Karlie's nightmare

Capítulo 18

Estoy acostada en su cama. Sufriendo. No creo que alguna vez haya experimentado calambres menstruales tan dolorosos como estos. Siento que podría vomitar en cualquier momento. Gracias a Dios que Caleb envió a alguien a traerme pastillas para el dolor.

El acaba de recordarme algo hoy, algo que pensé que había olvidado: lo mucho que odio cuando los hombres se me acercan en mi período. Es súper raro y un poco infantil, pero es parte de mí. Me pongo ansiosa y agresiva, así que mi novio se ofreció a dormir en una de las habitaciones para invitados esta noche, lo cual aprecio, por supuesto. Cada vez que puedo estar lejos de él es un regalo de Dios, pero sé que está ocultando algo. Desde que me contó esa historia sobre su padre, ha estado evitando tener contacto visual conmigo. ¿Así que lo que me dijo si es verdad?

Un golpe en la puerta me saca de mis pensamientos. Abro los ojos y miro hacia la puerta para ver a un hombre rubio con brillantes ojos azules entrar por mi puerta: Bruce.

Sonrío y trato de levantarme, pero una oleada de náuseas me golpea el estómago, así que decido quedarme en cama. Dios, como odio esta cama, un día la voy a quemar. 

Lo extrañé mucho, ¿dónde estuvo todo el día?

Él lleva consigo una taza en una mano y algo que parece una almohada pequeña en la otra. Pongo los ojos en blanco y cierro los ojos. ¿Me trajo té y una almohada pequeña?  Es exactamente por eso que odio a los hombres.

—Te he traído algo especial-

—Sí, sí —. Interrumpo, bastante irritada —una almohada a la que le falta relleno y té. Muchas gracias, Bruce. Eso hará que mi dolor se detenga. Solo... ponlo todo eso en la mesa y déjame sola.

Él sonríe con una especie de lástima. Bastardo Suertudo. Él nunca sufrirá este tipo de dolor.

—Pequeña... te traje mucho más que eso —. Abro un ojo y lo miro, interesada. Se sienta en la cama, abre la "almohada" y pone el té en la mesita a mi lado.

—¿Qué es eso? —La ''almohada'' tiene un termómetro y el diseño de ¡un sol! Amo el sol.

—Esto es una almohadilla eléctrica—. Me ve a los ojos esperando una respuesta, pero yo solo frunzo el ceño, mi irritación creciendo. ¿Qué coño es una almohadilla eléctrica? Bruce se da cuenta de que no tengo idea de que es, así que continua —funciona como una máquina de calor. Solo recuéstate. Yo pondré esto sobre tu vientre, colocare la temperatura que necesitas y en veinte minutos tu dolor se abra ido —. Quiero decirle con sarcasmo que ya estoy recostada, pero no tengo que ser grosera con mi amigo que trae alivio para mí.

Me quedo quieta mientras levanta mi blusa y me baja los pantalones un poco para que pueda poner la almohadilla eléctrica directamente en mi vientre. El silencio es agradable, pero un poco demasiado íntimo. Miro sus manos y caigo en cuenta de que ha terminado de ponerme la almohadilla eléctrica, sin embargo, no puede apartar su mano de mi cintura. Pero lo que me parece aún más impactante es que yo no quiero que aleje su mano de mi piel... pero tengo que. Así que, me muerdo el labio y rompo el silencio con una pregunta:

—¿Cómo sabes tanto sobre estas almohadillas eléctricas? —El desvía sus dedos de mi cintura y sonríe.

—No sabía nada de ellos hasta hoy. Caleb me habló de cómo te sentías tan mal, así que me dijo que encontrara la solución más rápida —. El termómetro empieza a hacer ruido y comienzo a sentir el calor salir de la almohadilla y debo admitir que me empiezo a sentir mejor casi de inmediato. —. También te traje te de manzanilla porque sé que es tu favorito.

Lo miro y sonrío tomando su mano sobre la mía. Su calidez es cien por ciento mejor que la almohadilla eléctrica. La próxima vez le diré que ponga su mano en mi vientre y sé que, sin duda alguna me sentiré mejor.

—Gracias, siento haber sido grosera es que-

—Ya sé que nos odias cuando estas en tus días —dice, interrumpiéndome. Suelto una carcajada jugando con uno de sus dedos.

—Tiene que ver con que ustedes no tienen que pasar por esto, pero yo no querría que tu experimentes esto —Bruce pone una mano en su pecho en un gesto muy afeminado que dice: estoy tan agradecido.

—Tengo otra sorpresa para ti, aunque esta tal vez no te guste tanto.

—¿Qué es?

—Caleb iba a contarte esta noche, pero estabas hecha una fiera, así que te diré yo; hay un evento mañana en la noche y debes asistir con Caleb.

Miro hacia otro lado, pensando desde ya en mañana por la noche. Siempre debo estar preparada. Él ni siquiera ha hablado de que es exactamente lo que hace. Lo sé ahora, pero debe estar cubriéndolo con algo relacionado con negocios. 

Recuerdo que le pregunté acerca de eso la noche en que llegamos del hospital por primera vez, pero él me preguntó algo y me hizo olvidar su trabajo. Inteligente.

—Está bien—. Digo dejando su mano ir.

—¿Quieres ir?

—Claro que sí, ¿por qué no habría de querer?



Arelis Acosta

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En el texto hay: misterio, secuestro, romance prohibido

Editado: 08.09.2019

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