Juego del destino

Capitulo XXX

Los días siguientes son de mucho trabajo. Pero así como llega la semana, así mismo finaliza. Después de cerrar esta jornada de trabajo del viernes, voy camino a casa con ganas de pasar el fin de semana en el apartamento y en compañía de unas de cervezas.

Son las 8 de la noche cuando voy llegando a mi apartamento con mi cena, pero justo en el momento de entrar al estacionamiento suena mi móvil, lo tomo sin ver quien llama y contesto para sorprenderme al oír la voz detrás del auricular:

-Perdón por molestar, pero necesito tu ayuda. Escucho a Elisa con voz extraña.

-¿Dónde estás? Pregunto sin siquiera saludar. Oigo como ella dicta la dirección y sin pensarlo dos veces, tomo las llaves de mi moto y salgo a toda marcha hacia el mismo local nocturno donde estaba esa misma noche con Ruth.

Solo me toma 15 minutos llegar hasta donde se encuentra, estaciono la moto y me dirijo a la entrada, allí me encuentro con unos agentes en la puerta a quienes muestro mi placa de identificación y sin esperar nada entro al lugar. Me encuentro con un ambiente lleno de humo y alcohol al igual que ese día cuando vine por primera vez. Aunque la diferencia es, que en esa ocasión no estaba tan repleto como hoy, mientras observo el lugar levanto la mirada para ver si puedo distinguir a Elisa en medio de tantas personas.

En ese momento siento como vibra el celular en el bolsillo delantero de mi pantalón y al sacarlo es un mensaje de la pelirroja

-Baños. Hombres.

Busco el lugar y un letrero de Baños llama mi atención así que me desvío del camino y voy hasta allí, me debato en que quizás quiso decir Damas pero no lo pienso mucho y entro al acostumbrado espacio. Veo y algunos caballeros esta allí, observo que solo un casillero de los 6 se encuentra cerrado. Camino hasta allí y llamo con los nudillos, enseguida veo como se abre la puerta y una delicada mano me hala hacia dentro del pequeño lugar.

-¿Estas bien? Pregunto al verla, pero aun no la he visto a la cara.

-Seh. Escucho que dice por encima del ruido del lugar, mientras la tomo por la barbilla y la observo detenidamente.

-No. Dice esta vez mientras se deshace de mi toque.

-¿Por que?

-No quiero que me veas así de nuevo.

-¿Estas tomada? Y sola. Aseguro esta última frase.

-Mis colegas se fueron hace rato, me llamaban pero les dije que me había ido.

-Estas borracha otra vez y quieres que te saque de aquí. Que no se te vuelva costumbre.

Ella esta vez me mira, y por la forma en como lo hace, sé que es algo serio lo que dirá.

-Disculpa por hacer que vinieras. Pero... Alguien me está persiguiendo.

-¿¡QUÉ!?

-Están allí fuera.

-¿Quiénes son? ¿Cuántos? ¿Cómo lo sabes?. Pregunto alerta.

-Solo lo sé. No supé a quién llamar y por eso recurrí a ti.

Nos quedamos en silencio y sé que por la forma en como me mira algo más se oculta detrás de esa mirada. Decido no preguntar más... Por ahora.

- ¿Te vieron? ¿Cuántos son?

-Creo que no, solo ví a uno de ellos.

-Uno solo. Perfecto. Necesitamos irnos de este lugar, si tardo unos minutos más mis tímpanos se romperán ante tanto ruido.

Ella no sonríe ante mi comentario como pensé que lo haría, enseguida ideo un plan para sacarla de aquí, se lo hago saber y ella asiente por lo cual me quito mi chaqueta y se la coloco para después tomarla en mis brazos y llevarla fuera, cuando salgo del baño muchas personas me miran y solo agrego "mucho tequila" Elisa va cubierta con mi chaqueta para que nadie la vea, camino hasta la salida y una vez fuera, vamos hasta dónde está mi moto, cuando estoy seguro que nadie nos ve la dejo sobre sus pies.

-¿Es una broma no? Dice cuando se para al frente de la enorme moto.

-Creo que tengo pinta de todo menos de bromista. Agrego mientras saco las llaves y la coloco en el contacto.

Tomo asiento en mi lugar y con el casco en las manos volteo para mirarla y sus ojos de par en par dicen que no se subirá.

-¿Alguna vez has subido a una moto? Pregunto y veo como ella niega suavemente sin siquiera mirarme. Ya que su vista está dirigida a mi KLR 650.

Al ver que esta absorta observando mi moto como si fuera un monstruo, bajo de ella y me acerco hacia donde está, la miro detalladamente y por la forma en como me mira puedo distinguir un miedo en sus ojos.

-Esto fue lo único que traje para llevarte a tu casa. Prometo no volver a traerla cuando estés conmigo, pero ahora necesito que subas detrás de mí y nos vamos antes de que quien sea que este allá dentro se dé cuenta que no estas y comience a buscarte. ¿Si?

Veo como ella asiente y mientras le coloco el casco, veo que esta un poco mas pálida de lo habitual. Vuelvo a mi lugar anterior, veo como ella sube poco a poco a mi lado y me rodea con sus pequeños brazos. Se sostiene con mucha fuerza a mis costillas.

-No tan fuerte. Digo separando un poco su agarre de mi alrededor y siento como aligera sus brazos.

Pongo en marcha la moto y en segundos estamos perdiéndonos en el tráfico de la agitada ciudad, en todo momento siento a Elisa encogerse cuando freno y en algunos casos siento como aprieta sus piernas a la altura de las mías. Cruzo para llegar a su casa cuando oigo que ella está golpeando mi espalda.

-¡No! ¡Hacia mi casa no!.

Bajo un poco la velocidad y le pregunto a donde quiere que la lleve.

Al no responder, tomo la decisión y enseguida retomo la avenida pero esta vez, llevándonos a mi apartamento, me toma algunos minutos más llegar al familiar estacionamiento, entro y me estaciono en el lugar cerca de donde está mi camioneta.

-Llegamos. Digo y con un toque en sus piernas doy a entender que necesito que baje para estabilizar la moto. Ella baja poco a poco y a los segundos estoy a su lado.

-¿Estas bien? Pregunto mirando su rostro pálido. Ella no contesta pero asiente suavemente, distingo un suave temblor en su labio inferior y este gesto hace que la tome en mis brazos y deposite un suave beso en su frente.



Abeja Ajetreada

Editado: 08.01.2021

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