Juego del destino

Capítulo XL

Abro los ojos y me doy cuenta una vez mas que me dejé los lentes puestos para dormir. Me reprendo mentalmente por la molestia que sentiré en gran parte del día. Veo que estoy en una habitación que no es la mía y bservo a mi alrededor para detallar otros colores, pero enseguida reconozco el lugar y sé que estoy en la casa de los Marchán. 

En la mesa de noche, reposa mi teléfono móvil y veo que tengo varias llamadas perdidas de Ezequiel, Jean, Ender, Enzo y ninguna de la pelirroja. 

Elisa.

Al pensar en ella, me recuesto sobre las almohadas y recuerdo cada uno de los sucesos que han acontecido en estas últimas horas... Veo como se abre la puerta y Roberto esta allí con una bandeja.

-Sabía que estabas despierto. Nunca duermes hasta tan tarde.

-¿Cómo estás? Vanesa te envía un vaso de jugo. Dice mientras se acerca a la cama y al hacerlo me siento para recibir el vaso de jugo. Lo tomo de un solo trago y le agradezco internamente.

-¿Qué cómo estoy? No sé que hacer de ahora en adelante. Confieso con voz gruesa por tanto alcohol ingerido estás últimas horas.

-Dúchate y te esperamos abajo para que desayunemos juntos. Sé que eres más robusto que y,  pero te traje ropa limpia que te quedará.

Una vez solo, me levanto de la cama y como esa vez en casa de Elisa estoy solo en ropa interior, al avanzar al baño siento dolor en algunas partes de mi costado. Resultado del round de boxeo con Roberto. Me meto a la ducha y enseguida el agua me empapa llevándose consigo una noche de tragos.

Pero  no se lleva los recuerdos que deberían irse por el acueducto.

Al estar vestido bajo las escaleras y puedo oír las voces de los niños desde algún lugar de la casa. Cuando me dirijo a la cocina veo que Roberto, Vanesa, Rodrigo y Victoria están allí, al verme Rodrigo es quien viene a mi encuentro.

-Tío menos mal despertaste Mamá hizo Panquecas. ¡Te encantarán!. Dice emocionado mientras me lleva de la mano al comedor.

-Buenos días Tío. Dice Victoria mientras está con su Tablet en la mano.

-Hola. Contesto.

-Buenos días. Dice Vanesa mientras deposita un beso en mi mejilla.

-¿Café? Pregunta.

-Si gracias. Digo para ver como me sirve una taza de café negro sin azúcar.

Me encuentro en compañía de mis amigos y verlos allí, hace que me sienta un poco mas reconfortado. Oigo alegremente como Rodrigo me detalla sus avances en Karate do y me comprometo a enseñarle algunas técnicas. Solo tomo una vaso de café como desayuno, y si alguno de los Marchán se percató que no comí nada, amablemente no dijo nada.

En este momento me encuentro solo en compañía de Roberto y Vanesa, sé que ella sabe lo ocurrido entre Elisa y yo. Imagino que la idea de traerme aquí fue de ella, así que estoy en espera de que saque relucir el tema.

-¿Cómo estas? Pregunta sujetándome la mano y me alejo de su tacto sin querer lastimar sus sentimientos.

-Nunca me va a perdonar. Les hago saber.

-¿Ella no sabes que eres funcionario?

-La primera vez que preguntó le dije que me dedicaba a otra cosa.

-Le hubieses dicho antes...

-¿Qué soy un asesino!? Interrupo mirándola incrédulo.

-No eres un asesino. 

-¿Estás segura?

-Si. Y que te quede claro.

 -...Que mi esposo es tú colega y no permitiré que llames asesino al padre de mis hijos. Dice  mirándome seriamente.

-Perdón. Pero esto es una pesadilla, no sabes lo que sentí cuando vi que la estaban interrogando... Tan... Salvajemente. No sé que hacer. Digo mientras me levanto y camino de un lado para el otro y enseguida la esposa de mi amigo está a mi lado.

Toma mi rostro entre sus manos y me mira a los ojos. Observo a la mujer un poco más alta que Elisa y quién tengo en frente y sin decir nada me besa en la mejilla.

-Eres un buen hombre Caín. No te preocupes, si ella te quiere, sabrá perdonarte por esto. Ahora te recomiendo, que no le digas nada. Si lo que me cuentas sobre lo que le hizo esa mujer en el comando, hoy se debe sentir mal y tú tienes que estar con ella.

-Pero...

-Pero nada, las parejas están en las buenas y malas. Nada de estarse golpeando como salvajes, ni de beber hasta perder el conocimiento. Dice mientras pasa su dedo por el leve golpe en mi ojo, debido al combate de ayer.

La veo sonreírme y en su cálida sonrisa, puedo distinguir un poco de tranquilidad entre todo este enredo. La abrazo en agradecimiento y de repente se me ocurre algo.

-Iré a verla... Pero antes... ¿Puedo salir con Rodrigo?.

-¿Y eso?

-Necesito su opinión en algo.

-¡RODRI! Llama en voz alta para enseguida ver al niño entrar corriendo con su muñeco de Goku en la mano.

-Si mami.

-Saldrás con tu Tío.

-¡¡¡Siiiiiii!!!. Grita el niño mientras salta de alegría.

-Bien me alegra que te emociones. ¿Recuerdas el asunto que te comenté la otra vez sobre la novia de tu Tío?

-¿Que mi tío es novio de Candace?.

-Exactamente. Bueno si la vez dale muchos abrazos, y ya sabes que una maestra no puede ser noviecita de sus alumnos porque...

-Después se mete en problemas. Si Mami ya lo sé.

-Que buen niño eres. Ahora lávate los dientes, mientras yo hablo con tu tío.

-Si. Veré a mi maestra... Canta mientras sale corriendo hacia su habitación, y en este preciso momento recuerdo que técnicamente estoy saliendo con su chica. 

El fue quien la conoció primero.

-Agradece que hablé con el, todo ese asunto de su hermosa Candace, y tú. Así que ya no está triste porque ustedes dos son novios. Así que necesito que valga la pena mi charla para que tú seas feliz. Ahora vete, ella te necesita y conociendo a Rodrigo debe estar ya en el estacionamiento.

-Toma mi camioneta.  Ire por la tuya más tarde. Dice Roberto, quien en todo momento guardó silencio mientras hablaba con su esposa.

-Gracias. Se... Se que nunca se los digo, pero no se qué sería de mi vida sin ustedes.



Abeja Ajetreada

Editado: 08.01.2021

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