Karlie's nightmare

Capítulo 7

—¿Tu... planeaste mi escape? —Dejo de respirar mirándolo con el ceño fruncido. Bruce se tapa el rostro con las manos y niega con la cabeza lentamente.

—Si, yo planee tu escape y casi moriste. Si tan solo supieras la agonía por la que pase cuando no despertabas... no debería estar diciéndote nada de esto. Personas están en riesgo —. Alejo mi ojos de su rostro dándome por vencida de nuevo. Dejando mis lágrimas salir libremente; miro por la ventana preguntándome qué clase de decisiones tome en estos dos últimos años de vida para llegar a este punto. Para merecer esto

Al frente de la heladería se encuentra sentada en una mesa una madre y una niña de unos cuatro o cinco años con hermosos risos dorados y sonrisa inocente tomando un helado de fresa. Parecen no tener un problema en su vida; siento celos de inmediato, amargura embargando lentamente mi alma, pero sobre todo, siento tristeza y derrota. 

Yo no debería estar en una situación como esta. Quiero encontrar alguna manera de controlar el sentimiento de miseria que estoy sintiendo, pero por alguna razón u otra, se me hace imposible. Luego lo supe; no puedo controlar los sentimientos que embargan mi corazón porque no tengo control de mi vida o de la situación en la que estoy. Nunca se que esperar. Si quiero controlar mis emociones tengo que encontrar un botón de apagado/encendido que, lamentablemente no existe. 

—¿Por qué me ayudaste a escapar? — Pregunto con una voz irreconocible, robótica y ronca. El mira el perfil de mi rostro y responde con dos preguntas.

—¿A qué te refieres? ¿Por qué no habría de ayudarte? — responde. Una risa amarga escapa de mis labios.

—Ya sé que perdí la memoria, pero estoy lejos de ser estúpida, así que deja de tratarme como tal. Trabajas para Caleb. Deberías ser leal y seguir sus órdenes; si logre escapar gracias a ti, no fue porque él dejo la puerta abierta para mí. Así que te preguntare de nuevo y espero una respuesta en vez de otra pregunta. ¿Por qué me ayudaste a escapar? —Siseo mirándolo a los ojos, dejándole ver mucho mas que mis lágrimas. Dejo que vea lo rota que estoy. 

Lo único que quiero en este momento es que Bruce sienta lo que yo siento. Quiero transmitirle mi tristeza, mi amargura y mi rencor. Quiero hacerlo sufrir y no se porque. El hombre no me debe nada, sin embargo, arriesgó su vida por mi.

 Bruce me mira como si no pudiera creer que estoy aquí, sus ojos brillan, sonríe un poco y casi golpee su rostro, pero por fin responde.

—Karlie... cuando te vi por primera vez... pensé que si te miraba a los ojos, quedaría ciego —. Le doy una mirada que dice que tan confundida estoy —. Bruce me mira y, añade— soñé muchas veces contigo y en cada uno de mis sueños eras pura luz y libertad. Representabas todo lo que yo no era. Todo lo que nunca seré. Pero el tiempo pasaba y ya no eras un ser de luz; cuando pensaba en ti, eras como una flor en el desierto, luchando una guerra en la que no tenias ninguna ventaja — Bruce deja salir un suspiro y traga saliva, viéndose inquieto —. Dios, Karlie. Podía ver como te deteriorabas lentamente. Un poco mas cada día. No podía... verte de ese modo, ya no mas. No podía verte morir en vida sabiendo que tal vez podría ayudarte. Aunque eso significara perderte por siempre — mi cuerpo tiembla mientras el habla, dejándome sin palabras. 

—Dijiste que... tenias la oportunidad de ayudarme. ¿Por que no hacerlo antes de que me convirtiera en la muñeca de Caleb?

—Karlie, yo trate, pero nunca me dejaste ayudarte. Eres muy obstinada. No tienes idea de cuanto me dolía verte y no hacer nada por ti. A veces, pienso que me dolía mas a mi que a ti —. Murmura alzando la voz de repente, haciéndome sentir pequeña. 

Limpio mis lágrimas, su respuesta me deja aún más confundida y siento un de javu. Cada vez que intento entender mi pasado, termino con más preguntas. ¿El trato de ayudarme y yo lo detuve? ¿Por qué haría algo así? 

Yo jamás dejaría que un hombre o una mujer me trate como su saco de boxeo... excepto... cuando tenía siete años había una niña, Katy, tenía sobrepeso y había repetido el primer grado dos veces. Ella era increíblemente fuerte o tal vez solo era mucho más fuerte que todas porque tenía nueve años y todas las demás teníamos siete. Mi amiga de entonces, Olivia, llevaba emparedados con diferentes ingredientes todos los días; a Katy le gustaban los emparedados de Olivia, así que dejaba a Oli sin comer casi todos los días; Olivia tenía seis años y como yo era mayor sentí que yo debía arreglar ese problema, así que hice un trato con Katy, en ese entonces tenía el cabello muy largo y a ella le encantaba el cabello largo. 

Katy prometió dejar el almuerzo de Olivia en paz, si llevaba trenzas en el cabello y la dejaba jalarlo cuando ella quisiera. Yo accedí y así comenzaron meses de jalones junto con muchos dolores de cabeza. Eventualmente, mi madre se enteró porque no era normal que una niña de siete sufriera tanta migraña. Mi madre hablo con nuestra maestra y suspendieron a Katy por dos semanas.



Arelis Acosta

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En el texto hay: misterio, secuestro, romance prohibido

Editado: 08.09.2019

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