Karlie's nightmare

Capítulo 22

—¡No, no, no! —Ashley grita sentada desde una de las taquillas del teatro en la cuarta o quinta fila —. ¡Vamos, hazme sentir algo real! 

Asiento, aunque no puedo verla. Sé que está aquí porque sigue gritándome, pero apagó la luz y encendió solo las que alumbran el escenario. El teatro es de hecho bastante pequeño, pero todavía puede sostener a al menos doscientas personas. 

Hemos estado aquí por dos horas y durante los primeros cuarenta minutos ella me enseñó como fingir felicidad, tristeza y enojo. También me enseño lo más importante para mí: cómo mantener a raya mis emociones y no dejar que estos me controlen. Ahora, sin embargo, estoy practicando un monólogo. Se llama: Conozco a esa clase de hombres. Se supone que debo estar afligida por mi triste y aburrida vida después de dejar a mi ex esposo. Así que, trato de repetir el monólogo, esta vez, llorando y asegurándome de que pueda ver mis lágrimas.

—Te refieres a ese de ahí, el de la americana oscura...—empiezo apuntando y mirando a un hombre imaginario —. Sí, es guapo, y parece simpático, divertido, pero... no. Conozco a esa clase de hombres: son hombres encantadores que luego resultan tener una cara oculta. Son hombres que ahora te sacan a bailar y te hacen flotar por la pista de baile como si fueras la princesa de una monarquía europea, luego te llevan afuera y te dicen las cosas más bonitas del mundo a la luz de la luna, te acompañan a tu casa y te respetan, te sonríen, y se marchan elegantemente, haciendo que los desees con todas tus fuerzas, y empiezas a contar los minutos para que llegue el viernes siguiente y puedas verlos de nuevo, temiendo que quizá estén con otra chica, pero no, están aquí, en el mismo sitio, esperándote con un ramo de flores que lleva escrito tu nombre dentro, y les besas, y les pides que te lleven a sus casas, y hacen el amor, y los dos dicen al mismo tiempo que quieren pasar el resto de vuestra vida juntos, y lo dejas todo por ellos, se casan, y... meses después, una noche, cuando te preocupas porque es tarde y aún no ha llegado a casa, pasas por delante de un bar y los encuentras bailando con un chica cualquiera a la que mira como si fuera la princesa de una monarquía europea... —me vuelvo hacia mi público de una persona —. Es Ignacio, mi ex marido. Si hoy te apetece sentirte como una princesa... 

Termino el monólogo y esta vez hay silencio y temo que Ashley se haya quedado dormida, pero luego escucho su risa hacer eco en el teatro.

—¿Por qué estás llorando, Karlie?

Miro a la oscuridad mientras respondo.

—Debería estar llorando, ¿no es así? Esta mujer esta adolorida, y no tiene esperanza de encontrar el amor de nuevo.

—No deberías estar llorando, Karlie. La tristeza que Inés llevaba semanas notando en Laura está justificada: un hombre hizo creer a Laura que era la princesa de un cuento de hadas y ahora se encuentra sola, obligada a trabajar en una cadena de montaje para salir adelante. Cuando Inés, tratando de ayudar a su nueva amiga, coloca a Laura, justamente, ante la clase de situación que dio lugar a sus problemas, Laura se pone a la defensiva. Rechaza, uno por uno, todos los candidatos que le propone Inés porque todos le recuerdan al hombre que la enamoró. Ella no quiere contar su historia, se la ha guardado todo este tiempo para ella. Pero cuando Inés le señala al hombre —¡al mismo hombre exacto! — que causó su desgracia, ella ya no puede callar más. Y, finalmente habla. Pero, Laura no produce un estallido de cólera. Ni se viene abajo entre lágrimas. Hacerlo sería concederle una victoria al hombre que la hirió. Laura ha superado su desgracia. Y ése es el momento perfecto para demostrarlo, de demostrárselo a sí misma: tiene que contar su historia sin alterarse lo más mínimo, sin mostrar ninguna emoción —. Cuando ella deja de hablar, retrocedo un poco. Estaba a punto de ir a buscarla y gritarle que deje de burlarse de mí, pero tiene razón. No debería estar llorando. Este hombre ya ha hecho que Laura pase por un infierno, ¿por qué habría de regalarle más lágrimas? ¿Y no es esto exactamente por lo que estoy pasando yo? No me dejo llorar por mi propia situación porque mi novio ya me ha quitado tanto que no merece más.

—Debes tener por lo menos una idea de porque elegí este monologo para ti. Debería ser pan comido. Una verdadera actriz usa sus propias emociones y situaciones diarias para el público. Se desnuda frente a ellos para que puedan sentir algo. Para que sean capases de sentir los sentimientos que colman el corazón de la protagonista de esta historia. Así que, ponte en el lugar de esta mujer. Olvida que estas secuestrada y que no puedes encontrar a tus padres. Olvídate de todo menos del dolor que sientes cuando estás cerca de Caleb. Olvídate de todo menos de tus sentimientos y comienza todo de nuevo. En este momento tú no eres Karlie y yo no soy Ashley. Eres Laura y tu ex esposo te prometió un final feliz de cuento de hadas, pero no cumplió. ¡Venga!

Estiro mi cuello, moviéndolo de lado a lado, y pongo mi cara seria. Comienzo el monologo, esta vez sentándome en el borde del escenario con mis piernas colgando.

—Te refieres a ese de ahí, el de la americana oscura...—digo, levemente frunciendo el ceño —. Sí, es guapo, y parece simpático, divertido, pero... no —siseo alzando una ceja y negando con la cabeza, segura de lo que digo —. Conozco a esa clase de hombres: Son hombres encantadores que luego resultan tener una cara oculta —. Me encojo de hombros —. Son...hombres que ahora te sacan a bailar y te hacen flotar por la pista como si fueras la princesa de una monarquía europea, luego te llevan afuera y te dicen las cosas más bonitas del mundo a la luz de la luna, te acompañan a tu casa y te respetan, te sonríen, y se marchan elegantemente, haciendo que los desees con todas tus fuerzas, y empiezas a contar los minutos para que llegue el viernes siguiente y puedas verlos de nuevo, temiendo que quizá estén con otra chica, pero no, están aquí, en el mismo sitio, esperándote con un ramo de flores que lleva escrito tu nombre dentro, y les besas, y les pides que te lleven a sus casas, y hacen el amor, y los dos dicen al mismo tiempo que quieren pasar el resto de vuestra vida juntos, y lo dejas todo por ellos, se casan, y...—dejo escapar una carcajada sin sentirla— meses después, una noche, cuando te preocupas porque es tarde y aún no ha llegado a casa, pasas por delante de un bar y los encuentras bailando con un chica cualquiera a la que mira como si fuera la princesa de una monarquía europea... es Ignacio, mi ex marido. Si hoy te apetece sentirte como una princesa...—murmuro, alzando un brazo, invitando al público a bailar.



Arelis Acosta

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En el texto hay: misterio, secuestro, romance prohibido

Editado: 08.09.2019

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