Heridas Invisibles

XXIV.

…Y como ya saben, aquí en su estación de radio favorita, Downtown99.1, les tenemos todo en entretenimiento, eso incluye la próxima Feria Ganadera Estatal que cada año toma como epicentro nuestro querido Hackland. ¿A que sí, mi George?

—Completamente de acuerdo, estimadísimo Ricky, y si no tienes pensado qué hacer durante el próximo fin de semana pues no hagas planes, porque nada, nada, ¡nada!, ¡NADA!, se compara con nuestra Feria Ganadera. ¡NADA!

—Vale, ya entendimos tu entusiasmo. Ya saben amigos, éste 28 y 29 de septiembre no existe nada fuera de la Feria Ganadera…

—¡Matilde! ¡Voy a achicharrarte esa méndiga radio como te vuelva a cachar! —De muy mala gana, la chica apaga la radio y la esconde debajo de una alacena para continuar con la tarea asignada: Picar cebolla. No todo puede ser un paraíso, pero lo vale si luego podrá servir en el comedor de los patrones—. ¡Todo el día, todos los días es lo mismo con ésta escuincla! —continúa rezongando su madre, doña Cleo, a las otras matronas.

—Ya, mujer, deja a la chiquilla tranquila que ningún daño hace con que tenga la radio encendida mientras trabaja —responde en cambio la mandamás, la señora doña Filomena de Saldivar, de figuras robustas en un tiempo pero más recientemente vueltas como globos que han perdido el aire, los ojos hundidos en las cuencas y un tono amarillento muy curioso en su piel, además, la voz y los movimientos se le han tornado lentos y suaves—. Mati, necesito que sirvas en el comedor hoy, mi’ja.

—¡Claro, señora! —La felicidad de Matilde renace en su corazón con el ofrecimiento de la ama de llaves, con mayor entusiasmo reanuda la desagradable tarea. Le permiten descansar cuando doña Filomena se retira un poco indispuesta y su madre toma el mando.

Ella corre a su casa para darse un baño antes de la cena para quitarse de la piel el olor a cebollas y ajos, pero también para continuar con su proyecto personal y perfeccionar la receta de su postre de galletas frías que pretende ofrecer en la feria como una “contribución personal” a la causa. No puede evitar comentar con quien esté a su lado sus planes, ya que su amiga Catalina no podrá estar más tiempo con ella, siente un vacío de compañía que es muy difícil de llenar.

—…te lo digo, será una delicia. Nadie se me va a resistir, llevo mucho tiempo preparando la receta…

La chica a su lado simplemente rueda los ojos y la deja ser, como a una polilla que da vueltas de un sitio al otro pero sin estorbar demasiado, en cambio, Ilario llega a la cocina para buscar algo de beber como es costumbre y no se contiene.

—Al lado del mole poblano de tu madre sólo harás el ridículo, Matilde. Hazte un favor y quédate en casa ese día, ¿sí?

Con las mejillas rojas y en las manos una amenazante espátula con mezcla le señala, deseando poder decirle todas las groserías que le pasan por la mente. Su mente no puede comprender porqué él es tan malo con ella, si siempre habían sido amigos.

—¿Qué?, ¿vas a decirme algo o sólo te me quedarás viendo como sonsa? —insiste él, al verla en un gesto extraño pero de obvio disgusto?

—Te odio.

Ilario ríe ante su infantil gesto y la chica reacciona dándole la espalda con prestes para ocultar las ganas de llorar; decepcionada y triste vierte un par de lágrimas de impotencia sobre la mezcla mientras escucha esa risa y los pasos alejarse. Sólo al verla llorar en silencio, la chica a su lado demuestra algo de empatía e intenta consolarla, pero Matilde ya no desea nada de ella ni de nadie, sólo demostrar que no es una niña tonta y que vale mucho, mucho más de lo que todos piensan.

Siguiendo su camino, Ilario quita de su mente la escena con la facilidad de quien se sacude el polvo de las botas, por su mente vagan otras materias: Los planes para la feria son más grandes que otros años, a pesar de que la situación es peor, pero con Franco al frente y Antonella a su lado, los empleados se sienten confiados de que algo bueno saldrá de esto y podrán recuperarse.

Él en lo personal, espera que si se obtienen los beneficios monetarios necesarios podrán subirle el suelo o cubrirle un tipo de seguro médico para su madre y poder llevarla a algún hospital privado para saber de una vez qué tiene. Por el momento se debe trabajar, trabajar, trabajar…

 

Trabajando por separado en extremos distintos del rancho se han mantenido ocupados lo suficiente como para no pensar en el otro. Las yeguas en cinta, los potrillos y equinos de exhibición para la feria, las ventas de comida de las señoras, incluyendo el espacio para la pequeña pero emprendedora Matilde, las reses y el trato con Dean en espera de un cierre, esto es para Antonella el principio y el fin de su vida, además de Adriano.

Para Franco sería una doble porción de números y cuentas, muchas facturas vencidas y una médica difícil de cubrir en un cien porciento ya que, como hoy, se debe aumentar la cuenta por pagar debido a la revisión de rutina de su padre. Pero al menos ésta vez pueden estar un tiempo juntos a solas, como tanto quería. Sin embargo, sentados con una silla separándoles, cruzados de brazos en el silencio de una sala de espera, no es el tipo de encuentro que tenía en mente.



Elizabeth Ortiz (EOrtizM)

Editado: 05.01.2020

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