Juego de mentes

Capítulo 2

―Tardaste demasiado en venir.

El hombre al que se dirige se detiene frente a la puerta de la habitación al notar el enfado que demuestra Dierk quien lleva esperando al sujeto alrededor de media hora.

―Lo siento mucho, señorito ―realiza una corta reverencia y entra cerrando la puerta tras sí―. Es un honor conocer al futuro…

Se detiene al percatarse de la mirada insensible y mordaz de Dierk. Instintivamente da un paso hacia atrás y tropieza con los otros dos agentes.

―Roberto Acuña, ¿no es así?

―Así es, no se equivoca señorita Voroviob. ―Responde a Nastia quien le ha colocado una pistola en la espalda.

―Puedes bajar el arma, Anastasia. Sé que es él, reconozco su voz ―la mujer hace lo que le pide y él se dirige al sujeto―. Explica, ¿cuál es la respuesta del líder de la sexta familia? ¿En qué aspectos colaborará con nosotros?

―Lamento informarle que no podremos serle de mucha ayuda.

―Igual que siempre ―destaca Lorentz―. No hay una sola ocasión en la que no se hagan los estúpidos.

―¡Más respeto! ―demanda al sentir la ofensa hacia su estirpe.

El señor Acuña se gira para encarar a Lorentz. El otro hombre no se deja intimidar y da un paso hacia adelante, mostrándose preparado para cualquier ataque. De repente, ambos retroceden cuando se interponen entre ellos varios cuchillos que se sostienen en el aire.

―No quiero ninguna pelea innecesaria ―dice y los cuchillos empiezan a dar vueltas alrededor de los hombres hasta que se sitúan en torno al cuello de Roberto―. Sin embargo, en esta ocasión estoy de acuerdo con Lorentz. Como parte de las siete familias protectoras de la princesa Juliana, el deber de su estirpe es proporcionar apoyo ante cualquier acontecimiento y ustedes, siempre colocan la excusa de su independencia política y económica.

Aprieta sus puños debido a la furia. No es como si hubiera contado con que la sexta familia se mostrara disponible; en realidad, es una de las variables que ha tomado en cuenta en su análisis pero, lo que lo enfurece es la actitud de ellos. Aunque Dierk lea, una y otra vez los manuscritos de la organización, no ha encontrado una respuesta convincente al por qué ellos son los únicos que no pueden compartir su información de inteligencia con las demás estirpes. Además del hecho, de que su líder y su cede central son un completo misterio. No hay algo que le moleste tanto que tener un vacío de conocimiento.

―En fin, eso no importa. ¿En qué poca cosa nos ayudarán?

―Primero, ¿podría quitarme los cuchillos del cuello, señorito? ―pide el hombre y Dierk hace caso omiso de sus palabras; al percatarse de esto, decide hablar―: He traído un vehículo blindado y un cargamento de armas de diferentes calibres. Asimismo, un grupo de diez hombres y mujeres están a su disposición si llegara a haber un enfrentamiento directo con la Insurrección.

―¿Diez agentes? ¿Nos quieren ver la cara de estúpidos? Con esa cantidad, ni siquiera se puede hacer una misión de reconocimiento.

―Lo siento, agente Lorentz pero, Nicaragua es un país neutro dentro de la organización. No pertenece a ninguna de las familias y por tanto, aunque somos la estirpe que está más cerca del sitio, no podemos movernos con total libertad.

Todos quedan en silencio dentro de la habitación. El joven Schäfer se levanta de su silla y acto seguido, los cuchillos dejan el cuello del señor Acuña para regresar a la repisa. Roberto, lleva sus manos a su cuello para masajearlo y siente pequeñas gotas de sangre. Maldice a Dierk en sus adentros.

―Si es todo lo que tenías que decirnos, puedes irte.

La puerta de la habitación es abierta por la telequinesis de Dierk y el hombre sale tras realizar otra reverencia. En cuanto el hombre se marcha, el capitán del equipo, se acerca a sus compañeros para brindar las orientaciones del momento.

―Cuento con ustedes dos para esta misión ―informa y se acerca a la puerta―. Se hace tarde, debemos vernos con el señor Greco.

De inmediato, se apresuran a salir del hostal y abordan el automóvil que les ha asignado una de las estirpes de la organización. Mientras Lorentz conduce, Nastia y Dierk se dedican a realizar un inventario de las diferentes armas.

En cuanto terminan de analizar el calibre y las municiones para las pistolas; Dierk le pide a Lorentz que abra un poco la ventana izquierda de atrás. Así, el aire fresco del exterior empieza a adentrarse mientras observa el paisaje.

En este instante, es consciente de la existencia de una diferencia abismal entre el clima tropical de la zona en la que se encuentra y de su querida Alemania. Si estuviera allá, tendría que tener varias ropas encima para aguantar el frío que produce las temperaturas bajas de la época. Aquí en cambio, el clima es agraciado; el sol no se esconde tras días nublados y los vientos, lejos de ser fríos, son cálidos.

La infraestructura, el relieve y la economía ―por lo poco que ha visto― son también diferentes pero, no le incomoda. A la verdad, entiende por qué muchos de sus compatriotas eligen este país como destino turístico. En ocasiones, lo diferente, resulta atractivo.

En Alemania duda encontrar un lugar erigido sobre lava. Según lo que leyó en una guía turística, cuando estaba en el avión, el lugar a donde se dirigen y que ya está vislumbrando se llama “Piedra quemada”. Al parecer, hubo una erupción del volcán Masaya y la lava que recorrió kilómetros, se petrificó y quedó un manto negro sobre la tierra que fue mandado a triturar con tractores. Los pedazos que quedaron fueron ocupados por los pobladores, los cuales los colocaron como una especie de cerco que dividen actualmente, sus propiedades.

De improviso, sus pensamientos se cortan cuando siente que su cuerpo es llevado hacia delante de forma brusca. Por instinto, lleva sus manos hacia su cara antes de golpearse contra el asiento del conductor. Aún desorientado por no saber lo que ha sucedido, lleva su mano hacia debajo del asiento para sacar su pistola pero, Nastia lo sujeta de la mano para detenerlo.



Julissa Snchez Arias

Editado: 27.12.2020

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