justamente Admirable (#1 Trilogía Raciocinio)

Capítulo 4

Me siento mareado y mi piel está más pálida de lo normal. Camino junto a mis padres mientras mi papá me sostiene de la cintura para que no me caiga, ya que no puedo mantenerme de pie por mí mismo. Aunque insistió en brazos al auto, me negué. Mi madre va a mi lado, lleva mi bolso y en su cara logro ver preocupación. Agradezco que mi hermana esta junto a la abuela, odiaría que me viera así.

—Hijo iremos a casa de mi madre.

No tengo fuerza para voltear a verlo, pero tenerlas habría girado mi rostro: —No quiero que Kayes o ella me vea a así y preocuparlas más de lo que están —susurro débilmente.

—Hola es la voz de mi madre. Mi ceño se frunce—. Sí, necesito que el paquete llegue a mi casa. No... Si, por ellos. Bien, gracias creo que estaba hablando por celular, ya que mi padre no respondió a nada.

—¿Qué paquete debe llegar a casa? Espero a que responda rápidamente, algo típico de ella, pero eso no sucede.

—Algunas cosas que compre —acaricia mi cabello—. Quiero mostrártelas pronto.

—Oh, madre, no creo tener fuerzas para eso. Solo quiero dormir —llegamos al auto y mi madre entra en la parte de atrás, yo hago lo mismo y me recuesto, utilizando una de sus piernas como almohada. Mi padre me mira con desaprobación —no quiero irme sentado, papá. Yo soló...—comienzo a llorar. Odio sentirme de este modo, tan... enfermo.

—Ya hijo, no llores por favor.

—Solo conduce, Donald —le responde mi madre mordaz. Oh, aquí vamos... Ellos discuten hasta aquí—; Damián, por favor tranquilízate —peina mi cabello con sus dedos, comienzo a relajarme hasta que mis parpados se cierran y caigo dormido.

En un profundo sueño.

***

Mi padre me toma en sus brazos para bajarme del auto, me lleva hasta mi habitación y me deposita en la cama. Me aferro a su cuello con las pocas fuerzas que me queda.

—No te vayas, quiero que te quedes y me abraces y me hagas sentir seguro.

—Aquí estoy hijo, para ti —se acorruca de espaldas a mi cuerpo. Pasa una de sus manos por encima de mi cabello, sonrío—. Duerme —besa mi mejilla y me voy a la deriva.

***

Mmmmm... Acarician mi cabello, me gusta. Abro los ojos y veo el rostro de mi madre sonriéndome.

—Mamá —susurro y ella me vuelve en sus brazos.

—Te traje sopa de pollo.

—Oh, mamá, no hacía falta.

—Eres mi hijo, Damián —entonces veo una gota caer en mis brazos, entonces sé que está llorando—. Si algo te pasara...

Otro par de abrazos me envuelven.

—Te amamos, Dam.

Papá

—Los amo, gracias por estar aquí —mientras los tres continuamos fundidos en nuestro abrazo. Lagrimas silenciosas se abren paso por mis mejillas.

***

Kayes toma mi mano y entramos al hospital. Mi madre lleva la mano junto a mi padre. Hoy es veinte de octubre y me operan.

—Damián, querido —mi abuela llega y me abraza—. Todo estará bien.

—Joven Palinchi —un enfermero me observa atentamente—, vamos a su habitación.

Por su puesto tengo una habitación privada y vigilada por Ryan y Michael. Es estéril, con paredes blancas, sábanas azules y olor a... hospital. La odio automáticamente. Me coloco la bata azul claro, que apenas cubre mi modestia, y me recuesto. Dios, estoy tan cansado, me duele la cabeza y las miradas tristes de todos no ayudan a mi ánimo.

—Buenos días —una enfermera entra a la habitación—. Necesito llevarme a él joven Palinchi, para prepararlo en el quirófano —un silencio sepulcral inunda la habitación. Suspiro, es hora. Entra el enfermero que me guio a la habitación hace minutos, con una camilla para llevarme en ella. Me recuesto en ella.

—Hijo, todo saldrá bien —aprieta mi mano y mis ojos se llenan de lágrimas—. Te amamos —todos se acercan y uno por uno deja un beso en mi cabeza.

—Yo también los amo, a todos. —Entonces comienzan a moverme y cierro los ojos, tal vez no vuelva a ver las personas que amo.

***

Me duele la cabeza, mucho. Intento moverme pero mi cuerpo no responde. ¿Por qué no siento mis extremidades? Mis parpados no quieren obedecerme y se niegan a dejarme despertar. Huele a limpio, creo que estoy en un hospital, pero no puedo recordar qué me sucedió.



Wuilder Vargas V.

Editado: 14.04.2020

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