Kilian

Capítulo 1.

Mucho tiempo después.

Un pequeño llanto se oyó a la lejanía, lamentoso y sensible. La manada se preparaba para atacar, menos uno de ellos. Con pisadas decididas pero no bruscas, apartando a aquellos decididos a matar, se acercó a esos ojos oscuros que lo miraban atentamente, con una joven vida pero listo para no perder ningún detalle que el lobo realizaba con sus movimientos. Con una distancia prudente, observó al pequeño desnudo que tiritaba de frío.

Desconocía de qué manada podría pertenecer, estaba en territorio hombres lobo, pero los clanes estaban separados. Debido a disputas de poder, se decidió que se crearían grupos en los que cada líder dominaría a los demás. Pero podía ocurrir que se encontraran con un bebé abandonado por otro clan, por razones que sólo ellos sabrían. Eso había ocurrido con él y quién había sido su líder. Así que sin dudarlo, tomó la tutoría completamente.

Vio entonces, en el pequeño niño, a su yo del pasado. Con un suavidad indescriptible, colocó al churumbel en una manta y lo arrolló en sus brazos, hasta llegar a la cabaña en dónde habitaban como manada.

Bajo miradas prejuiciosas, preparó el alimento que debía ingerir el pequeño. Sus grandes ojos observaron maravillados el recipiente que contenía la leche, una gran sonrisa se plasmó en su rostro y unos hoyuelos en sus mejillas acapararon el corazón y mente del lobo adulto. Como si fuera realmente su padre, mentalmente se juró que daría su propia vida para que nada ni nadie se atreviera a borrar el brillo que emanaba el niño.

- Me recuerdas tanto a Byron, con tu naturaleza paternal en el fondo de tu corazón y cubierto por esa cantidad de caparazones de hierro; diría que eres su sangre si no supiera la verdad, Maat.

Esteban, mano derecha de Maat - líder actual de la manada.- y su mejor amigo desde la infancia.

- Este pequeño necesita una familia que lo proteja y ame, en esa cruda nieve no la encontrará, somos su única opción. Así como Byron hizo conmigo, haré con él. Será el lobo que domine a los demás clanes, el que nos sacará de este mal tiempo.

- Cómo miembro de la manada, tengo la obligación de aceptar lo que me asignes. Pero cómo tú mejor amigo, cómo tu hermano; te digo que ésta criatura será protegida hasta con mi sangre, por ser ya parte de nuestra familia.

Con su característico humor serio, agregó:

- Pero si no me haces el padrino del pequeño, te degollare y me quedaré con tu sector de la cabaña.

- Mensaje recibido, captado y aceptado, lobo pulgoso. Serás el padrino de este cachorro, pero debes ayudarme en la elección de su nombre.

- Podemos llamarlo Juan, o Carlos. Aunque mejor no, siempre terminan siendo los ex's tóxicos. Podría llamarse Zigor... no, me da indigestión.

Maat dejó de oír los delirios del lobo sentado a su lado, en su búsqueda del nombre para el niño; cuándo sintió un delicado agarre en su dedo. Bajando su vista vio la pequeña mano del bebé sosteniendo su índice, y viendo sus ojos logró una conexión de miradas con él. Una voz firme dijo un nombre, uno que se le quedó grabado en su mente y que se escabulló por sus labios:

"Kilian"

Esteban dejó su palabrería al escucharlo, con una felicidad por estar de acuerdo con aquel nombre, pero resentido por no habérsele ocurrido a él.

—Ese es un nombre que le queda de maravilla, estoy de acuerdo. Debes presentarlo ante la manada, para hacerlo oficial y que no quieran asesinarlo mientras dormimos.

Maat, aún sorprendido con la voz grabada en su mente, decidió guiarse por el consejo de Esteban; reunir a la manada para oficializar el integro del nuevo y más joven miembro del clan. Al cabo de una hora, la sala de reuniones estaba llena, desde los hombres lobo más ancianos hasta los más pequeños.

— Esta noche los he reunido para informar la integración de un nuevo miembro al clan, un bebé. Fue encontrado por la manada con la que fui ésta tarde en busca de presas, estaba en la nieve desnudo y sólo. Si no hubiéramos llegado, en estos momentos estaría muerto. Por eso mismo he decidido qué, cómo nuestro querido ex líder ha hecho conmigo cuándo yo era un pequeño, lo mismo haré con éste bebé. Lo convertiré en líder, será un guía.

Maat nunca había tenido nervios al hablar frente a la manada, era su familia. Pero esta noche, todo iba a variar según las reacciones del clan, si mostraban una opinión negativa, Kilian debería volver al lugar donde fue encontrado.

Tomó un suspiro, y mirando al público firmemente, agregó:

— Lo he nombrado Kilian, tengo un presentimiento de que será un hombre que dejará una huella en la historia y logrará sacarnos de ésta mala racha de caza.

Logró ver que había alcanzado las espectativas de la manada, porque tenían esperanzas, cómo él, en Kilian.

Las cosas cambiarían en el futuro con el pequeño, pero no como se esperaba. Del viento llegó, cómo se dijo en la profecía, y nada cambiaría lo dicho.

《•》
 


Dos años después del encuentro.

— Vamos pequeño demonio, dilo: Tiioo Eessteebaann. ¡Vamos, repite!

Lobo pugozo

Esteban, indignado y frustrado por los múltiples intentos por cambiar el apodo que le había puesto Kilian — que escuchó varias veces a Maat decírselo a Esteban, cuando quería molestarlo— miró a su amigo de mala manera y sin disimulo.

—Maat, esto es tu culpa. Tu mala influencia en el niño está causando la falta de respeto hacia mi persona, debes corregir esto ahora mismo.

El pobre Maat deseaba unas vacaciones, si no eran las responsabilidades de ser el líder de la manada, eran las responsabilidades que tenía con Kilian y lastimosamente, su querido y sensible padrino, Esteban.

Fregando sus ojos, rojos de cansancio, y suspirando pesadamente, contestó:

—Esteban, tienes razón. Kilian, pequeño; acércate por favor.

Kilian, obediente a los ojos de Maat, se acercó con sus oscuros y grandes ojos, llenos de intriga por lo que le diría su tutor.



Pri Iglesias

Editado: 11.01.2021

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