Karlie's nightmare

La justicia de Karlie

Bajo las escaleras hacia la cocina para beber agua. La ansiedad me ha dejado la lengua totalmente seca, o bien podrían ser los nervios, pero a pesar de eso, puedo ir a tomar agua si quiero. Esta noche me siento tan malditamente atrevida que siento que puedo hacer lo que me venga en gana. Considero que tengo todo el tiempo del mundo, aunque, sé que eso no es del todo cierto.

Cuando subo las escaleras hacia la habitación en el que Caleb esta esposado, él ya ha hecho todo lo posible para resguardar el miedo de su hermoso rostro y ojos verde. Ahora... ahora todo lo que veo es una mueca vil y los ojos del mismísimo diablo de mi infierno personal. Los ojos de un hombre a quien conozco muy bien y la mueca del hombre que llego a casa de mis padres con un ultimátum que me cambiaría para siempre. Lo odio. Odio que haya tenido el poder para hacerme... esto que ahora soy... sin embargo, este es el individuo con el que quería hablar, no el asequible y artificial Caleb que trató de ser conmigo por tanto tiempo.

—Ah, veo un gesto de disgusto en tu rostro, ¿ha salido a jugar el verdadero Caleb Müller? —pregunto, tomando asiento y quitándole el seguro a su propia arma que usaré contra él.

Él estudia cada paso que tomo hasta mi asiento con una cuidadosa amenaza colgando en sus ojos. Parpadea suavemente e inclina su cabeza hacia un lado, todo de forma muy calculada.

—Tienes las pelotas más grandes que cualquier hombre que haya conocido. No obstante, no me afecta en lo más mínimo lo que recuerdes o lo que no, Karlie Ferrec. De hecho... — susurra inclinandose un poco hacia adelante. Tanto como puede —esto me está haciendo quererte aún más... —dice con una ceja levantada y mordiéndose el labio inferior. 

Se me sale una carcajada sin querer y al mismo tiempo levanto mi cuerpo de la silla. 

Es cierto lo que dicen sobre la lencería. Te hace sentir algún tipo de poder que no tienes cuando usas ropa interior normal.

—No tienes que fingir conmigo, ¿sabes? Después de todo, puede que sea yo la única persona en este mundo que realmente te conoce y resulta ser que, soy una muy buena actriz. Si no lo fuera, hubieras descubierto que recuerdo varias cosas desde hace mucho tiempo —eso parece llamar su más atención, pero lo esconde encogiéndose de hombros, mirando a su izquierda y sonriendo.

—¿Tú eres qué? —pregunta con tono de burla —¿Una mujer de cinco pies de altura, vestida con lencería y en posesión de lo que parece ser una pistola falsa en la mano? ¿Cómo podría yo estar asustado de eso? En todo caso, lo que me causas es ternura —tiene razón en casi todo lo que dijo. Soy suficientemente pequeña, pero el arma en mi mano está bastante lejos de ser falsa... no puedo creer que aún no sepa que es suya. ¿Qué clase de asesino no reconoce su propia arma?

Esto va a estar bueno...

Sin ningún previo aviso, coloco mi mano en posición horizontal, para dejar salir una de las siete balas en la pistola justo por encima de su cabeza con un solo movimiento de mi dedo indice. El ruido que hace la bala al atravesar la pared de concreto me toma desprevenida y hace que me balancee hacia atrás.

El salta en la cama y trata de taparse la cabeza y oídos con las manos, pero solo logra lastimarse un poco más. Salta por pura sorpresa. No por miedo. No porque literalmente, tengo su vida en mis manos en este momento. Me ha subestimado demasiado, pero eso se acabó. —Estas en lo correcto en casi todo. Pero quiero decirte que lo entiendo. Entiendo que ver a la chica que usaste de tantas maneras, sostener una arma y apuntarla a tu cabeza con ella puede ser impactante. Has perdido el control sobre lo que está pasando y sobre mí. Eso debe estar matándote, ¿no es así? — siseo, pero el se queda callado —estoy muy interesada en ti, quiero saber la razón para todo este despelote que has creado, pero en este instante solo necesito una respuesta esta pregunta: ¿por qué me secuestraste? —Mientras fragmento la pregunta, hago lo que está en mi poder para que mi voz no se rompa, pero es más difícil de lograr de lo que pensaba. 

Él descansa la cabeza en su hombro, mirando al techo de concreto y luego a mí.

—Eres... bastante temeraria. Te daré eso y pensaré en eso cuando todo esto termine. Pero, ahora soy yo el que tiene una pregunta para ti: ¿por qué diablos debería decirte algo? ¿Crees que, porque conseguiste esposarme a una cama puedes darme órdenes? —Se ríe tan fuerte que estoy segura de que, si alguien más estuviera en cualquier otra habitación de la villa, lo habría oído. Se lame los labios y escupe en la cama antes de hablar otra vez —. Me liberaré de esto y, cuando lo haga, voy a asesinar a tu madre y te haré ver mientras se desangra. ¡¿Me escuchas?! ¡Te haré sufrir de maneras que ni siquiera puedes imaginar! —Ladra tratando de romper las esposas o la cama.

Miro hacia mis pies un tanto decepcionada y suspiro con desinterés. Esperaba ese arrebato, pero no tan pronto y definitivamente, no por esa pregunta. 

Lo dejo gritar y forzar las esposas por un poco más de tiempo y luego hablo.

—¿Ya terminaste con todo este berrinche de niño de cuatro años? Si ya lo has hecho, deseo contarte algo que me parece debes saber. ¿Quieres saber lo que he descubierto sobre ti? —Él no responde, pero me mira como una intensidad que nunca he visto antes. Puede que sea un mejor actor que yo —. Todo este tiempo pensé que habías sido solo tú quien me había golpeado tantas veces, pero después de pensar mucho, de recordar varias cosas y de analizar otras más, llegué a una conclusión; no puedes hacerme daño. No de verdad, al menos. Me has abofeteado un par de veces en el pasado, pero minutos después regresabas para ponerme hielo o gasa en cualquier herida o moretón que dejabas en mí.



Arelis Acosta

#3003 en Thriller
#3003 en Misterio

En el texto hay: misterio, secuestro, romance prohibido

Editado: 08.09.2019

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