Hunter (williams #1)

15.

 

La mansión del alcalde era un desastre y eso pudo notar Hunter en el momento que llegaron junto a Valerie en su moto. La chica no parecía estar estable luego del desmayo en su casa, pero apenas sus ojos se abrieron pidió ir a su casa. No estaba realmente seguro de llevarla pero tenían que saber qué había sucedido, ambos tenían la esperanza de ver a Becca sana. Hunter se preguntó si su hermano estaba al tanto de eso y quiso llamarlo, pero como de costumbre Valerie rompió sus planes.

La chica bajó al instante de la moto, olvidándose por completo de él y corrió hacia las puertas de su casa. Se detuvo al instante al ver a los policías en todo el lugar y trató de detenerla, pero Valerie había perdido el juicio por completo. Golpeó los barrotes con fuerza, enojada por no poder entrar a su propia casa. Los policías se acercaron al instante a ella, ignorando por completo su apellido y cuando quisieron tocarla, Hunter apareció en escena.

—John, está conmigo. Déjanos pasar —le pidió Hunter al policía que trabajaba para ellos. Era bastante grande pero aún seguía trabajando en la policía de Auburn y peleando contra la delincuencia del lugar. Miró a Valerie y reconoció de quien se trataba, empezando a pedirle a todos que abrieran las puertas.

Apenas pudieron tener acceso, Valerie salió corriendo y Hunter solo tuvo que seguirla. Él no conocía la mansión, había ido una vez pero solo había seguido a la gente en aquella fiesta. No había pasado demasiado tiempo de eso pero él sentía que había sucedido hacia años. Valerie y él habían cambiado demasiado desde ese momento.

Llegar a la mansión fue igual de impactante que la entrada y pudo ver en Valerie miedo finalmente. Él no sabía si tocarla o decirle algo para ayudarla, porque nada parecía esperanzador en ese momento. De hecho, parecía que todo estaba en picada para los Reeves. Toda la mansión estaba llena de policías, gente asustada sin poder escapar de la situación y caras largas. Cuando quisieron seguir caminando en busca de explicaciones, la respuesta chocó directamente contra ellos.

—¡NO!

El grito desgarrador de Valerie le llegó a Hunter al corazón y tuvo que tomar valor para seguir adelante. El solo escucharla le hizo comprender que había sucedido y confirmado lo obvio. Vio a la rubia caer en el suelo, ignorando por completo a la policía que trataba de quitarle de la escena del crimen y abrazar el cuerpo de su hermana sin vida. No quiso seguir caminando, no quiso interrumpir en la angustia de Valerie y en una guerra que él no conocía. Se sintió culpable, pero no quería ser un conflicto más en la vida de la chica.

Rebecca Reeves estaba muerta, un disparo en el pecho había acabado con su vida y nadie hacía nada. Nadie. Todos se encontraban asustados mirando la escena de las hermanas y susurrando de manera hostil. ¿Nadie veía lo que estaba sucediendo? ¿Nadie comprendía que alguien había muerto? Buscó con la mirada a los padres de Valerie y los encontró rodeados de policías, sin ningún tipo de expresión de lamento en su rostro. El padre de las chicas lo miró, finalmente y ninguno de los dos dijo nada en ese momento. Hunter sintió la amenaza por parte del hombre, comprendió que a él no le gustaba nada que un Williams estuviera ahí pero nadie iba a sacarlo de ese lugar. Nadie iba a impedir que se quedara. La única persona que podía hacerlo lloraba la muerte de su hermana. Valerie era la única persona que podía decirle que hacer y al mismo tiempo, era la única persona que lloraba por Becca.

 

 

—¡Por favor, no! ¡No puede hacerme esto!

Alaska suspiró cansada al escuchar una vez más el llanto de la mujer y la ignoró cuando vio como los idiotas de Sergei se encargaban de callar sus gritos con golpes. Más tranquila, se subió al mostrador y comenzó a enviar mensajes como siempre hacia cuando tenía que vivir esos momentos. Estaba viendo la conferencia del alcalde cuando perdió la conexión y no comprendió que estaba sucediendo en Auburn. Los mensajes comenzaron a llover y no comprendió que sucedió hasta que empezó a leerlos. Le habían disparado a la hija del alcalde.

—¿Quién? —le decía Sergei a lo lejos a uno de sus asistentes que le mostraba su teléfono y con eso Alaska comprendió que estaban hablando de lo mismo. Se acercó lentamente, ignorando por completo que esa era una conversación privada. Nada era privado para ella, tenía acceso a todo y si no lo tenía, lo conseguía—. La hermana mayor no me importa, yo quiero a la menor.

—A la menor se la vio hace unas horas con uno de los Williams —le informó su asistente y tanto Alaska como Sergei levantaron las cejas al escuchar aquello. Era un rumor cada vez más fuerte la unión entre la chica y el Williams mayor, pero nadie lo sabía totalmente. El celular de Alaska sonó y uno de sus contactos le envió una foto que lo decía todo. Con su mejor sonrisa de maldita, le mostró a Sergei como Hunter Williams y Valerie Reeves se reían divertidos en un local cerca de donde estaban.

El hombre miró la fotografía con odio y Alaska sonrió sin poder evitarlo, eso significaba que las cosas no le estaban saliendo como deseaba. No tenía en claro sus planes, pero estaba seguro que él deseaba que Valerie se casara con él para crear una alianza eterna con los Reeves. No solo eso, sino que también un lugar en la política en el futuro. Pero, al parecer, a la rubia le gustaban las barbas rubias.

—Te has quedado sin alianzas ahora, Sergei. Con Rebecca muerta y Valerie en manos de los Williams... ¿por dónde atacarás? —le preguntó la morocha haciéndole una mueca de pena demasiado falso. Sergei la miró con asco por unos minutos y ella sonrió mientras tecleaba nuevamente en su teléfono, manteniendo la sonrisa mientras lo hacía.

Lo vio enojado y furioso en su momento, al comprender que había perdido algo que él deseaba con locura. Y cuando Sergei se enojaba, no era algo bueno de ver y ella lo sabía. Alaska volvió a sentarse en ese lugar al que había ido hacia unos días para encontrarse con Valerie y su madre. Era una boutique un poco arruinada pero se mantenía en pie para la gente con dinero en Auburn, esa que se escondía en las mansiones y no salía a la calle. El negocio de la mujer vivía gracias a ellos y estaba bien posicionado, pero Sergei estaba terminando con eso.



L. B. Silva

#1323 en Novela romántica
#439 en Otros
#51 en Acción

En el texto hay: accion, accion y drama, motos y autos

Editado: 15.04.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar