Hunter (williams #1)

Epilogo.

 

—¿Estás segura que no te olvidas de nada, Valerie?

La rubia se giró para observar a Hunter mientras él tomaba el último bolso del auto de Luke y cerraba el baúl. Eran demasiados bolsos los que llevaba y estaba empezando a considerarlo un gran peso, pero que seguramente luego iba a extrañar. El sol le dio en la cara cuando abandonaron el estacionamiento y se acercaron al autobús. El cabello rubio de Valerie brillaba con el sol y la brisa de verano movía su vestido mientras caminaba con determinación. Iba a echarla de menos todos los días, lo sabía, pero tenía que dejarla.

—No me olvido nada, Hunter y si me lo olvido no era importante —comentó encogiéndose de hombros sin mucha preocupación. El rubio sonrió sin poder evitarlo, cualquier mujer estaría furioso al saber que olvidaba algo. Pero a Valerie no le importaba, no era una persona material.

Suspiró lentamente cuando llegaron al autobús y no pudo evitar gruñir por lo bajo. Varias personas saludaban a sus familiares, Hunter trató de no observarlos porque no quería admitir que eso sucedería en su vida.

—Gruñón...

No pudo evitar volver a gruñir cuando escuchó a la rubia quejarse pero cuando ella lo rodeó con sus brazos terminó por sonreír. Él rodeó la cintura de la chica y la mantuvo cerca de su cuerpo. Los ojos claros de la chica lo observaban con pena, como si ella supiera que dolor estaba sintiendo. Se acercó a él, buscando sus labios y no dudó en ayudarla en la búsqueda. Besarla era siempre reconfortante, como si aquel fuera el remedio de cualquier enfermedad. Valerie por completo era su remedio y saber que iba a perderlo era una tragedia. Detuvo el beso alejándose, escondiéndose en su cuello y tratando de recordar cada parte de su mujer.

—¿Volveré a verte? —preguntó él, sabiendo la respuesta pero buscando una esperanza en aquella perdida. Iba a alejarse de ella, iba a perderla y nunca más volvería a verla. Le dolía el cuerpo de dolor pensarlo y no veía un futuro cercano a ese problema.

—Hunter... sabes que no funciona así —le susurró ella en el oído, acariciándole la espalda mientras decía eso. Era casi gracioso ver a un hombre tan enorme como él escondido en el cuerpo delgado de Valerie. No se trataba de peso, sino de la necesidad que sentían en ese momento—. Sé que serás muy feliz, solo tienes que darte la oportunidad.

—Te vas a ir... y yo no sé qué haré sin ti. Eres todo en mi vida, Valerie. Lo único que está bien, lo único que me da vida. Nunca amaré a nadie como te amé a ti.

—¡No digas eso! —exclamó furiosa la rubia, alejándose de él y tomando el rostro del hombre con sus manos. Hunter la observó a los ojos tratando de impedirle a las lágrimas que hicieran acto de presencia. No quería llorar, no quería demostrarle lo dolido que estaba. Pero no podía evitarlo. La amaba. Con locura—. No hagas eso, Hunter. Nunca digas eso. Sí, me amaste. Me amaste de una forma hermosa, pero amarás de nuevo. Amamos de formas diferentes, nunca más o menos. Solo diferentes. Encontrarás otra persona a la que ames de otra manera. No la amarás menos, ni la amarás menos.

Hunter no supo que decir, porque sospechaba que ella tenía razón. Sabía que en algún momento se enamoraría de otra persona y no iba a ser igual. Escucharla hablar de esa manera tan madura le llenaba el pecho de orgullo. Había cambiado mucho y era una mujer admirable. Era su mujer.

Cuando dijo eso, observó su cuello y sonrió. Llevaba la cruz sobre el vestido con orgullo, demostrando que significaba. Le había regalado la cruz para siempre, porque la merecía. Valerie alejó las manos de su rostro y las apoyó en el pecho del hombre. Las voces iban apagándose y Hunter comprendió que era hora de decir adiós. Para siempre.

—Cuida al niño, él merece una buena vida —le pidió algo que Hunter pensaba hacer sin problemas. Él asintió varias veces, porque era una promesa que iba a cumplir. Por las Reeves, que habían muerto por ese niño.

Muerto.

La realidad se hizo presente y Hunter comprendió que ese lugar no era real. Que aquello no era cierto. Valerie no se iba en el autobús a Chicago a estudiar, la realidad era mucho más cruel. La abrazó, desesperado por el contacto que ese mundo le daba y quiso quedarse para siempre en ese lugar, en ese mundo, en ese sueño. Valerie iba a ser inmortal para él en su corazón, iba a recordarla como la mujer que había dado todo.

—Te amo, recuérdalo todos los días.

Valerie asintió y le sacó la lengua mientras caminaba hacia atrás, volviéndose cada vez más borrosa. Ya no estaba el autobús, ya no estaban las maletas, solo estaba Hunter. Solo.

—Maldito sueño.

*****

 

Hunter se estiró en la cama enojado con su inconsciente por darle aquel sueño que no quería tener, pero había vivido de todos modos. El recuerdo de Valerie todavía era algo le dolía, podía vivir con el dolor, pero recordarlo todo el tiempo era algo agotador. Se sentó en la cama y suspiró lentamente, tratando de no recordar el sueño ni los momentos vividos con Valerie en ese lugar. No pudo evitar sonreír al acordarse de Valerie diciendo que iba a levantar la pata para hacer pis y marcar territorio en ella.

Se refregó los ojos con fuerza y salió de la habitación, sabiendo que tenía un día difícil. Dante estaba sentado en el sillón mirando al hijo de Luke pintando en el suelo tranquilo. El sol estaba en lo alto y Hunter sospechó que ya era el mediodía. La habitación de Lydia era un desastre. Desde donde estaba podía ver los bolsos esperando a ser cargados en el nuevo auto de Luke.

—¿Llevarás a Lydia, Dante? —quiso saber Hunter, porque era algo que todavía no habían decidido. El menor de los Williams se negaba completamente a llevar a la chica por razones que Hunter sabía pero fingía desconocer—. ¿Dante?

—No, no me llevará —respondió Lydia apareciendo en la escena. La rubia observó a su padre enojada, con los brazos cruzados. Se notaba el enojo en su rostro, pero su padre no tenía un buen día como para soportar todo eso—. Tomaré el autobús, ya lo contraté, no se hagan problema por mí.



L. B. Silva

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En el texto hay: accion, accion y drama, motos y autos

Editado: 15.04.2020

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