Irresistible Error: Corrigiendo √

Capítulo 1

Me cubrí los oídos nuevamente al escuchar a las personas a mi alrededor gritar con desesperación mientras Duncan y yo nos abríamos paso entre la multitud.

Él me sostenía de la mano para no perderme de vista. Parece una total locura, es decir la primera vez que vine a este lugar fue un día después de descubrir el engaño de mi ex novio, y el día que conocí a ese boxeador el cual no había forma posible de quitarlo de mi vida. Mi corazón comenzaba a latir con mayor fuerza a medida que avanzábamos, ya faltaba casi nada para volver a verlo, estuve esperando esto desde la semana pasada en el que Duncan me dijo que me ayudaría porque se sentía culpable por lo que su padre me esta obligando hacer. Aunque le he repetido un millón de veces que el menos culpable de todo esto es precisamente él, pero no hay ser humano en la tierra que pueda convencerlo.

Ya había pasado un mes entero desde que estoy viviendo en la casa de Alexander, alias mi infierno. Así le puse.

Me sentía dentro de una telenovela cliché donde la protagonista es secuestrada por el villano de la historia ya sea por “amor” (una forma de decir) o por “venganza” y que luego terminaría siendo rescatada por su “galán”. Una estupidez de mi parte pero era lo que pasaba por mi mente. En ese mes encerrada entre cuatro pareces, lo único que hacía era leer y releer libros, ya no trabajaba y lo extrañaba. Extrañaba incluso los gritos de Maggie. Extrañaba mi antigua vida, y para ser sincera aunque suene lo más patético del mundo, también a Danielle, digo es mucho mejor que ver su cara que la de Alexander todos los días.

Mi padre le entregó los documentos a Alexander porque yo se lo he pedido, le asegure que mientras lo tuviera quien se decía ser su mejor amigo, nada malo podría suceder, eso me lo aseguro a mí el demonio de Alexander, y eso era lo yo quería creer. Mi padre no lo acepto así como así, no fue fácil, pero al final accedió. Lo que no me resulto para nada fácil fue poder convencerlo de que me dejara seguir viviendo en Miami, estuvimos días discutiendo por eso, y nada me iba a dar más alegría que irme con él a casa, quería ver a mi madre y darle un enorme abrazo. Y poder olvidarme de todo el caos, pero lamentablemente no podía hacerlo.

Llegamos al mismo pasillo de la primera vez, oscuro.

Sonrío como si estuviera en una tienda de dulces para comerme todo sin limitaciones y eso era lo que haría en cuando por fin me encontrara con el hombre culpable de mis desvelos por las noches. Hoy Jayden y Duncan pelearían en el club, él junto a Jayden acordaron sus peleas para que Duncan pudiera traerme sin que su padre sospechara nada. Ya todo estaba planeado. Igualmente no me quería hacer tantas ilusiones, después de todo a veces nada resulta como las planeamos.

Me tomo unos días poder armar el rompecabezas definitivo. Ya sabía quién era quien en esta historia de mi vida. Jayden era una víctima más. Alexander era el verdadero miserable aquí. Mi padre cometió un error al quedarse con esos papeles. Duncan ignoraba algunas cosas de lo que su propio padre hacia a sus espaldas.

No sabía cuándo volvería a mi antigua vida, dado que hasta que el padre de Duncan no cobrara su dinero, yo estaría atada a él. Estoy llevando esto lo más calmada que puedo, necesito estar en mis cinco sentidos y sobrevivir.

Duncan y yo nos detenemos delante de una puerta lo más alejado del centro del Club. Lo miro esperando a que toque la puerta.

—Tengo que ir a alistarme —me dice y toca la puerta—. Recuerda lo que te he dicho en el auto, nos vamos apenas todo termine. Mi padre no es ningún idiota. No podemos quedarnos más de lo necesario.

—Tu padre es una escoria —ya no tenía pelos en la lengua cuando me expresaba de Alexander, a Duncan no le molestaba tampoco.

—Lo sé, Iris, pero no podemos hacer nada y tú lo sabes mejor que nadie.

Asiento.

La puerta se abre a medias y de esta se asoman dos ojos esmeraldas. Una sonrisa se forma en sus labios, me parece no haberlo visto en años. Lo sé, es ridículo.

Jayden abre la puerta por completo y sin más me toma de la mano para tirarme a él y pegarme a su cuerpo. Busca mis labios para estamparlos con los suyos. Me besa con una intensidad imposible de explicar.

—Yo los dejo —escucho decir a Duncan pero continúo con el beso—. No sé para que hable, ni siquiera les importa.

Jayden suelta una mano de mi cintura para cerrar la puerta detrás de nosotros. Nos separamos por falta de aire.

—Te he echado de menos, bonita —me acaricia con su pulgar el mentón—. Odio la idea de que estés cerca de Duncan, pero era la única forma de que nos podremos ver.

Niego con la cabeza.

—Creo que Duncan es el menor de tus problemas  —le doy un beso en la mejilla izquierda—. Además deberíamos de estar agradecidos con él, ¿no crees?

Jayden finge estar pensando.

Pongo los ojos en blanca.

—Ya, de acuerdo. Cuando nos ayude a mandar a su padre a la cárcel que es donde merece estar, le daré las gracias y hasta le besare sus pies.

—¿Y cómo haremos eso?

—No lo sé —Jayden deja de sonreír—. Estoy pensado. Necesitamos hacerlo caer, pero no sé cómo.

—Necesitamos suficientes pruebas para tener un juicio, ¿verdad?

—Sí.

—Bien…puedo que yo pueda ayudar con eso —me muerdo el labio inferior y desvío los ojos nerviosa.

Jayden me suelta.

—¿Cómo?

—Simple, Jayden. Yo vivo con él después de todo —vuelvo a mirarlo a los ojos—. Puedo buscar cualquier cosa con la que podamos inculparlo, no lo sé. Sabes, en este mes en la que llevo viviendo ahí, he visto que se reunía con dos hombres en menos de una semana.

—¿Y?

—Y de seguro que no hablaban del tiempo —levanto una ceja—. A lo que me refiero, es que puedo grabarlos…

Jayden me detiene a mitad de frase.

—No es tan fácil, Iris —parece molesto por lo que dije—. Cualquier pequeño error que cometas, por más mínimo que sea, puede ponerte en peligro. No te puedes arriesgar de esta manera. Es como lanzarte de un avión sin paracaídas. Además te recuerdo que él no trabaja solo.



Itsaldanat

Editado: 22.04.2020

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