Karlie's nightmare

Capítulo 11

Segundos pasan y lo único que escucho al otro lado de la linea es la respiración de Bruce. Parpadeo sorprendida. Bruce era un conductor, su trabajo era conducir y nada más. ¿De dónde ha sacado un arma para matar a una persona? 

Estoy consciente de que, tal vez no debería sentir culpa, es decir, el trabajo del hombre era matar para Caleb, pero Stella trabaja aquí también, por necesidad, tal vez Marco también hacia el trabajo sucio de Caleb por la misma razón de Stella o algo peor.

Camino de un lado a otro hasta que me canso y me siento en la cama tratando de entender que alguien acaba de morir por mí. Una vida es una vida, tan repugnante como su era dueño... me siento culpable y al mismo tiempo no siento nada, me niego a sentir remordimiento por él. Eso me haría un hipócrita; porque yo se y Dios sabe también que, si Bruce me hubiera dado la opción de matar al tipo o dejarlo vivir sabiendo lo que sé que pasaría más tarde, le diría a Bruce que lo mate sin pensarlo dos veces. Pero ... ¿qué dice eso de mí? dejo la pregunta pendiente para otro momento; Bruce esta en el hogar del doctor Baker para ayudarlos a salir del país, pero Caleb no es ningún idiota, alguien más pagara por la muerte de Marco.

—¿Karlie? —Bruce llama mi nombre, sacándome de mis pensamientos —Karlie, tienes que entender... está era la única manera. Marco no era un buen hombre. Alguien que, de forma abierta trabaja y acepta matar a un niño de seis años, y a una esposa de unos cuarenta años sin hesitar, no es alguien por quien debas sentirte culpable. — Tiene razón. 

—Era una vida, Bruce. Una persona que, aunque no tomo la mejor de las decisiones, aún tenía la oportunidad de cambiar algún día. Tu trabajas para Caleb también, y podría imaginar que hay personas que piensan de ti lo mismo que tú piensas de Marco.

Bruce suspira del otro lado del teléfono.

—Karlie... Jesus, Karlie. Confía en mí, Marco era escoria. Quería dejar de trabajar para Caleb hace dos años. Trabajar para el no es algo de lo que estoy orgulloso. —Susurra de pronto Bruce.

—Y, ¿qué te detuvo?

—Tu. Me quede por ti, Karlie. —Su voz suena seria e instantáneamente sé que no miente. El sigue trabajando para alguien como Caleb por mí y la realización hace que mi corazón se derrita un poco. —La vida siempre encuentra alguna manera de hacernos pagar por nuestras acciones, Karlie. Marco había tomado la vida de muchos inocentes por demasiado tiempo. Por favor, prométeme que no te vas a culpar por esto.

—Lo prometo. — Y me creo a mí misma. Bruce tiene razón. No tengo porque sentirme mal por la muerte de alguien que tomaba placer en tomar la vida de otros. —Por favor, mantenme informada y vuelve a llamarme cuando hayas visto ese avión despegar.

—Lo haré. No te preocupes. Todo saldrá bien. —Bruce intenta colgar, pero alguien lo detiene. —Karlie, la esposa del doctor quiere hablarte.— Frunzo el ceño y le digo que me deje hablar con ella.

—¿Ho-Hola? —dice sin aire, su voz temblando.

—Hola, señora Baker. ¿Se le ofrece algo?

—N-no, señorita Karlie. Solo... quería agradecerle por hacer esto. Por ayudarnos. Leí la carta de Tobías hace poco y ahora entiendo. Sé que es un grande riesgo el que estas tomando por nosotros — ¿Tobías? así que, ese era el nombre del doctor. Su agradecimiento me saca una sonrisa y me alegra haber tomado esta decisión. Ayudarlos se siente bien, aun sabiendo lo peligroso que es.

—Señora Baker, no tiene nada que agradecer. Inocentes mueren todos los días y si tenemos el poder de cambiar ese hecho, deberíamos hacerlo... además, no podría vivir en mi piel sabiendo que pude haber ayudado y no lo hice. El riesgo es grande, pero, aunque no los conozca, estoy segura de que vale la pena.

La señora Baker solloza y responde —: No creo que jamás haya tenido el placer de conocer a alguien tan desinteresado como tú... sé que Tobías, el doctor Baker, tiene pocas posibilidades de... —su voz se desvanece. 

Quiero decirle que su esposo va a estar bien, pero no sé si va a estarlo. Darle falsas esperanzas a alguien es tan horrible como mentir. Así que, con lágrimas creciendo en mis ojos sin evitarlo, la interrumpo. 

—Lo siento mucho. Siento haberme cruzado en la vida de su esposo y de su familia. Ustedes tenían una vida normal hasta que me atendió. 

—No tienes por qué culparte por las decisiones de ese hombre con el que vives. Espero, muy en el fondo de mi alma que algún día te des cuenta de que eres una persona muy valiosa. En este caso, eres mi ángel, es una vergüenza, de hecho. Nunca creo en los ángeles, pero has salvado a mi familia; no puedo encontrar otra palabra para describirte. Voy a estar eternamente agradecida. —la señora Baker hace una larga pausa y luego se despide: — Es hora de irnos, Karlie. De nuevo, muchas gracias y ojalá todo termine bien para ti. Te mereces un final feliz más que nadie.

Si ella supiera cuán lejos estoy de ser un ángel...



Arelis Acosta

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En el texto hay: misterio, secuestro, romance prohibido

Editado: 08.09.2019

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