Invasión: Sangre y Guerra

10. Mirando el abismo

Con las manos apretadas en puños y el pecho invadido de impotencia, tristeza y consternación, Cat se esfuerza por no apartar la mirada. Todos son conscientes de los horrores que ocurren a manos de los convertidos, y cada día el no estar abandonado en las calles es una bendición. Pero verlo en primera fila es algo muy distinto. Trata de reprimir sus emociones y cuenta hasta diez, mientras toma pequeños respiros. El aire se siente viciado y espeso, el olor es nauseabundo. Hay mucho que procesar y no puede darse el lujo de detenerse a lamentarse.

—Por Dios santo —murmura Owen detrás, puede sentir los sentimientos en su voz, los mismos que recorren su pecho.

—Ve avisar a los demás

Owen retrocede a espaldas de Cat, buscando la escalera para salir. La imagen que se abre sólo puede ser descrita con una palabra: Desgarradora. En el suelo, agrupadas sobre sucias colchonetas y esposadas a viejas tuberías que suben por las paredes llenas de moho, se encuentran cuatro mujeres, dos de ellas en avanzado estado de embarazo. Todas ven a Cat con una mezcla de terror y esperanza en los ojos En el lado opuesto de la habitación, cuatro incubadoras contienen bebés que no aparentan más de dos meses de nacidos. Los infantes tienen agujas en sus brazos, las cuales les inyectan un líquido blanco y espeso, a la vez que otra aguja les extrae pequeñas cantidades de sangre

—No voy a hacerles daño —les dice mientras avanza muy despacio hacia los bebés —Voy a retirar las agujas.

La mayor preocupación de Catarina en estos momentos es ¿Por qué los bebés no lloran? ¿Estarán vivos aún? ¿Habrán sido convertidos? y sobre todo ¿Qué es eso que les están inyectando? Llega con mucha cautela a la primera incubadora, detiene su andar a escasos centímetros y retira la tapa. El vidrio se siente frío y húmedo al tacto, respira hondo y con mucha delicadeza coloca su mano sobre el pecho del pequeño niño dentro. Siente su respiración y su corazón bombear, muy débil, pero está con vida. Se apresura a retirar la aguja de su brazo, en ese instante el niño abre los ojos y la mira fijamente. Por unos segundos, a ella le parece ver reconocimiento en esa mirada, termina de retirar las agujas y el bebé deja escapar un suave gimoteo. Se mueve al siguiente bebé y realiza la misma acción. Siente la mirada de las mujeres fijas detrás de ella, pendientes y al acecho de cualquier cosa que haga. Cuando está por retirar la aguja del último, escucha los pasos en la escalera.

—Atiéndanlas a ellas —les dice Cat, al ver a sus compañeros petrificados en la entrada ¡Vayan!

Tara prácticamente corre hasta las mujeres, las cuales la miran con algo de desconfianza. Ella se acerca gentil a donde la primera y la revisa en busca de heridas. Se concentra de nuevo en el bebé y retira la última aguja. Hace señas a sus compañeros para que se acerquen. Amy levanta en sus brazos al primero, Carlo al segundo, Miriam al tercero y el cuarto lo agarra Steve, quien lo mira como algo fuera de este mundo. Una vez los bebés encuentran brazos cálidos que les brinden soporte ella se gira para ayudar a Tara.

Owen y Jenkins están rompiendo las esposas, la piel debajo de ellas está roja y encarnizada, heridas que denotan el tiempo que los grilletes estuvieron ahí marcando la piel. Cat se aproxima, y junto a Tara revisan a las madres en busca de otras lesiones. Están muy sucias, sus ropas hechas trizas, su piel blanca y los ojos hondos. Con seguridad no se han alimentado adecuadamente, lo que da la sensación de que han estado mucho tiempo en este sótano infernal.

—¿Pueden ponerse en pie? — Le pregunta Cat a la que tiene enfrente, una mujer de cabellos negros largos y piel blanca amarillenta. Ella asiente y se levanta tambaleándose. Las otras mujeres la imitan.

Ninguna lleva pantalones puestos, solo usan un enorme suéter que las cubre hasta encima de los muslos. Sus piernas están cubiertas por sangre seca que va desde el interior del mismo hasta la rodilla. El estómago de Cat se hace un nudo. A estas mujeres las violaron una y otra vez hasta que lograron que quedaran embarazadas, pero ¿dónde están los hombres? Saben con certeza que los convertidos no pueden reproducirse, lo que le lleva a pensar que obligaban a los hombres a violarlas y después los convertirían o mataban, ¿Qué harán con los bebés? ¿De donde sacan los que les inyectan? Las medicinas y demás... tienen que ser producidas por humanos.

—¿Cómo vamos a salir de aquí? —pregunta Steve casi susurrando como si no quisiera despertar al bebé que lleva en brazos — Ahora somos mucho más.

—Tenemos que hacer que Alana nos vea, ella sabrá que tiene que enviar un vehículo más grande —Responde Jenkins.

—Tienen las muñecas laceradas—Comienza a hablar Tara —Muchos rasguños y moretones, desnutrición y evidencias de penetración forzada. Pero creo que podrán caminar, más no correr. Sus piernas están débiles por la falta de uso, sus muslos tardaran en responder.

—Hay una cámara cerca —Dice Owen — Alana nos mostró imágenes de este vecindario, una de las cámaras graba en la esquina a la derecha. Esa fue la imagen que vimos en la base. Podemos llegar ahí para hacer algún tipo de seña y esperar.

—Cuatro de nosotros estaremos inmovilizados para combate debido a los bebés —Expone Steve — Allá afuera seremos presa fácil.

—No hay otra alternativa, los que no tienen a bebés en brazos defenderemos el círculo —Responde David.

Se ponen de acuerdo y salen con mucho cuidado en un orden específico. A la cabeza como siempre va Jenkins, detrás de él protegiendo a las mujeres en estado de embarazo va Owen, seguido por Amy, Carlo, Steve y Miriam que llevan a los bebés en brazos. Por último, van Tara y Cat custodiando a las otras dos mujeres.

Caminan hasta la esquina donde Owen asegura que debe estar la cámara. Una vez llegan, las mujeres se sientan junto con los que cargan los bebés. Los demás hacen un círculo en torno a ellos.



Shey. Saad

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En el texto hay: vampiros, misterios y drama, apocaliptico

Editado: 07.10.2020

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