía posible ahora se ve frustrada. Tengo miedo, porque ya no hay escapatoria.



Chuxamia

Editado: 09.08.2020

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