Hermanastro.

<Capítulo Nº5>

Me estiré en el sofá, golpeando accidentalmente el rostro de Dan. Él se tallo un ojo y me sonrió. Besó mi frente antes de levantarse del sofá y estirarse.

- ¿Quieren desayunar? –volteé al escuchar la voz de Gregg. – Buenos días, Ashley. Solté una risita y asentí con la cabeza.

Subí las escaleras hasta meterme en el baño, cepillé mis dientes y lavé mi rostro, amarrando mi cabello. Me cambié de ropa en mi habitación, pero sólo me dejé con mis pantuflas.

Al salir de mi habitación pude escuchar un quejido, miré hacia la habitación de Nathan y logré verlo, estaba apoyado en el umbral de la puerta y con una mueca de dolor.

- Otra razón por la que no vamos de fiesta es la resaca. –dije, mirándolo. Él levantó la vista para mirarme mal. –No es mi culpa que la hayas pasado mal, así que mejor te guardas esas miraditas. –él rodó los ojos.

- Sólo déjame en paz, ¿quieres? –pasó por mi lado y me golpeó el hombro con la suficiente fuerza cómo para hacerme caer del sentón al suelo. Se volteó rápidamente ante el sonido de mi trasero golpeando el suelo del segundo piso. - ¡Ashley, yo lo sien...!

Puse mi mano en su rostro y me levanté por mí misma.

- Cuándo estés de buen humor hablamos. –pasé por delante de él y bajé las escaleras, pudiendo sentir el aire de su suspiro en mi nuca cuándo le di la espalda.

Miré a Gregg y él me sonrió, dejando un plato de panqueques en un extremo de la mesa. Dan bajó las escaleras del baño y se sentó a mi lado.

- Oí todo. –me susurró. –No haré nada, por ahora.

Le agradecí con una pequeña sonrisa antes de comenzar a comer mis panqueques. Nathan se sentó frente a nosotros y lo miramos mal.

- Ya te dije que lo sentía, Ashley. –ignoré las palabras de Nathan y continué mirando mis panqueques. - ¡¿Me harías el favor de mirarme?! –sentí cómo me tomaba de los hombros y me sacudía.

- Y-yo... -comencé a tartamudear, sintiendo mí respiración cortarse. Él me miró raro cuándo comencé a sollozar.

- ¡Eres un idiota! –escuché que gritó Daniel, antes de sentir cómo me jalaba para abrazarme.

- Pero... ¿por qué ella ha reaccionado así? sólo... -fue interrumpido.

- Nathan, luego hablamos. –escuché la voz de Gregg.

Continué abrazada a Dan, sintiendo cómo me acariciaba el cabello para tratar de calmar mis sollozos y lloriqueos.

Todo tiene un porqué.

 



Leo Y Janet

Editado: 31.12.2020

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