Irresistible Error: Corrigiendo √

Capítulo 22

¿Alguna vez has sentido una fuerte atracción física por alguien que no quieres que esta persona se atreva a separarte de ti ni un solo centímetro? Pues bien, así me estoy sintiendo en este momento. Su respiración, su perfume tan embriagador, su cuerpo cálido y todo lo que representa me están convirtiendo en una chica extremadamente sin juicio y no puedo permitir que eso suceda tan de prisa, porque sé que sucederá y perderé mi control con él.

Me gustaría caer en sus brazos como la última vez, lo deseo. No obstante mis hormonas no decidirán por mí, no esta noche al menos.

—Olvide mi celular —le digo sin apartar nuestros ojos.

Jayden se pasa la lengua por sus labios.

—Y si simulas olvidártelo para poder verte nuevamente pronto —su voz me hare erizar la piel.

De verdad estoy controlándome y no echarme entre sus brazos fuertes y envolverme. ¿Qué me está haciendo?

—No precisas mi celular para volver a verme —suelto sin percatarme de mis propias palabras.

Una de sus manos sujeta mi cintura para atraerme y pegarme a su cuerpo, y con su otra mano libre acaricia mi mejilla derecha con tanta suavidad, como si yo fuera un cristal a punto de romperse. Cierro los ojos automáticamente y los abro e intento esta vez ser fuerte y no dejar que esto llegue más lejos de lo que si estoy dispuesta a que llegue. Por más deseosa que este, necesito irme. Esta tensión atrayente va a ganarme en cualquier momento.

—¿Quieres irte? —me susurra en mi oído dejando escapar su respiración suave.

¡No, no quiero!

—Si…si —carraspeo.

—No tengo un sexto sentido, pero puedo presentir que me mientes —continua en mi oreja—. No me apetece dejarte ir, no me apetece llevarte.

—Sí tú no quieres, no importa —tomo sus manos y las alejo de mí—. Puedo tomarme un taxi.

No demuestro la fuerte atracción. No hay nadie que pueda interrumpirnos si continuamos con este juego extraño, el celular puede apagarse fácilmente, estamos en su departamento, quiero arrebatarle la ropa, quiero hacer lo mismo con la mía, es exactamente lo que quería la otra noche. Trago saliva y desvió la mirada, con una increíble fuerza de voluntad me voy al living y tomo mi celular, ya en la sala le digo a Jayden que es hora de irnos, este no quiere, lo noto y me lo repite, pero más no tiene elección.

—¿De quién es esta chaqueta? —le consulto cuando me subo a su Jeep.

Él se pone el cinturón de seguridad, tras comprobar que he hecho lo mismo me responde:

—Es de mi hermana.

—No sabias que tenías una hermana —le digo.

—Hay un millón de cosas que no sabes aún —sus dos manos están ocupadas en el volante mientras mira hacia atrás para comenzar a conducir.

Estornudo dos veces y sin haberme tapado la nariz, me muerdo los labios.

—Lo siento —me siento avergonzada.

Jayden se ríe.

—¿Por estornudar? No seas tonta, no pasa nada —más tarde ya estamos en carretera—. ¿Tienes hambre? —me pregunta de repente.

—¿Qué?

—¿Si tienes hambre? ¿Te gustarían unos Hot Dog? Hay un carrito de comida donde lo hacen deliciosos.

—¿Te gustan los Hot Dog?

—Si —me contesta.

—Creí que solamente comías cosas saludables, no comida chatarra.

—Unos días al año me doy un pequeño gustito —sonríe de lado.

Me lo pienso dos veces.

—Para ser sincera, no tengo hambre. Pero podemos pasar por uno para ti, y me llevas a casa. Te recuerdo que necesito reposo.

Jayden cae en cuenta. Asiente con la cabeza pero no me responde. Seguimos en la ruta. La pantalla de mi celular ilumina el jeep cuando me llega un mensaje de mi padre. ¡Qué raro! Lo abro y es corto y justo como él con su personalidad. Me dice que estará aquí el primero de noviembre. ¡No! No falta nada, solo unas dos semanas en total.

Tengo que irme preparando a las miles de discusiones que tendremos cuando sepa mi situación.

También voy a llamar a mi madre y pedirle un consejo como manejarlo. Aunque mi padre es un hombre muy difícil, mamá en ocasiones sabe cómo mantenerlo calmado.

—Parece que hubieras visto un fantasma —comenta Jayden—. ¿Quién te ha envidado un mensaje?

—Mi padre.

Asiente callado.

—¿Algún problema? —pregunta.

Me disputo si debería contarle algo de mí o no. Pero esto no es un secreto de estado mucho menos.

—Sucede que él no sabe que me he salido de la universidad —le suelto.

—¿Hombre estricto con respecto al estudio?

—Como la mayoría de los padres, supongo.

—¿Y cuando llega?

—En noviembre.

—Ah —dice.

Me distraigo de mi padre, mirando las luces de la ciudad, pero no logro dejarlo del todo. Mi padre se enfurecerá conmigo, no importa cuántos años tenga, él sentirá siempre que tiene que tratarme como una niña y a veces como una chica adulta. Sabe a la perfección cuando y como hacerlo. Cuando estaba en la secundaria, siempre me decía que debía ser mejor que él cuando era adolescente, me presionaba todos los días, incluyendo los fines de semanas para estar cien por ciento metida en los libros. Casi nunca me dejaba salir con mis amigas, por supuesto que igualmente yo salía a escondidas, hasta el día de hoy no se enteró de mis escapatorias. No era una chica rebelde a pesar de eso.

Muchas veces si hacia algo mal, me lo recordaba hasta cansarse. Y cuando hacía algo bien, quería que lo hiciera mejor aún. Por el lado contrario, mi madre nunca ha sido como él. Si bien ella quería que terminara la escuela sin complicaciones, me daba el tiempo a respirar como mi padre no lo hacía. Mi padre a pesar de ser un abogado ocupado, encontraba siempre la manera de estar siempre presente aunque en salía de viaje a menudo.

—¡Bonita! —Jayden chasquea los dedos—. Sal de tus pensamientos profundos —se burla.

—No sé de qué hablas.

—Oh si lo sabes.

Lo miro mal.

—Te perdiste por unos cuantos largos minutos, bonita.

¡Qué observador!

—Cuando algo me preocupa demasiado, suelo golpear un saco de boxeo hasta que mis nudillos sangren —me dice y espera a que yo le diga algo.



Itsaldanat

Editado: 22.04.2020

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