Jayden Helms: Orígenes

Cenizas: ¿Realidad o ficción?

¿Te has preguntado cuál es tu propósito? Unos buscan ser alguien en la vida. En lo personal es lo más estúpido y popular que he escuchado. ¿Quieres tener éxito según quién? No nos vayamos lejos. Tu definición de éxito no es la misma que la de tu padre, que la de tu abuelo, que la de tu tatarabuelo… A lo mejor para unos es tener mucho dinero, para otros encontrar el amor… pero para mí es la venganza, y es tanto mi deseo que no me importa morir por ello.

Es imposible tener todo, siempre hay algo que falta, y cuando crees que llegaste a la cumbre de la pirámide, el destino —de la forma más ruin y cruel que te puedas imaginar— te quita lo que deseas.

Me encontraba de viaje. Precisamente en Bibury, Inglaterra. El pueblo más hermoso que he visto en mi vida; definitivamente un lugar que tienes que visitar antes de morir, o en mi caso particular, justo para eso, para que mi alma abandonara mi cuerpo. Era mi luna de miel. Mi esposa en ese momento era la mujer más bella con la que había estado. Literalmente disfrutaba cada segundo con ella. Incluso cuando se enojaba, se le marcaban unos hoyuelos que la hacían enojar aún más. Pero esta no es una historia de amor, no quiero que lo sea. Si te has enamorado debes saber cómo me siento, y si no, por favor hazlo, hazlo sin pensar y sólo déjate llevar.

La primera vez que vi a Karla fue mágico, y no sólo porque ella fuera una bruja. No hizo ningún hechizo sobre mí, sin embargo, quedé perdidamente embrujado por ella. Portaba un top morado —que dejaba ver su abdomen bien marcado— con cuello de tortuga que impedía mostrar más, pero no era necesario, su cara era angelical y su mirada demoniaca: era la perfecta combinación del yin y el yang. Un corazón de oro y un carácter de los mil demonios. El punto es que la vi parada, como perdida, en aquella acera; no sabía cómo llegar a su destino y a leguas se notaba que no era de por aquí. Caminé a su lado esperando que me preguntara una dirección, algo, pero no lo hizo… y es que ¿por qué lo haría? Era el peor plan de conquista que tenía y obviamente no funcionó. Las cosas no funcionan cuando pones tus objetivos en las acciones de otra persona. Cuando deseas que el destino actúe a tu favor. Por lo que di rápidamente la vuelta para estar nuevamente frente a ella. Esta era mi oportunidad y ya no podía fallar: debía actuar ahora o nunca. Tomé mi celular y caminé distraído para chocar con ella. Lo sé, este plan es mucho peor que el primero, ¡pero funcionó! Le empapé sus jeans con el jugo que ella llevaba por lo que me ofrecí a conseguirle otro, ir a la plaza más cercana para comprarle unos pantalones nuevos. Ella simplemente dijo que no me preocupara, que hacía bastante calor como para que en veinte minutos se secaran. Obviamente ella utilizó un conjuro para secarlos sin que me diera cuenta; pese a todo, me aceptó un café para reponer su bebida. Ese café se convirtió después en una invitación a comer; esa comida, en ida al cine; la película, en besos y mágicamente Karla se convirtió en mi alma gemela.

En nuestro segundo aniversario, me enteré de que era maga; ella se enteró de mi pésimo, pero grandioso plan de conquista. Fuimos a cenar al bosque. No es el mejor lugar para la mayoría, pero sí para nosotros. Sólo éramos ella y yo. La noche era perfecta, no necesitábamos más. Me pidió que cerrara los ojos y lo hice; después de abrirlos nos encontrábamos en la cima de una montaña con un paisaje increíblemente bello. Cascadas por doquier y una laguna inmensa.

—¿Cómo es posible? —pregunté asombrado.

—Perdona por tardar tanto en decírtelo, hace menos de quinientos años nos quemaban en la hoguera por contarlo.

—No es posible, eres una…

—Bruja, maga, hechicera… como gustes llamarme, eso soy.

Me quedé sorprendido, siempre pensé que la magia era un cuento de hadas. Guardé silencio pues no sabía qué decir.

—¿Estás Molesto? Entiendo perfecto si deseas terminar nuestra relación.

—¿¡Qué!? Claro que no, eso es increíble. ¿Hay más criaturas sobrenaturales?

—Te cuento mi mayor secreto, y, ¿eso es lo único que te importa?

—Sí, quiero decir no… Verás… —Pero antes de que pudiera decir nada más, se marchó dejándome en aquel lugar que desconocía. No me permitió explicarle.

Sentí un déjà vu, y es qué de niño siempre tenía la misma pesadilla. En el orfanato me apartaron de la recámara comunitaria porque no permitía dormir a los demás, y al parecer tampoco a aquella niña. Creo que se llamaba Kagla… Kaglerin… ¡no, no, era Kagneline! Fue la primera niña a quien le robé un beso, y la primera que me dejó plantado de la misma forma que hizo Karla. Ahora sé que también era bruja. A lo que voy es que creo que mi pesadilla resulta ser verdad. Soñaba cómo asesinaban a mi familia, pero no de cualquier forma, les drenaban la sangre hasta que no quedara una gota… uno por uno y yo veía todo, pero no hacía nada… era apenas un niño de cuatro años ¿Qué podría hacer ante un clan de vampiros? Por lo que permanecí escondido en el ropero hasta que se fueron. Pasé por más de cien psicólogos y me convencieron de que lo que vi era sólo una pesadilla; que en realidad nunca llegué a conocer a mi familia pues fui abandonado después de nacer, y que esa pesadilla sólo representaba mi deseo reprimido de explicar por qué me dejaron solo sin razón alguna. Es mucho más atractivo pensar que no fue porque quisieran, sino porque el destino les impidió cuidarme. Pero eso pasa a segundo término pues no sé cómo salir de esta jungla; esperé una semana en este lugar pensando que Karla regresaría por mí, pero no lo hizo. ¿De verdad le dolió tanto? O, ¿es que nunca me quiso? El hambre y la sed me hacen desvariar. A pesar de la laguna, yo estoy hasta la cima de la montaña donde la única agua que puedo tomar proviene de la lluvia nocturna.



Fernando Barba

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En el texto hay: vampiros, amor, tragedia

Editado: 16.10.2020

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