Karlie's nightmare

Capítulo 28

El fuerte olor del alcohol me despierta lentamente. Mi vista es borrosa al principio, pero se aclara con bastante rapidez. El primer rostro que veo es el de Aidan, que está sentado a mi lado mirándome con el ceño fruncido y mordisqueándose el labio; sostiene un pequeño pedazo de algodón cerca de mi nariz, balanceándolo de un lado a otro frente a mí.

Miro hacia la derecha porque siento la presencia de otra persona en la habitación y encuentro a Kelly con un vaso de jugo en las manos, sin embargo, lo que más llama mi atención es la habitación en la que me encuentro. Es extraña. No recuerdo haber estado aquí jamás y me recuerda vagamente a el día en que desperté en el hospital sin saber dónde estaba. Deja vù.

Las paredes son de color azul oscuro, hay tres pinturas de paisajes en cada pared una lámpara en la mesa al lado de la cama. No hay aire acondicionado aquí pero tampoco está caliente.

—¿Qué pasó? ¿Dónde estamos? —pregunto con voz pastosa, acomodándome en la cama para sentarme. Kelly corre para posicionar el vaso en mis manos. Me duele un poco la cabeza, pero me guardo ese hecho.

—Te desmayaste y estamos en la habitación de Bruce —murmura ella, señalando el vaso en mis manos con la cabeza y abriendo mucho los ojos. Le urge que me tome el jugo.

Bebo y el sabor salado, ácido y dulce del limón explota en mi boca.

Cuando desperté en el hospital por lo menos tuve el consuelo de que no recordaba absolutamente nada, pero este no es el caso; No. Esta vez recuerdo todo.

Estoy casada con Caleb Müller. Estoy malditamente casada con nada más y nada menos que mi peor enemigo. Cierro los ojos y recuesto mi cabeza contra la almohada en mi cabeza. ¿Por qué querría él casarse?

Él ya me tiene exactamente donde me quiere. Sostiene a todos los que me importan como rehenes... pero supongo que quería hacerlo legal, ahora, esto es especialmente irónico en este caso, ya que ninguna de las cosas que ha hecho han sido de forma legal.

Oh, dulce hipocresía, qué cruel eres.

—Estoy casada con Caleb —. Murmuro para mí misma, aunque en lo hago con un tono de voz que estoy segura que ambos escuchan.

—Karlie...—ella comienza sentándose a mi lado, pero yo la interrumpo.

—No. Yo... yo no debería estar asombrada. Debí haber visto esto venir. El hombre está obsesionado conmigo, ¿Cómo pude no haber pensado en la posibilidad de que me haya obligado a unirme a él para toda la vida? Por lo menos no fue una boda por la iglesia —musito, tomándome lo que queda del jugo en tres sorbos.

—No puedo creer que estén casados... ¿en qué momento te obligó? —Aidan susurra masajeando su mentón, cavilando.

—Un 15 de mayo — digo, copiando sus movimientos, pero en el puente de mi nariz —. ¿Saben qué? No importa.

Aidan y Kelly se miran uno al otro, hablando con sus miradas en silencio. No creen que no me interesa que esté casada con un asesino.

—Ya sé que no me creen y que probablemente deben pensar que el golpe me ha caído mal, pero no. Nada de esto importará en unos días —. Confeso, olvidándome de que Aidan no sabe mis planes para Caleb.

El entorna sus ojos, situando su completa atención en mí. Odio tener que mentirle, pero nadie se va a interponer en mi camino. Ni siquiera el hombre del que estúpidamente me he enamoré.

—y, ¿por qué ya no importará en unos días, Karlie?

—Porque cuando mi familia y Jasmine sean libres, Caleb ya no tendrá nada con que amenazarme y tenerme aquí, encerrada.

El me ve de arriba abajo con sospecha, así que finjo dolor en la cabeza, acariciando la parte de atrás de esta y gruñendo para que precise su atención en mí y no en tratar de descubrirme. Aidan frunce el ceño y se levanta de la silla para examinar la parte de atrás de mi cabeza.

Con sus suaves dedos acaricia mi cabello, quitándome la coleta y dejando mi cabello caer libre para poder examinar mi cuero cabelludo.

—No tienes ninguna herida, pero ¿te duele demasiado? ¿Quieres que vaya por una pastilla? —Él dice ahora, muy cerca de mi cara. Mis ojos viajan de sus ojos a sus labios... si tan solo estuviera lista. Si tan solo las mentiras que le digo todos los días no me hicieran sentir tan sucia e indigna, tendría el coraje para por fin probar sus labios. Sin embargo, no tengo la voluntad ni las ganas para detener mis manos de recorrer su rostro y sus labios.

—Todo está bien... no fue nada —digo, mirándolo directamente a los ojos. Sus ojos se vuelven oscuros, más oscuros de lo que jamás haya visto. Parpadea una vez y da un paso atrás, mirando a Kelly que está tarareando una canción y pretendiendo que está mirando a cualquier cosa menos a nosotros. Él se sonroja un poco.

—Bueno, aún así, te conseguiré una pastilla. Quédate aquí.

Asiento y el sale por la puerta.

—¿Conseguiste algún arma? —le pregunto a Kelly. Ella asiente con una sonrisa malvada en los labios y saca una pistola pequeña de uno de los bolsillos de su delantal. Me siento de golpe y la tomo de sus manos, viéndola de cerca. No tengo ni idea de cuál es el nombre, pero sé muy bien que se puede jugar la ruleta rusa con esta arma.



Arelis Acosta

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En el texto hay: misterio, secuestro, romance prohibido

Editado: 08.09.2019

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