Hunter (williams #1)

6.

Soundtrack.

No pudo evitarlo y golpeó una vez más la mesa con sus puños, furioso por la discusión que estaban teniendo sus compañeros. Todos se quedaron en silencio ante el enojo de Hunter, nuevamente presente en la escena. Estaban teniendo una reunión en el bar, pero no estaba resultando como él quería. Todos tenían  ideas para atacar a los Gómez, pero nadie decía nada coherente. Simplemente se hablaba de sangre y no estaban contando con las herramientas para poder crear una masacre. Ese conflicto sucedía muy seguido entre los integrantes del grupo y Hunter no sabía cómo solucionarlo. No tenían un cerebro entre ellos, no tenían a su madre y se notaba eso.

                Hacia bastante tiempo que les faltaba una persona que planeara cosas y que encontrara un poco de paz entre tanta matanza. Hunter no encontraba a alguien que tuviera la cabeza fría para eso y a veces quería pedírselo a Raven, pero ella había dejado bien en claro que no quería participar en su club.

                —No, Luke, no podemos simplemente ir y matarlos. ¿Sabes cuantas municiones perdimos en el último tiroteo? —le preguntó a su hermano furioso, cansado de escuchar sus tonterías. A veces pensaba que el niño volvía a drogarse y no escuchaba lo que debía—. Más de lo que sabes contar. ¿Sabes la cantidad de dinero que tengo que perder por culpa de los Gómez? Por supuesto que no.

                —¿Qué sucede, hermanito? ¿Estresado? —se burló Dante, sonriendo de lado como el niño que era. Hunter no rió con su comentario tonto, pero si podía llegar a admitir que le faltaban unas vacaciones. Ellos iban a burlarse de la ausencia de mujeres en su vida, que no tenía absolutamente nada que ver. No tenía humor ni siquiera para tirarse a la primera mujer que viera.

                Y hablando de mujeres.

                Media hora después dela partida de Valerie, Dante recordó que aún tenía su teléfono móvil y para quitarse los problemas, se lo dio a Hunter. Desde ese día había cuidado de ese aparato y hasta había cargado la batería con el cargador de su propio teléfono. No lo había mirado pero después de unos días de tenerlo, Valerie le había comenzado a enviar mensajes. Primero comenzó a decirle que tenían que hablar, de un modo bastante imperativo y luego, había comenzado a volverlo loco. Le enviaba mensajes cada cinco minutos, pidiéndole un minuto para hablar y lo llamaba cada vez que podía, aunque Hunter simplemente dejaba sonar el teléfono.

                Lamentablemente, más de una vez leyó los mensajes y ella pudo comprender que se encontraba en línea. Hunter no sabía nada de tecnología, así que no podía evitar esas cosas que seguramente Lydia podía solucionar, pero no iba a preguntárselo de ninguna manera. Era lo suficientemente orgulloso para admitir que le gustaba llevar el teléfono rosa en su bolsillo.

                Pero en ese momento el teléfono sonó y cuando lo miró se encontró con un nuevo mensaje de Valerie. Esta vez decía algo diferente, el mensaje decía que estaba yendo al bar y no le importaba que dijera. Hunter maldijo, levantándose de la silla en la que estaba y cuando abrió la puerta del bar, ella estaba tratando de entrar. Se chocó contra el cuerpo diminuto de Valerie y la insultó furioso con su tontería. ¿Qué estaba mal con ella? ¡La última vez que había estado en el bar había sido víctima de un tiroteo! ¿Qué hacía de nuevo en aquel lugar? ¿Era suicida?

                —¿Qué haces aquí, niña? ¿Qué está mal contigo? —gritó furioso tomándola del brazo y obligándola a entrar al bar. No era seguro estar afuera, aunque no era la mejor idea estar dentro. Trató de ignorar los gritos que recibió cuando ella entró y la condujo a la puerta que dividía su departamento del bar—. La última vez que estuviste aquí terminaste llorando por tu vida.

                —Hola, Hunter, a mí también me alegra verte —lo saludó ella de manera irónica, tratando de escaparse del agarre de su brazo. Ella forcejeaba demasiado y cuando hizo una mueca de dolor, Hunter la soltó. No le gustaba pensar que le estaba haciendo daño. Él podía ser un real monstruo y matar a todo lo que se interpusiera en su camino, pero nunca tocaría una mujer.

                Observó a la chica frente a él y gruñó enojado al ver cómo iba vestida. Llevaba un vestido azul con pequeñas anclas blancas, sumamente ridículo para él pero estaba seguro haberlo visto en las revistas de su hija. Llevaba unos zapatos blancos que le hacían juego a la ingenuidad de su atuendo. Le molestaba verla así vestida, porque todo ella decía que podían robarle en Auburn. Todo ella decía "róbame y mátame".

                —¿No puedes vestirte de otro modo?

                —¿Estás criticando mi manera de vestir? —preguntó ella sorprendida, dando un paso hacia atrás ante la sorpresa. Luego soltó una risa nerviosa y lo miró como si estuviera juzgándolo—. Tú tampoco te vistes muy bien que digamos, de hecho, parece que nunca te bañas.

                —No se trata de eso, Valerie. Tu vestimenta dice "quiero que me roben" de manera literal. ¿Entiendes? Terminarás muerta si no aprendes a amoldarte a esta ciudad, tu papi no te ayudará siempre a salir de los problemas —le recomendó él, sin olvidarse de hacer las comillas con los dedos en el momento necesario. Observó a Valerie y si bien varias veces quiso hablar, se quedó en silencio como si él tuviera razón en lo que decía—. Toma tu teléfono y vete.

                Ella quiso comentar algo pero Hunter ya le estaba alcanzando el teléfono rosa que había llevado todo ese tiempo en el bolsillo de su jean. Se mostró tan sorprendida que ni siquiera lo tomó y Hunter se vio obligado a buscar la mano de la chica y dejarlo sobre su palma. El acto fue extraño y, para su sorpresa, le gustó tocar la piel suave de Valerie. Era una tontería en lo que estaba pensando, pero cuando sus dedos rozaron la piel de la rubia, quiso seguir haciendo tal cosa. Se distrajo pensando como seria tocar su rostro y se detuvo en seco cuando comenzó a pensar en el cuerpo de la chica. Ella estaba observándolo con la misma seriedad y Hunter estaba casi seguro que sabía lo que estaba pensando, luego recordó que era una niña y seguro mariposas bailaban en su cabeza.



L. B. Silva

#1320 en Novela romántica
#456 en Otros
#53 en Acción

En el texto hay: accion, accion y drama, motos y autos

Editado: 15.04.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar