justamente Admirable (#1 Trilogía Raciocinio)

Capítulo 3

Salgo al patio trasero, al invernadero para ser exactos, la noticia de hoy no fue nada buena, y estar rodeado de la naturaleza me tranquiliza un poco, por el momento prefiero ver la vida en un ángulo distinto: donde la gente es más feliz, a pesar de los problemas pero eso no es nada. Todo es injusto, cuando tengas algo y te despistas ya no está, él ahogo y la represión son ilustres.

Escucho suaves pasos, alguien se acerca, busco con la mirada hasta toparme con Kayes; ella es un poco que yo es la viva imagen de mi padre, en versión femenina: alta de un metro con setenta y siete centímetros, cabello cobrizo, contextura delgada tonificada, sus ojos son grises como los de mi padre, tiene veintitrés años trabaja en la empresa de mi padre como gerente general. Puedo notar que yo soy distinto a ellos, yo soy más tranquilo, más tímido, casi no encajo con ellos, pero eso no quiere decir que no sea hijo de ellos, al contrario, mi abuela me decía que mi padre era así, hasta que entro en la adolescencia.

Era un caos total.

Ella se sienta a mi lado y me abraza.

—Todo estará bien pequeño —cierro fuertemente mis ojos, dejándome llevar por la caricia en mi cabello, que me brinda su mano—. No somos capaces de dejarte ir así como así. Eres la razón por la cual todos están aquí.

—Lo sé, hermana, pero tengo miedo, impotencia, enojo, todos me guardan secretos y no me cuentan.

—Ellos lo hicieron por un bien, y mira que las cosas no siempre resultan bien para las mejores familias.

—Tienes razón, aunque a veces, soy demasiado cobarde para enfrentarlo..., solo.

—Para eso somos una familia ¿cierto? Para ayudarnos mutuamente, así como nos revelaste con todo tu nerviosismo y miedo tu orientación sexual.

—Te quiero mucho —escondo mi cabeza en su pecho.

Tengo suerte de tener una hermana que no sea, homofóbica o ignorante, la mayoría de los hermanos de las personas homosexuales, les tratan muy mal, hasta se avergüenzan de ellos; por lo menos sé que cuento con el amor de mi familia que apenas está asimilando, que a pesar de todo me quieren tal como soy. Tampoco soy el típico gay que se viste como mujer o es afeminado, ugh; me considero lo suficientemente sensato para saber que soy hombre con gustos hacia los hombres. No por ser homosexual soy una mariposa como dicen los hombres que se creen muy machos. Tanto ellos como yo tengo derechos y monomanías que me defienden. Los prejuicios de la sociedad han creado distintas etiqueta alejándonos del criterio naturalidad. Lo triste es cuando una persona es agredida por situarla diferente, y como la humanidad se sigue consumiendo. Si no me consideran humano por el hecho de ser homosexual prefiero no serlo, tampoco darles el gusto de ser el ojo gris que ellos quieren que yo sea.

Y si soy homosexual ¿Por qué tengo una vida tan plena llena de paz y de integridad? No le veo ningún pecado que haya amor. El mundo sería extraño sin eso. Es tan grande que los homosexuales de armario no salen por miedo a la sociedad, y el treinta y cuatro por ciento de los homosexuales se suicidan ¿por qué?, porque sufrimos, tanto física como psicológicamente. Las personas creen que porque nos gusta el mismo sexo somos abominaciones, pues están equivocados. La sociedad ha sido la que se encarga de que las personas se sientan mal: posición económica, por color de piel, por ser huérfanos, por ser distintos a ellos, por si es alcohólico, por si tiene adicciones. Ninguno sale igual, todos somos seres humanos, con pensamientos y cualidades distintas. Humanos que están aquí por una causa. Y estoy agradecido porque mi familia se lo tomó bien. Temí que reaccionaran como otros padres, la gente le teme a todo... y yo soy de esas.

¿Quién en su sano juicio es capaz de dañar algo que ama o algo que te dieron con amor? Así es el ser humano, desinteresado y manipulador.

La raza humana será una perfecta y exquisita obra maestra, pero siempre existirá un error que les rodea y es la ignorancia y el desamor que desembocan.

—Yo también pequeño... Yo también. Acuérdate que mañana tienes que ir a consulta con el doctor Marck.

—Sí, no me acordaba.

—Vamos a dormir mañana será un mejor día.

Nos levantamos y caminamos, hacia la segunda planta, ella va específicamente a su habitación y yo a la mía. Su recamara es diagonal a la mía, cuando tomamos el pomo, nos reímos, y entramos por ella. Cierro la puerta tras de mí, me apoyo en ella, suelto un sonoro suspiro, y me voy quitando mi ropa. Entro a la ducha nuevamente, después de salir aseado tomo dos toallas con una me seco el cabello y con la otra la enrollo alrededor de mí cintura. Camino al guardarropa. Escojo un pantalón de pijama gris, una franela azul marino manga larga. Busco él desodorante y lo aplico a mis axilas. Luego busco un bóxer en mi cajón. Ya vestido me acuesto, pensando en un futuro donde todo sea distinto.



Wuilder Vargas V.

Editado: 14.04.2020

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